Lucía Donadío y sus pequeños lectores

Por admin en Octubre 16, 2019 , No hay comentarios

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Por Juan Carlos Cano Toro

“Estos cuentos los escribí para personas de otra edad, gente que ya pasó por su infancia, los escribí como un medio para que el lector vuelva en su memoria a esa etapa de su vida. No sé cómo los recibieron los niños que aún viven en esa época”, relató Lucía Donadío mientras recorríamos Buenos Aires en auto. Aunque ya había vivido la experiencia de Adopta a un Autor, esta era la primera vez que niños de primaria adoptaban, leían y releían sus obras.

Lucía es antropóloga de la Universidad de los Andes. Tiene un diplomado en Literatura del Siglo XX. Escribe poesía y prosa, y es la directora de Sílaba Editores.

Llegamos a la Institución Educativa Arzobispo Tulio Botero Salazar. Los encargados de su visita la llevaron hasta la biblioteca a esperar que los niños estuviesen listos para recibirla. En la entrada, justo en la mitad de una columna, había una enorme cartelera adornada con dibujos sobre sus cuentos, fotografías y una frase en el centro con las palabras “Lucía nos envuelve en sus relatos”.

Mientras esperaba en la biblioteca, filas de niños caminaban hacia el auditorio. De vez en cuando uno de los pequeños miraba hacia la biblioteca y notaba la presencia de la escritora. De inmediato rompía filas y gritaba emocionado ¡Lucía! ¡Lucía! Con dificultad, los profesores lograban contenerlos antes de que llegaran a la biblioteca, otros, con más astucia que altura, conseguían burlar a los adultos y conocer anticipadamente a la invitada. Una de ellas se llamaba Paula, una pequeña de 11 años que, según la bibliotecaria, era una devota lectora de los cuentos de Lucía. Cuando llegó el momento de saludarla, se quedó muda y miraba a la autora como quien observa a una celebridad que creyó nunca conocer.

En el auditorio, decorado por decenas de ilustraciones, Lucía fue recibida por las hadas de las palabras, un grupo de profesoras y alumnas de primaria que, disfrazadas de hadas, acompañaron a Lucía entre aplausos y gritos hasta la primera fila del auditorio. Allí se encontró con un grupo de estudiantes que le dieron la bienvenida mientras recitaban algunos poemas de su libro Los ojos que me nombran.

Después de un pequeño recital de poesía, llegó la música de manos de Gilberto Quintero, una vieja gloria de la música que tocaba en una banda ya extinta llamada Los graduados. El auditorio se convirtió en una fiesta tomada por los alumnos, quienes coreaban junto a Lucía la letra de la canción Piel Canela. “Antes de venir me llamaron y me preguntaron qué música me gustaba, pero no mencionaron que era para traer música en vivo”, dijo Lucía en medio de risas.

Una vez terminada la intervención musical del saxofonista, proyectaron el cuento Grito, llevado al teatro por los estudiantes de la institución, y un video con fragmentos de diversos estudiantes y profesores leyendo Abecedario de infancia, una colección de cuentos de la escritora de hace más de 12 años, publicado por Sílaba Editores.

Una vez terminaron los videos, Lucía se paró y se sentó en un borde de la tarima del auditorio justo frente a los estudiantes, y los invitó a que se acercaran a hacerle preguntas. Todos corrieron a hacer fila. En un principio fue una masa caótica: todos corrían y se empujaban, pero después de un rato, los profesores lograron ordenar una fila para no ahogar a Lucía. Llovieron preguntas de toda índole. Los estudiantes querían conocer sus motivaciones para escribir aquellos cuentos que ahora estaban en las estanterías de los pequeños. Qué le gustaba hacer además de escribir. Qué se sentía ser un escritor.

La última en preguntar fue Paula, la niña que minutos atrás se había acercado en la biblioteca. “¿Si usted fuese un libro, qué libro sería?”, preguntó con voz dudosa. Lucía lo pensó un poco y respondió en un tono dulce y comprensivo “Si yo fuese un libro… sería un libro que hable sobre el mar”.

Al terminar las preguntas, Lucía habló sobre sus libros, sobre cómo hace 12 años las letras llegaron de a poco, en las madrugadas, para convertirse luego en Alfabeto de infancia. Leyó varios de sus poemas, algunos pedidos directamente por los estudiantes. Habló sobre su libro Cambio de puesto y sobre la experiencia que fue superar la muerte de un ser querido a través de la escritura.

Después, un pequeño se le acercó con una hoja de papel y un lápiz, y le pidió su firma en esa hoja para tenerla de recuerdo. Segundos después se formó una fila de niños ansiosos por tener la firma de Lucía en sus cuadernos. “Fue muy bonito, nunca me había pasado que en los colegios me pidieran firmarles lo que ellos mismos escribieron. Incluso el primer niño que se me acercó me pidió dos firmas, una para él y otra para la mamá”, contó conmovida.

Al final de la jornada, entre lecturas y abrazos, todos sentimos que el tiempo no había alcanzado. “Me habría gustado acercarme más a ellos, que vieran que un escritor no es un ser que está en lo alto y que es inalcanzable. Pero no alcanzó, en estos casos siempre falta tiempo” dijo Lucía Donadío mientras dejábamos atrás la institución.

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Juan Carlos Cano Toro: estudiante de Periodismo, Universidad de Antioquia.

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