Una expedición por el cerro El Volador

Por admin en Agosto 20, 2019 , No hay comentarios

El Volador ha albergado historias reales e imaginarias. Y en este lugar mágico y natural se lanzará, el 21 de agosto, la 13.ª Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

Por: Alejandra Monterroza

“La vida no es un sueño, es un viaje: un viaje a pie. Y para viajar hay que estar despierto, ¿no?”. Gonzalo Arango.

Pasar del ruido de los carros al sonido de un grillo o al que deja a su paso el ave batará carcajada, es más fácil cuando existen lugares como el cerro El Volador, el parque natural más grande en el área urbana de Medellín, declarado en 1992 como patrimonio histórico y natural de la Nación.

Tiene un área de 107,13 hectáreas, se encuentra a 1.620 metros sobre el nivel del mar y es uno de los siete cerros tutelares que sobresalen en el paisaje del Valle. Según el libro Los Aburraes: tras los rastros de nuestros ancestros, el cerro fue un sitio sagrado para los indígenas durante la época prehispánica debido a su proximidad con los dioses, a su cercanía con el cielo y a la vista panorámica privilegiada. El Volador era un referente de orientación y cruce de caminos, y servía, por ejemplo, como guía a los viajeros del trayecto entre Amagá y Niquía.

Caminar por los diferentes senderos que tiene el cerro es asomarse a una ventana que lleva al pasado. El Volador es magia, es historia. Hay árboles desde donde se mire: altos, frondosos, con flores, húmedos, secos, que bailan al son del viento. También hay mariposas, muchas y de todos los colores. El Volador es la vida manifestándose ante los ojos.

Recorrerlo es descubrir que allí están, a la mano, más de 100 hectáreas para respirar un aire más puro; para saludar al ciclista que pedalea fuerte en su camino hacia la cima, al atleta que corre o a la familia que camina; para encontrarse con amigos, para contemplar la ciudad y señalar puntos de referencia; para tener un encuentro íntimo con las letras, los libros, la imaginación y las historias. Estar en el cerro es redescubrir a Medellín desde las alturas y soñar con nuevas expediciones.

Estar en él es encontrarse con reflexiones, es toparse con el sol y con la sombra, es dejarse abrazar por las imponentes ramas de los árboles y sus hojas que brindan frescura. Significa, también, olvidarse por un rato de la vida que se ha dejado abajo, porque lo que se pisa no es una tierra cualquiera, es una con tradición, con las huellas de quienes la habitaron en tiempos pasados.

El libro sobre los Aburraes también registra las investigaciones arqueológicas realizadas en El Volador entre 1990 y 1991. En el cerro se encontraron 10 tumbas, 9 de ellas intervenidas por guaquería, así como restos de huesos y fragmentos de loza europea, que permitieron comprobar que allí hubo un cementerio de indígenas, los primeros pobladores del Valle de Aburrá en la época de la conquista española. Después de estas investigaciones, el cerro se convirtió en el primer Parque Natural Regional Metropolitano declarado en el país. Un parque dentro de la ciudad, en la Comuna 7, a unos 20 minutos de trayecto vehicular desde el centro de Medellín.

Las sorpresas que guarda

En el camino a la cima hay una pequeña tienda, algunas sillas y mesas. Los comensales pueden elegir entre piña picada, sandía, salpicón con helado, jugo natural de naranja, galletas y otros dulces. Allí está María Teresa Valderrama, una mujer joven, morena, de sonrisa amplia. Cuando habla del cerro, parece que se refiere a su hogar, es una enamorada de él. Lleva 31 años recorriéndolo junto con su hermana menor y su mamá, la dueña de la tienda. Abren a las 6 de la mañana y cierran a las 6 de la tarde, cuando el ritual de descenso ocurre con los últimos visitantes, “aquí la gente viene en plan de deporte, de tranquilidad, huyéndole al ruido. Este lugar es muy amañador”.

El cerro guarda cada sorpresa: tiene andenes llenos de flores, como si no fuera suficiente con la vista; tiene avisos sobre los animales silvestres en la vía que alertan al lector sobre su presencia y conservación: “Déjalos cruzar”, dice uno, acompañado de la figura de una ardilla; mensajes pedagógicos sobre las abejas y la importancia de conocer su proceso; un vivero pedagógico con todo lo necesario para recibir a estudiantes y al público en general que quiera aprender sobre procesos de siembra.

En uno de los miradores reposan Adriana Monsalve y su mamá. Para Adriana, este lugar significa mucho. “Vivo fascinada con la naturaleza. Tener dentro de la zona urbana un espacio tan natural, es demasiado importante. Sí, El Volador lo saca a uno de la rutina y del mismo estrés de la ciudad”.

Sus jardines y árboles brindan oxígeno, regulan el clima y protegen la vida silvestre. El Volador es un refugio para diversas especies de animales y plantas. De acuerdo con datos del Área Metropolitana, entre las 106 especies de aves registradas se destacan el petirrojo, el sirirí común y el rayado, la golondrina, el azulejo común, el bichofué, el canario, el azulejo palmero y el carpintero común. También se encuentran 76 especies de mariposas, 10 fuentes hidrográficas, 9 tipos de cobertura de suelo y alrededor de 48 especies de árboles, entre los cuales están el tulipán africano, el pino, el guayacán amarillo y el rosado.

Natalia Ruiz, ingeniera ambiental experta en aves y biodiversidad, comenta que el cerro El Volador es un sitio propicio y privilegiado para contemplar las aves, una especie de lugar para “el despertar de la consciencia del ser humano ante la naturaleza que lo rodea”. Según ella, de todas las especies de aves reportadas y certificadas en el cerro, unas 30 son migratorias.

Inclusive, no hace mucho, algunos medios publicaron una noticia esperanzadora: después de 15 años de no tener registro alguno en la ciudad de una especie de colibrí, el colibrí rubí topacio, se supo que regresó a Medellín y fue visto, precisamente, en este territorio. Un caso similar ocurrió con una familia de zorros plateados.

¿Qué es lo que lleva a recorrer el cerro? Algunos dirán que el instinto; otros, que es la curiosidad o el deseo de poder encontrarse a sí mismos o con otros; unos más que el paisaje que invita a observar una ciudad en 360 grados. El Volador, tal como ocurría en los siglos pasados, es una puerta abierta que inspira a emprender nuevos caminos, a sentir cada paso, a levantar la cabeza, a mirar hacia un cielo adornado de aves.

Subir al cerro es estar en la ciudad y, a la vez, fuera de ella. Es sentirse explorador por caminos que cuentan historias reales e imaginarias. Allí todos los días hay vida, en cada objeto, en cada planta, en cada persona. Allí todos somos expedicionarios.

Lanzamiento de la 13.ª Fiesta del Libro y la Cultura

El cerro El Volador será el escenario perfecto para el lanzamiento de la 13.ª Fiesta del Libro y la Cultura. La cita será este miércoles 21 de agosto, a las 10 de la mañana, en medio de su naturaleza y de una vista imponente. En este encuentro se anunciarán las novedades de este Evento del Libro que se realizará del 6 al 15 de septiembre en la Zona Norte de Medellín y se conocerá el nombre del ganador del IV Premio León de Greiff al Mérito Literario.

Comparte esta noticia:
adminUna expedición por el cerro El Volador