Los niños traen al mundo verdades cargadas de poesía y tenemos que escucharlos

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Entrevista a Javier Naranjo sobre su libro Casa de las estrellas: El universo contado por los niños

“Infancia viene del Latín infans: el que no habla. Los niños que hablaron aquí no sabían esa definición. A cada uno de ellos mi gratitud”. Naranjo.

“Este trabajo surgió como un juego y quiere entregarse como un juego. En diversos momentos, y a lo largo de varios años, invité a niños de primaria a dar el significado de algunas palabras , a que su propia mirada lo revelara”, expresa Javier en su libro.

Muerte

  • El país.

Jorge Andrés Giraldo, 6 años

  • Es un dolor para mí, porque a mí me da miedo dejar a mi mamá solita; porque allá pelean mucho con cuchillos en mi casa.

Jorge Andrés Zapata, 7 años

  • Es una cosa que no regresa.

Ancízar Arley López, 11 años

 

¿Cómo aquel niño, en su momento llamado Javier Naranjo, tuvo ese primer contacto con las palabras, los libros, la imaginación y la creatividad?

Mi padre, que padeció la violencia en esos años 40 y 50, digamos que fue quien me llevó a la lectura, a pesar de que tuvo muy poco grado de escolaridad; él llegó a tercero de primaria aunque decía que culminó quinto porque le daba pena. A su familia le tocó desplazarse desde un municipio del departamento de Caldas con todos sus integrantes, este proceso interrumpió su educación formal. Yo lo veía leyendo todo el tiempo, metido en los libros y esto me llevó, digamos, a tener esa inmersión en la literatura. Me invitó a entender qué era lo que estaba haciendo y a buscar en los libros un recurso para entender el mundo, y también para comprender al niño que era yo en ese momento. Además, para vivir las aventuras por medio de otros personajes y libros diversos, como Salgari y Julio Verne. Mi padre fue una influencia importante, y años más tarde me dio un carnet de la Biblioteca Pública Piloto.

Felicidad

  • La felicidad es cuando el amor, la paz y las cosas buenas están juntas.

                                Carolina Haayen, 10 años.

¿Qué impacto han tenido las historias y vivencias de estos menores de edad en su trabajo como escritor?

Con el libro Los niños piensan la paz, se desarrolló un trabajo que se realizó en 22 ciudades del país e integró las experiencias de niños muy carentes y de colegios muy pudientes, o sea, de estrato cero a seis por decirlo así. Con la Casa de las estrellas se constituyó como un diccionario donde se encuentran varias definiciones con un poco más de 500 palabras. En algún momento, ya no era este formato de libro sino que se convirtió en la historia de vida de esos niños de la Guajira, Leticia, Quibdó, Buenaventura y esas más de veinte ciudades. Ese trabajo de la Casa de las estrellas es una recopilación con niños que, en este caso, me fue dando pie a algo que ha sido continuar explorando el imaginario y la realidad de los menores de edad colombianos. Este diccionario me entregó las razones de lo que vivían los pequeños, sus historias, dolores, dudas, miedos, y todo esto lo quise seguir buscando en el camino.

“Un adulto es un niño que ha crecido mucho”. Camilo Aramburo, 8 años

¿Personalmente a Javier Naranjo le tocó vivir esa parte dura y difícil de la historia colombiana? 

Yo diría que como todo niño tuve una infancia cargada de contrastes. Es decir, mi padre me regaló los libros, él murió hace varios meses atrás y tenía un poco más de noventa años; era un papá que se había levantado con la idea de la dureza, los golpes y los castigos. Sin embargo, mi infancia estuvo con los libros, con las palabras que él me regaló, además de la audacia por vivir y poder expresarme a través de ese mundo del lenguaje; aunque no faltaron algunos castigos físicos. No tuve una infancia donde hubiera una muerte cercana o violenta o ese tipo de cosas. Mi niñez puede hablar también de dolores, miedos o incertidumbres, algo que es muy común en muchos pequeños, pero la infancia de muchísimas personas ha tenido esos claroscuros. Es decir, se han ido encontrando en el proceso esos dolores y tristezas en los niños y adolescentes cuando tocan ese territorio de infancia que muchas veces no se expresan y que, en este caso, escribir ayuda un poco a poner al frente esos sentimientos. Tampoco diría que la escritura trata de sanar, porque no me considero un sanador, pero creo que la literatura y lo que se escribe nos ayuda a ver esos asuntos que nos han pasado. 

Campesino

  • Un campesino no tiene ni casa, ni plata. Solamente a sus hijos.

Luis Alberto Ortíz, 8 años

  • Los que se visten feo.

Diego Alejandro Giraldo, 8 años

  • Es una persona de la tierra.

Julián David García, 11 años

 

¿Cómo ha sido el trabajo de poner en práctica Casa de las estrellas y qué influencia tiene en los niños, niñas y adolescentes del Centro de Desarrollo Cultural de Moravia?

Esa experiencia inicial de buscar esas vidas infantiles a través de la escritura y conversación con ellos empezó hace muchos años. Esos niños que están en Casa de las estrellas tenían entre 4 a 12 años, ahora son adultos de unos 30 a 40 años, esto es media vida tratando de tener esta conversación. Con Casa de las estrellas fueron 10 años de recopilación del trabajo de muchos años, porque en medio de frases ya dichas, expresiones manidas y en medio de eso, saltaba esa chispa de lo poético, de lo verdadero, de la hondura de la vida de ellos, de esa secreta conexión que creo que los niños tienen todavía con el mundo. Hasta que les decimos cómo hay que entender la realidad, y esa es la labor de la educación, de los profesores, la de los padres con las mejores intenciones para decirles cómo hay que comprender las cosas y cómo se van a apropiar y van a habitar esa realidad. Sin embargo, los niños antes de que incorporen todo ese conocimiento que nosotros les damos, o hasta desconocimiento en algunos casos, me atrevo a decirlo, traen del mundo unas verdades muy profundas cargadas de poesía y que tenemos que escuchar.

También, voluntariamente, olvidamos con nuestra infancia que a veces queremos sepultar algo, sobre todo si fue una infancia de dureza, de dolor, de tristeza. Hay veces de eso ni se quiere hablar, ni queremos volver a ese territorio tal vez que es muy duro para muchos. Pero ser niño es habitar el mundo de una manera muy particular, única, y creo que tenemos que escucharlos. Me he pasado media vida en eso y sé que hay ecos en las experiencias. Bellamente lo digo, porque esos libros no son míos, son recopilaciones. Yo soy sólo un mediador de los libros que han salido por ahí; tanto Los niños piensan la paz como Casa de las estrellas, de hecho hay otro libro en Bolivia que se llama Tu cuento habla mucho, entre otras colecciones más. 

También, entre tantas recopilaciones sobre esta idea, hay otro libro que está hecho de cartas realizadas por adultos del común y que realizan diversas actividades. En este proyecto, ellos simplemente mandan una carta que les hizo amar, o tal vez distanciarse de la lectura, del lenguaje, la escritura y que ahora, de una u otra forma, vuelven a ser niños por medio de las palabras expresadas. En este trabajo, así tenga adultos al frente mío, nunca he dejado de hablarle a esos niños, ellos van a replicar esta experiencia en otras partes como ha sucedido con Casa de las estrellas. Entendiendo que eso es lo que estaban haciendo en Moravia, porque si los escuchamos, ellos nos están diciendo cosas maravillosas. La poesía no es de los poetas, pienso, como decía Octavio Paz, que está en el mundo y está ahí; que el poema es como un caracol donde resuena la armonía del mundo, que es la poesía, y que los niños puedan acceder a ella aunque no tenga recursos del lenguaje vastos ni conocimiento de la tradición literaria. Vuelvo y digo: tenemos que escucharlos por sus dolores, por sus miedos y ver cómo aliviamos la vida de ellos.

Espejo 

  • Reflejo de ver.

Duván Arnulfo Arango, 8 años

  • Es cuando uno ve el mismo rostro.

Weimar Grisales, 9 años

  • En donde me miro la belleza.

Mary Sol Osorio, 9 años

¿Cómo ha sido esa transformación social partiendo de esos niños y niñas de Casa de las estrellas? ¿Qué pueden contar los niños y niñas ante el panorama actual que enfrenta el país?

La recopilación de historias de Casa de las estrellas fue por diez años, donde se estuvo buscando en el pajar del lenguaje esas joyas. Yo soy muy consciente del dolor e incertidumbre que hay en este país, no sólo está la pandemia, sino este brote social, estas reclamaciones justas de equidad y todo lo que hay en el país en este momento. 

Los niños sienten eso, yo ahora sigo conversando con ellos y lo que estamos haciendo, hablo en plural porque mi esposa Orlanda está conmigo. Ella es promotora de lectura y antropóloga, y andamos en ese camino juntos. Lo que estamos haciendo es conversando con niños, adultos y adolescentes, quienes nos están hablando de sus dolores y de sus miedos. Ya hablan de la COVID-19, que los tiene guardados, que los tiene encerrados y hablan de la fortuna que es poder estar en familia en la gran mayoría de los casos, estar más resguardados en el hogar; pero ellos también cuentan su dolor, la incertidumbre y la tristeza que tienen por no poder salir, jugar y de no poder vivir la vida que tenía anteriormente. 

Eso se está viendo ahora de manera impresionante en esas preguntas que les hacemos cuando nos referimos a la tristeza del momento actual. Estamos preguntándole a los niños y a todos por muchas cosas: por su alegría, su aflicción, su dolor y su miedo. También, sobre qué ven en los ojos de los demás, qué creen que ven los demás en sus ojos. Hay una serie de preguntas que estamos esforzándonos por hacer, que traten de halar ese hilito interior de las personas, que traten de hablarnos desde el corazón y que encuentren la inocencia. 

Yo sé que la inocencia de alguna manera en esta sociedad tan pragmática, tan mercantilista, es un sinónimo de ser un tonto para muchos, pero no olvidemos que la inocencia es la limpieza del corazón y esa limpieza no podemos olvidarla, hay que mantenerla. En ese sentido, hermanarnos un poco con ese niño que éramos, adolorido o como esté. Recordemos que inocencia se puede relacionar con cándido, con tonto, con bobo y es una manera muy pobre de ver las cosas. El inocente no es un bobo, está limpio de muchas cosas. Hay algo que quiero agregar a partir de eso de cándido: la etimología habla de un candidato que viene de blanco, los candidatos en Roma se vestían de blanco para evidenciar mediante ese simbolismo su limpieza. Hoy, dudo que algún candidato pueda ponerse una túnica blanca y que le creamos.

“Las palabras son monedas gastadas que los hombres intercambian en silencio”. Mallarmé

¿Cuál es la opinión o percepción que tiene el poeta Javier Naranjo, respecto a la tecnología, los niños y la lectura?

Con respecto a la virtualidad, lo que veo es que, por fortuna, este recurso está en medio de estas circunstancias. Yo he podido dar talleres, charlas y clases con el apoyo de los promotores de lectura en el país. Este recurso tan personal que nos niega lo que la presencia entregaba, sin embargo, nos ha permitido encontrar algo muy particular; si bien antes la presencialidad se tenía al chico, ahora con la virtualidad estamos invitando a que los padres de familia, la tía o la abuela se puedan vincular también al taller, entonces eso es una cosa muy bella y como estamos hablando de emociones y sentimientos, creo que ahora es cuando más debemos hablar de eso en esta época.

Yo considero que tenemos que desatar esos dolores, esas dudas y miedos que padecemos a través de la palabra y del lenguaje. En mi caso, a través de la literatura, invitando a esas personas a que contesten, ¿qué le pasa a esa mamá o abuela? a preguntarse, ¿qué le genera miedo a ellas? y lo converse con su nieto. Por ejemplo, ¿cuál fue su primer recuerdo de amor o de alegría? Y esto puede ayudar a que se converse en familia. Entonces esta parte de la virtualidad me ha parecido muy bella, potente y ha multiplicado los efectos de un taller.

¿Cómo ha sido la transformación de las palabras dentro de su vida y lo que ha podido transmitirle a los demás?

Me pone a pensar varias cosas. Yo escribo poemas, espero que la poesía habite a alguno de esos niños y niñas. Alguien me preguntaba si dentro de esas experiencias y palabras que he recogido entre niños me había tocado o ha influido en la manera en que yo escribo. Al principio, no creía que mucho, porque todavía seguía siendo bastante solemne, un poco serio o ese tipo de cosas en la escritura. Creo que no había incorporado esa frescura que tienen los niños para expresarse y esa carencia de miedo cuando nos liberamos de calificaciones. Ellos gozan de esa fluidez al momento, cuando uno los invita a que se suelten en la escritura, sin regla de ortografía, de puntuación. Yo les propongo que se olviden de todo eso.

Ahora me he podido soltar un poco más y dejo que las palabras fluyan con mayor tranquilidad. Digamos que estoy un poco más suelto en mi propio trabajo y en mi propia escritura, a partir de ver cómo estos chicos se abandonan al flujo de pensamiento, de la imaginación y escriben sin tanta prevención. Espero siempre ser influenciado por esa actitud de los niños cuando los invitamos a que se suelten  y escriban de sí mismos lo que quieran. Algo tan vital como la necesidad de decirnos algo, de entender la realidad y a los demás a través del lenguaje, algo tan poderoso como eso.

Escritura

Es un señor que escribe y que tiene mucha ortografía.         

                                Weimar Grisales, 9 años

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