La transmigración de los cuerpos

Por admin en Septiembre 27, 2018 , No hay comentarios

Sea una ciudad cualquiera y de un país cualquiera, aunque a todas luces sea una ciudad mexicana. Luego una epidemia, un contagio que se expande por las calles de esa ciudad cualquiera. El miedo se calcula gota a gota desde los medios de comunicación y todos quieren salvarse el pellejo, bien guardados entre las cuatro paredes de sus casas. Afuera va la muerte en forma de mosquito. Se le parte la cara al que tosa en la cara del otro. En una gota de baba hay un millón de virus, un millón de posibilidades. Y en ese escenario del fin del mundo: una historia, el verbo. Los Castro y los Fonseca, dos familias enfrentadas, cual Montescos y Capuletos, en un odio que no termina de sanarse y que solo pareciera saldar el mismo odio, se ven envueltas en una situación imposible: cada una, por accidente, termina con el cadáver de uno de los primogénitos de la familia enemiga. El Alfaqueque, protagonista de esta novela, aparece para guardar las buenas formas, aunque para hacerlo tenga que interrumpir su momento glorioso con la mujer que siempre ha deseado: La Tres Veces Rubia, la vecina con la que nunca ha podido intercambiar palabra y ahora, por fin, está intercambiando caricias. Porque esa es su ética: en medio de todo ese mugrero algo de luz tiene que brillar.

El Alfaqueque va, mira, escucha y luego habla. La palabra precisa. El verbo ajustado a las dinámicas del momento, de la situación. Resignifica el discurso y lo usa como una herramienta de poder: Ser humilde y dejar que el otro pensara que las palabras que decía eran las suyas propias.Su trabajo, entonces, es ser el mediador, el que le baja el calibre a los enconos y mal entendidos y deja a todos tranquilos haciéndoles creer que salieron airosos de la afrenta sin que su honor se vea manchado. ¿A quiénes? A los personajes más turbios, los de los bajos fondos, los criminales más curtidos. Con ninguno falla: El verbo es ergonómico, decía, Solo hay que saberlo ajustar con cada persona. Ahora debe mediar el intercambio de cadáveres sin que ya lo malo termine peor. Insiste en respetar a los muertos en un universo en el que la muerte ya se ha normalizado, banalizado y estandarizado. Está dispuesto a cuidar y arrullar esos cuerpos como si fuesen suyos. Por supuesto, la nominación de este personaje no es gratuita. Alfaqueque:conocedor de la lengua arábiga designado en la alta Edad Media para intermediar la liberación de cautivos en los periodos de paz entre cristianos y musulmanes.

Yuri Herrera ha hecho algo parecido con su escritura, aunque con algunas variaciones: va, mira, escucha y luego habla. La palabra precisa. El verbo ajustado. El verbo como una herramienta de resignificación que nombra para volver a mirar, pero de otra manera. Porque así es su mirada: desplazada, dislocada, torcida. Se ubica desde ángulos imprecisos, improbables si se quiere, y cuenta las aristas de las mismas historias que uno ha escuchado ya variadas veces. Hizo una maestría en Creación Literaria en la Universidad de El Paso, Texas, urbe separada de la mexicana Ciudad Juárez solo por el río Bravo. Durante el tiempo que estuvo allí, recorriendo las calles de ese mundo fronterizo, mutable, escuchó y vio lo suficiente para hablar en la trilogía que lo hizo sonar como una promesa y luego como una constatación: Trabajos del reino (2004),Señales que precederán al fin del mundo(2009)y La transmigración de los cuerpos(2013).En cada una de sus novelas los personajes principales usan la labia para vivir y sobrevivir: cantan, llevan mensajes o tranzan las paces. El verbo ajustado a las dinámicas del momento, de la situación. Herrera, en cambio, dice que antes de escribir una novela, antes de organizar su trama, arma un listado de palabras que quiere que aparezcan en la misma. Luego, alrededor de ese listado, construye la historia y lo demás se va dando. Hace el camino inverso: el lenguaje no como un vehículo que se acomoda a las necesidades de la historia, sino como la fuente de la misma historia. Es decir, hay una génesis de mundo.

Efectivamente, en esta historia con visos de ciencia ficción y novela negra, Yuri Herrera vuelve a crear un mundo tal como lo hizo en sus dos trabajos anteriores. En el fondo, como toda buena obra que linda estos géneros, esta es una novela realista, solo que hecha con un realismo distorsionado, brumoso. Un realismo al borde de otra cosa, de otro mundo. Un mundo que es el nuestro y que al mismo tiempo no lo es. Las cosas contadas como si fuesen una fábula, un mito o una tragedia shakesperiana. Y es tal la delicadeza de Herrera y el cuidado con el que trata el lenguaje, que en sus páginas pueden resonar palabras cultas, palabras burdas y palabras inventadas como si siempre hubiesen estado hechas para sonar al mismo tiempo. Fluyen como si nunca hubiesen estado lejos la una de la otra. Pura poesía. Así, Yuri Herrera narra mundos espantosos con una potente belleza. Pareciera que, al igual que el Alfaqueque, cree que en medio de todo ese mugrero algo de luz tiene que brillar. ¿Cómo?, repito: volviéndolo a nombrar. El autor dijo en una entrevista: Creo que quien escribe literatura está permanentemente rehaciendo la lengua. También está rehaciendo el mundo. Esta es su forma de comprenderlo.

En la 12.ª  edición de la Fiesta del Libro y la Cultura, tuvimos el privilegio de conocerlo y hablar con él sobre su obra, también sobre El poder de la lengua. Palabras que nacen en la marginalidad de la calle.

 

¿Quién te invita a conocer a este autor y a leer su obra?

Cristian Romero

Estudió comunicación audiovisual y multimedial en la Universidad de Antioquia. En el 2015 ganó la Beca de Creación de la Alcaldía de Medellín en la categoría libro de cuentos – autor revelación. En el 2016 publicaría el libro escrito gracias a esa beca: Ahora solo queda la ciudad(Hilo de plata editores). Ha publicado cuentos en la Revista de la Universidad de Antioquia, es uno de los escritores seleccionados por el Hay Festival Imagina el Mundo en la segunda generación de #Bogotá39, es decir: uno de los 39 mejores escritores menores de 40 años de habla hispana. Hace poco publicó la novela Después de la ira, (Alfaguara). Actualmente es gestor de lectura y escritura de la Biblioteca Pública de El Poblado.

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