Capítulo 2 La potencia política de lo cercano

UN CUERPO DE MEMORIAS VIVAS | Capítulo 2

La potencia política de lo cercano

Hacia una literatura del amor, el cuidado y el deseo

*Este texto, literario, está inspirado en la charla Utopía de lo cercano / Exploración de las escrituras que imaginan otros mundos a partir del amor, el cuidado y el deseo. Hizo parte de la 19 Fiesta del Libro y la Cultura. El evento se realizó el sábado 13 de septiembre de 2025, a las 3:00 pm, en el Teatro Explora en Medellín. Conversaron la poeta Begoña Ugalde (Cl) y el poeta Carlos Andrés Jaramillo (Col).

Capítulo 2 de 10 del texto Un cuerpo de memorias vivas. Memorias de la 19.ª Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

La producción literaria contemporánea está dominada por narrativas que reflejan estructuras de un mundo neoliberal: relatos anclados en el conflicto, la conquista, el egoísmo y la lógica implacable del capital. Estas historias refuerzan una visión del mundo que nos amenaza y nos aísla. Sin embargo, frente a este panorama, emergen otras realidades. Como anota la poeta Begoña Ugalde Pascual, existe la sensación de que el presente está bonito, de que las personas se quieren relacionar desde lugares luminosos. Quizás, entonces, articular una visión alternativa no es solo un ejercicio estético de oposición, sino una necesidad estratégica para afirmar y expandir los espacios de ternura que ya existen. Lejos de ser meros temas privados o sentimentales, el amor, el cuidado y el deseo pueden funcionar como principios rectores para una nueva producción literaria con inmensa potencia política: una escritura que se aleje de la épica de la conquista y se adentre en la fuerza de lo cotidiano, lo colaborativo y lo afectivo. 

Ugalde propone un mundo alternativo que no se proyecta en un futuro lejano, sino que se teje activamente en el presente a través de gestos simples y transformadores. El cuidado se redefine no como un acto doméstico o privado, sino como una práctica con profunda relevancia política y estética. Su ensalzamiento se opone directamente a la “cultura de la guerra y a los “sistemas brutales que amenazan con insistencia nuestra realidad. El cuidado emerge como una forma de resistencia que sostiene la vida frente a las lógicas de la destrucción. 

La afirmación “Los cuidados nos hacen libres”, inscrita en un afiche que Ugalde menciona, encapsula una paradoja fundamental. A primera vista, el acto de cuidar, a sus hijos, por ejemplo, puede sentirse como una limitación; sin embargo, ella resuelve esta contradicción al entender que la libertad no es una independencia absoluta, sino el resultado de una red de apoyo mutuo. Su posibilidad, y capacidad, para viajar a Medellín, por ejemplo, es posible porque su gata y sus hijos están siendo cuidados por otros. 

La libertad individual no surge del aislamiento, sino de la interdependencia y la confianza colectiva. Ugalde cita La teoría de la bolsa de la ficción de Ursula K. Le Guin. Afirma que esta teoría desafía la narrativa tradicional del tiempo como una “flecha” marcada por hitos de conquista y violencia (la caza del mamut, las batallas). Le Guin, y con ella Ugalde, proponen una visión del tiempo como una “bolsa”: un contenedor sostenido por la recolección, lo cotidiano y lo repetitivo. Una literatura del cuidado que no se centra en la espectacularidad de la flecha, sino en la riqueza contenida en la bolsa, validando la monotonía y la contemplación como materia poética y vital.  

Esta lógica se contrapone a las “lógicas capitalistas donde todo tiene un precio”, “que a mí me cuiden a mi gata es algo que no tiene precio”. Se implanta una economía afectiva que subvierte el modelo de la deuda y la transacción. La práctica de “compartir sin esperar nada a cambio” desactiva la preocupación por lo que se debe y abre un espacio para una armonía en donde las cosas “empiezan a calzar”. Esta red de cuidados, al operar fuera de la lógica del capital,  reconfigura la manera en que entendemos y practicamos nuestras relaciones, abriendo paso a una exploración profunda del deseo. 

“Emancipar el deseo se presenta como una acción estratégica en la creación literaria. La forma en que nuestras sociedades moldean, socializan y jerarquizan el deseo tiene diversas implicaciones políticas. La literatura puede y debe ser un campo de experimentación para desaprender las estructuras tradicionales y explorar nuevas formas de relación que no estén predeterminadas por el dolor o la posesión. Ugalde articula una crítica directa a la jerarquía de las relaciones como supuesto implícito de que ciertos vínculos (la pareja, la familia nuclear) son “más importantes que otros. Para ella, las relaciones de amistad han sido fundamentales, desempeñando roles de apoyo y hermandad que desafían las categorías. Este reconocimiento del poder de la amistad es un acto político que valida formas de afecto a menudo relegadas a un segundo plano. 

A partir de esta crítica, Ugalde propone el concepto del “deseo disperso”. Sostiene que “no tiene nada de malo desear a más de una persona” y que esta multiplicidad puede ser armónica, aunque requiera una generosidad que “como especie nos cuesta”. Esta visión se contrapone directamente a las narrativas dominantes en la literatura y la música, donde el amor está “muy cruzado por el dolor, por la decepción, por el engaño”. Imaginar un deseo expansivo y no posesivo es, en sí mismo, un acto creativo y de subversión. 

Sin embargo, esta propuesta no es una fórmula dogmática. Ugalde incorpora una advertencia de la escritora Gabriela Wiener, quien le confesó que el poliamor puede ser “una estafa igual que todo lo demás”. Este contrapunto es vital: el objetivo no es reemplazar un modelo rígido por otro, sino abrazar un llamado a la “investigación”. La literatura se convierte así en el laboratorio ideal para plantear estas preguntas, para explorar las complejidades, contradicciones y posibilidades de nuevas formas de deseo y relación, sin ofrecer respuestas fáciles. 

Estos principios teóricos del cuidado y el deseo no son solo abstracciones; se materializan y cobran vida de manera concreta en la obra de Ugalde. Sus poemas son artefactos estéticos que, por un lado, articulan una crítica aguda a las estructuras dominantes y, por otro, construyen y defienden activamente los espacios de intimidad, afecto y cuidado como trincheras políticas. 

En su poema inédito Pactos de libre comercio, Ugalde establece un diagnóstico crudo del extractivismo neoliberal que define el Chile contemporáneo. Se firmaron contratos de hambre, nuevos pactos de libre comercio. Se privatizó a puertas cerradas la semilla, el aire, el mineral precioso en bruto (…) Se quieren llevar todo, mi amor. Se quieren llevar todo a un lugar donde ya tienen todo. 

Esta crítica directa a un sistema que busca mercantilizarlo todo, desde los recursos naturales hasta la energía del sol, establece el panorama de la amenaza. Aun así el poema no se queda en la denuncia. Su fuerza reside en la respuesta que propone un repliegue hacia la intimidad como acto de resistencia: Pero nosotras podemos acabar juntas los días hábiles o festivos, (…) volver a abrazarnos fuerte, fuerte, defender a morir nuestra quietud, defender nuestra oscuridad que aún nos ampara. Aquí, el cuidado mutuo, el abrazo y la defensa de la “quietud se convierten en una estrategia política. Frente a la voracidad del capital, la intimidad compartida emerge como el último refugio que aún no ha sido expropiado. 

El poema “Mis padres no son intelectuales”, por otro lado, es una declaración de principios. Al describir la escena cotidiana de sus padres viendo la televisión, Ugalde rechaza la pretenciosidad y valida una forma de ser y estar que no necesita  intelectualizarse para tener valor poético. Este gesto es la materialización de la teoría de Le Guin: el poema no busca la espectacularidad de la “flecha” (el gran hito intelectual) sino que extrae su potencia de la riqueza contenida en la “bolsa” de la vida compartida y cotidiana. 

Esta defensa de la belleza amenazada se vuelve explícita en “Tigre blanco”. El verso “la belleza es un animal que se extingue” funciona como una tesis sobre la fragilidad del presente. El poema se conecta con la reflexión de Ugalde acerca de la función del arte: “al menos dejar constancia de lo que se está destruyendo, de lo que se está dañando”. Escribir sobre el tigre blanco no es solo un lamento; es cumplir con el rol político del testigo que registra la belleza antes de que desaparezca, una acción que se emprende incluso si parece “sin esperanza”. 

En “Cenizas al mar”, el deseo se manifiesta como un anhelo de aprendizaje. La poeta lamenta la pérdida de las cartas de sus abuelos no por nostalgia, sino por el conocimiento que contenían. El deseo de “absorber / su sabiduría para prolongar un amor” revela una búsqueda por cuidar las relaciones a largo plazo, lejos de los clichés románticos y más cerca de un saber práctico y generacional. 

Finalmente, un poema de su libro Lunares ofrece una síntesis poética de la disolución del ego individual en un nosotros colectivo: No es posible cumplir la misma edad dos veces, pero sí dejar de percibir lo que es de uno o de otra, dónde terminan nuestras manos. Este verso es la manifestación lírica de la interdependencia. Describe el momento en que el “yo se diluye en el encuentro, en una “ofrenda que se habita “como un refugio. Es la culminación poética de una visión del mundo donde el vínculo y el cuidado priman sobre el individuo, la expresión última de cómo “los cuidados nos hacen libres al permitirnos trascender el yo para construir un nosotros. La poesía de Begoña Ugalde no solo ilustra una teoría, sino que sirve como modelo para una estrategia literaria más amplia, consciente y políticamente potente. 

La potencia política de la literatura no reside únicamente en las grandes denuncias o en las narrativas épicas. Reside, con igual o mayor fuerza, en la defensa de la “quietud, en la protección de “nuestra oscuridad que aún nos ampara y en la celebración de la belleza frágil de un presente compartido. Es un acto de tejer, verso a verso y relato a relato, la “utopía de lo cercano. Una manera de insistir, contra toda evidencia desalentadora, en que, a pesar de todo, (…) también hay otras cosas sucediendo. 

Una literatura fundada en el cuidado, el amor y un deseo emancipado no es una fantasía escapista ni un proyecto para un futuro lejano. Es, por el contrario, un proyecto estratégico, necesario, anclado en el presente. Es una forma de construir activamente el mundo que deseamos habitar. 

Juan David Jaramillo Londoño