Capítulo 9 Crónicas de un mundo posible

UN CUERPO DE MEMORIAS VIVAS | Capítulo 9

Crónicas de un mundo posible

Ficciones y no ficciones para imaginar otras realidades

*Este texto, literario, está inspirado en la charla Crónicas de un mundo posible/ Ficciones y no ficciones para imaginar otras realidades: desde las librerías hasta los límites de la Inteligencia Artificial. Hizo parte de la 19ª Fiesta del Libro y la Cultura. El evento se realizó el viernes 19 de septiembre de 2025, a las 7:00 pm, en el Auditorio del Planetario de Medellín. Conversaron los escritores Jorge Carrión (Es) y Daniel Bravo (Col).

Capítulo 9 de 10 del texto Un cuerpo de memorias vivas. Memorias de la 19.ª Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

La irrupción de la inteligencia artificial generativa ha dejado de ser una especulación futurista para convertirse en una fuerza tangible que reconfigura los cimientos de la creación, la distribución y el consumo cultural. El escritor y analista cultural Jorge Carrión ha denominado este momento como “la hora de las inteligencias no humanas”. La emergencia de la IA coincide con una expansión de nuestra conciencia sobre otras inteligencias: las de las plantas, los hongos y el resto de los animales. Por primera vez en la historia nos enfrentamos a una redefinición de lo que significa pensar, obligándonos a analizar este fenómeno no como una amenaza monolítica sino como un complejo campo de fuerzas que presenta tanto desafíos existenciales como oportunidades transformadoras. Que exige, además, una adaptación proactiva y reflexiva.

La proliferación de contenido sintético y la descontextualización digital están provocando una revalorización de los espacios, objetos y procesos humanos que definen la cultura, reforzando el valor estratégico de aquello que la tecnología no puede replicar: la confianza, el contexto y la conexión. Los espacios físicos como las librerías y las bibliotecas adquieren una nueva relevancia estratégica. Su función tradicional evoluciona, pasando de ser puntos de acceso a la información a convertirse en bastiones de confianza, contexto y verificación. En la era de los bots, estos lugares se erigen como ecosistemas curados por y para humanos, ofreciendo un contrapunto necesario a la fragmentación y la desinformación del entorno virtual.

El significado de una librería ha cambiado radicalmente en los últimos años. Más allá de su función comercial, se ha transformado en un espacio de garantía. Como afirma Jorge Carrión, en estos lugares “toda la información que encuentras ha sido verificada, editada por humanos”. Esta cualidad, antes implícita, es hoy su principal activo estratégico. La función de verificación contrasta con el entorno de internet, donde una porción creciente de la información es generada por bots, lo que crea incertidumbre sobre su veracidad y origen. La librería y la biblioteca se consolidan nodos de confianza en una red global cubierta de sospecha, ofreciendo al ciudadano un refugio donde la ficción está claramente identificada y la no ficción ha pasado por rigurosos filtros de validación humana.

Plataformas como Amazon han impuesto un modelo de consumo basado en la descontextualización radical. En sus almacenes robotizados y en sus interfaces digitales, los libros son tratados como una mercancía más, situados junto a “batidoras” o “zapatos”. Este proceso, si bien eficiente desde una perspectiva logística, erosiona el valor simbólico y relacional del libro. Esta pérdida es significativa. Como explica Carrión, se pierde la “memoria sentimental de la compra” (el recuerdo del lugar y el momento en que se adquirió un libro) y se debilita la construcción de una biblioteca personal, que funciona como un “espejo que te refleja” y una memoria externa. Las librerías, por el contrario, preservan la “narrativa” y las “conexiones” que el entorno digital fragmenta. Un libro en una estantería física se relaciona con sus vecinos, creando un tejido de afinidades y diálogos que enriquece su significado.

A pesar de su renovado valor, existe el desafío de que las librerías sean percibidas como espacios “intimidantes” para ciertos públicos que pueden sentirse ajenos a sus códigos culturales. La oportunidad estratégica reside en un esfuerzo por “normalizar” estos lugares, convirtiéndolos en una parte accesible del “paisaje de la democracia”. Para lograrlo, es fundamental implementar acciones que desacralicen el libro y el espacio que lo alberga. Iniciativas como las visitas escolares organizadas a librerías son cruciales. Asimismo, la presencia de libros en lugares de consumo masivo, como los supermercados, ayuda a integrar la lectura en la vida cotidiana. El propio Carrión recuerda cómo, siendo niño de padres no lectores, descubrió los libros en la sección de un supermercado “Carrefour” mientras su familia hacía la compra semanal. Esta anécdota ilustra una estrategia poderosa: posicionar la lectura como una actividad normal y no como un rito exclusivo para iniciados.

La resiliencia de estos espacios físicos, las librerías, está íntimamente ligada a la del objeto que los define y les da sentido: el libro impreso. La sorprendente durabilidad del libro físico como tecnología es una de sus características más notables. Ha demostrado “resistencia” a disrupciones, como la llegada del e-book, que muchos vaticinaron como su fin. Esta capacidad de pervivencia, basada en una experiencia de usuario óptima (no requiere carga, es portátil y no sufre reflejos), lo posiciona de manera única frente a la avalancha de contenido generado por inteligencia artificial que amenaza con inundar los canales digitales.

El carácter conservador del mundo editorial, visto como un freno a la innovación, se revela en este contexto como un mecanismo de defensa. El hecho de que sea “difícil entrar, difícil publicar” en el circuito editorial tradicional ha actuado como un filtro de calidad y curaduría que, hasta ahora, ha impedido que “la IA no haya podido invadir” el formato impreso de manera significativa. Esta lentitud intrínseca, si bien presenta desafíos para la agilidad del sector, funciona como un sistema de protección que garantiza la intervención y validación humana en cada obra publicada en papel. El riesgo existencial no se encuentra tanto en el libro físico como en los ecosistemas digitales abiertos. El fenómeno de los millones de libros escritos con IA en Amazon, que Carrión califica de “estafas”, ilustra perfectamente la amenaza de una devaluación masiva. El modelo es simple y devastador: personas que “escriben” un libro en diez minutos con ChatGPT sobre temas como “Hazte millonario con Bitcoin”, lo convierten en un PDF, lo suben a Amazon y pueden llegar a vender miles de copias. Esta práctica, que Carrión define como una “doble estafa”, erosiona la confianza del lector y el valor del trabajo autoral genuino, amenazando con convertir vastas secciones de los catálogos digitales en un vertedero de contenido sintético y de baja calidad.

De la dicotomía entre el ecosistema editorial tradicional y las plataformas digitales abiertas surge una clara oportunidad estratégica. El libro impreso, curado y editado por profesionales humanos, puede y debe ser posicionado como un objeto de prestigio, confianza y autenticidad. En un futuro cercano, el simple hecho de que un libro exista en formato físico podría ser, en sí mismo, una garantía de que ha sido sometido a un proceso significativo de intervención, validación y cuidado humano. Este “sello de calidad” implícito se convierte en uno de los activos más valiosos de la industria editorial en la era de la IA. La revalorización del objeto libro nos lleva a reflexionar sobre el papel del creador y las nuevas dinámicas del proceso creativo.

El momento actual se caracteriza por la experimentación y la exploración de nuevas formas de colaboración entre la inteligencia humana y la no humana. Comprender este potencial es clave para descubrir y desarrollar formas de expresión artística inéditas y expandir los límites de la imaginación. La experiencia de Jorge Carrión al coescribir el libro Los campos electromagnéticos sirve como un caso de estudio práctico de este nuevo paradigma. Para este proyecto, Carrión entrenó al modelo GPT-2 para que escribiera como él, creando un bot al que llamó “Jorge Carrión Espejo”. Este colaborador digital se encargó de reinterpretar Los campos magnéticos, su poemario, y el resultado demostró cómo la IA puede trascender el rol de un simple asistente para convertirse en un colaborador activo. En su interacción, Carrión se encontró con resultados inesperados y “surrealistas” que llevaron la obra en direcciones imprevistas, evidenciando un potencial para la coautoría genuina entre humano y máquina.

La experimentación con IA también subraya una conclusión fundamental: la calidad del resultado final sigue dependiendo de la pericia humana. La creación de obras de valor, como el libro Hipnocracia, es el resultado de la colaboración de la IA con “un humano muy bueno que sabe hacer los prompts y que sabe corregir, editar y convertir eso en un libro”. Aquí se revela la dicotomía central de esta nueva era: el enorme potencial para una colaboración sofisticada que eleva el arte, en contraste directo con la amenaza de la producción masiva de “estafas” de baja calidad que devalúan el contenido en plataformas abiertas. En este nuevo paradigma, las habilidades humanas de visión artística, pensamiento crítico y edición no desaparecen, sino que se vuelven más cruciales que nunca.

El potencial de la IA podría residir en su capacidad para catalizar formas de arte que hoy ni siquiera podemos imaginar. En su novela Membrana, Carrión especula con la existencia de formatos artísticos futuros como la “atmósfera”, un concepto que describe una de nube inmersiva que genera experiencias en quien la atraviesa. Este tipo de especulación ilustra cómo la IA puede ser un vehículo para expandir la imaginación humana más allá de los formatos narrativos y artísticos conocidos. La colaboración con estas herramientas podría transformar las artes existentes y dar a luz a disciplinas completamente nuevas. La exploración de la creación individual nos obliga a elevar la mirada y considerar la responsabilidad colectiva del sector para imaginar y construir el futuro de la cultura.

La irrupción de la inteligencia artificial no es un evento que el sector cultural pueda observar desde la distancia; es un imperativo para la acción. La pasividad es una receta para la irrelevancia. El futuro no dependerá de cómo evolucione la tecnología, sino de las decisiones estratégicas, valientes y deliberadas que los líderes, creadores e instituciones tomen hoy. Para navegar esta transición y asegurar un futuro próspero y relevante, se deben asumir algunos imperativos como principios no negociables:

  • Defender y reinventar los espacios físicos: promover activamente librerías y bibliotecas no solo como puntos de venta o préstamo, sino como centros comunitarios de conocimiento verificado, contexto y conexión humana. La estrategia debe incluir su democratización activa para hacerlos espacios inclusivos y accesibles para todos los ciudadanos, independientemente de su bagaje cultural.
  • Posicionar la curaduría humana como gran valor: en un mundo de contenido infinito y sintético, la selección, edición y recomendación realizada por expertos humanos se convierte en el principal diferenciador de calidad y confianza. Las editoriales, librerías y demás instituciones culturales deben comunicar activamente este valor añadido, posicionándolo como un servicio indispensable en la era de la sobreabundancia de información.
  • Fomentar la alfabetización y experimentación crítica con la IA: en lugar de adoptar posturas de prohibición o miedo, el sector debe liderar la formación de creadores y profesionales en el uso ético, crítico y creativo de las nuevas herramientas. Esto implica entender en profundidad tanto sus limitaciones (tendencia a la alucinación, falta de originalidad real, sesgos) como su enorme potencial como colaborador creativo.
  • Construir narrativas utópicas y colaborativas: asumir la responsabilidad ética de imaginar y crear futuros positivos. Esta no es una mera recomendación intelectual, sino una necesidad moral. Como relata Carrión, la culpa sentida tras escribir la distopía Membrana y pensar en el mundo que heredarían sus hijos lo impulsó a crear una “compensación simbólica” utópica. El sector debe contrarrestar la hegemonía de las narrativas distópicas, que pueden convertirse en profecías autocumplidas. Inspirándose en el concepto de “microutopías” (espacios como una Fiesta del Libro en un jardín o proyectos colaborativos como Wikipedia), se deben impulsar iniciativas que demuestren una simbiosis constructiva entre humanos y tecnología.
  • Abrazar un modelo de convivencia equilibrada: Reconocer que el futuro no es una sustitución completa de lo analógico por lo digital, sino una “convivencia” y un “equilibrio”. La estrategia a largo plazo no debe ser elegir un bando, sino articular de manera inteligente esta coexistencia, diseñando modelos y experiencias que permitan que los mundos físico y virtual se refuercen y enriquezcan mutuamente. Como señala Carrión, los niños de hoy “leen y juegan a videojuegos”, demostrando que ambas experiencias no solo son compatibles, sino mutuamente enriquecedoras. La clave no es elegir un bando, sino saber integrar lo mejor de ambos mundos.
Juan David Jaramillo Londoño