Eventos

Eventos del libro

Proyectos especiales

Ciudad Libro

Fomento a LEO

Salones

“En ese 2020 llegó de nuevo la literatura a salvarnos”: Álex Jiménez, escritor y músico antioqueño

Fecha:

AUTOR:

Compartir

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn

Conversamos con el ganador de un Estímulo para el Arte y la Cultura en Literatura, en la categoría Premio a Libro de Cuentos Inédito 2020, Álex Jiménez. Nos habló de su vida, sus obras, experiencias personales y profesionales, y el impacto que ha tenido la música dentro de sus textos literarios. 

En el ecosistema literario de Medellín, son cada vez más los escritores de las nuevas generaciones que vienen consolidando su cercanía con los lectores nacionales e internacionales. Uno de esos talentos antioqueños que sigue abriendo su camino en el mundo de las letras y palabras, es Álex Jiménez quien nació en Medellín en 1983. Desde ese momento, gran parte de su vida se ha concentrado en el barrio Santa Rosa de Lima en la Comuna 13, allí muy cerca de esa zona se encuentra la I. E. República de Panamá, donde Álex Jiménez realizó sus estudios de primaria y bachillerato.  

Al recordar parte de su biografía, el novelista paisa nos explicó que empezó a estudiar Ciencias Naturales en la Universidad de Antioquia, pero luego de un tiempo decidió dejar la carrera, ya que en su mente tenía otros planes que estaban revoloteando su cabeza; para ese instante, él ya sentía la necesidad de acercarse a la música y las letras. “Yo ya había hecho unos cursos de guitarra musical en la EPA (Escuela Popular de Arte) y yo empecé con el deseo de que realmente quería estudiar música, pero en la casa no les parecía una buena idea que estudiara música como una profesión, en esa época no la veían como una profesión, ahora sí. Me fui por las ciencias naturales, no aguanté”, indicó Jiménez.  

Dice que por un error de pénsum en el Alma Mater, terminó matriculado en una materia llamada Licenciatura en Lengua Castellana, allí conoció a una maestra que lo motivó a seguir escribiendo, ya que ella le dijo que tenía talento para la escritura. “Luego de estudiar por un tiempo Lengua Castellana me pasé de carrera, vi todas las materias literarias y cuando me di cuenta de que me faltaban todas las de teoría lingüística y pedagógica, no aguanté y me salí porque no me gustaban ninguna de las dos. Mi propósito desde ese momento había sido leer, escribir y hacer música, solo me interesaba eso y ha eso le dediqué mi tiempo”, expresó el músico y escritor. 

Su acercamiento con la música se dio gracias a lo que aprendió en la EPA, ahí encontró su afinidad entre las letras y los elementos sonoros que despertaron en él su talento musical. El escritor aseguró “por azar del destino comencé a escribir, sin embargo, yo ya había intentado escribir una canción por allá cuando tenía unos 15 años”. 

Actualmente, en su vida personal, Álex Jiménez se encuentra casado y tiene una hija. Su crianza familiar estuvo en torno a la imagen femenina, ya que tiene tres hermanas y él es el hijo menor. El novelista, de manera irónica, hace una comparación de su vida con la del escritor Héctor Abad Faciolince. “De hecho, recuerdo alguna vez haber leído una columna de Héctor Abad Faciolince donde alguien le decía, que él se había dedicado a la literatura por haber sido un niño mimado, supongo que me pasa lo mismo. Crecí entre varias mujeres, tres hermanas, una mamá y un papá no muy ‘machorro’, él era alguien muy sensible a la poesía y a la música”, manifestó el autor de la Fiesta en el temor y Las pulgas de Leviatán. 

¿Cómo inicia usted a escribir de forma profesional? ¿En qué momento empieza a escribir su primer libro llamado Concierto pagano e intermedio místico?

Primero, yo no sé si comparta la idea de ser un escritor profesional, yo lo vivo de una manera más, aunque suene un poco ridículo más existencial, más “mística” podría decirse. Le doy una manera más distinta a un asunto de profesión, entonces, para mí tiene un valor existencial muy profundo, y por eso, la palabra profesional de pronto me saca un poco de la sensación y la relación que tengo con la literatura.  

Sobre ese primer libro desde que inicié a escribirlo, he tratado de no parar y escribo cada vez que puedo por una honda necesidad de hacerlo y de vivirlo de una manera significativa. Siempre había tenido proyectos de escribir un cuento largo, lo hacía y luego hacía otro y siempre tenía ideas encima. Luego, llegó un momento donde me quedé sin ideas y me dije que para no quedarme quieto y como no tenía en que trabajar en ese momento, decidí traducir algo del inglés al español.  

En esa época yo leí mucho a Cortázar y él recomendaba el ejercicio de la traducción para trabajar la prosa. Entonces, dije, voy a tomar este cuento de Joseph Conrad que se llama Una avanzada del progreso y me senté a traducirlo sin ninguna intención de que fuera a salir en algún lado, debe tener muchos errores de traducción, pero fue básicamente sentarme a hacer ese ejercicio de traducción porque no tenía nada que escribir. Me demoré dos meses en ese ejercicio de traducción y resulta que en ese tiempo se me fueron ocurriendo historias corticas de dos párrafos, de una página, historias muy breves y cuando se me iban, las iba anotando y al cabo de los meses me di cuenta de que tenía una colección de historias breves que me gustaron en ese momento y las compartí con mis amigos que también les gustó y fue una historia muy bonita porque ese libro encontró muchos amigos. 

Un amigo en ese momento estaba trabajando en Apartadó y se llevó las historias corticas y se las leía a sus compañeros de trabajo, todos ellos eran artistas y trabajaban como profesores de artística y la leían en sus tertulias, él les hizo dibujos. Casi siempre encontré lectores artistas que imaginaban muchas cosas y eran muy generosos con el libro. Entonces, cuando él volvió de Apartadó, me mostró las ilustraciones que le había hecho a esos cuentos, entonces, juntamos eso y él se inventó una editorial fugaz que se llamaba Kathartes y lo publicamos con plata del propio bolsillo y ese fue mi primer libro publicado.  

Foto internet.

¿De ahí cómo nace la necesidad de escribir su segundo libro Fiesta en el temor? ¿En qué año lo escribió y cuál fue el proceso para publicarlo y ganar una primera beca de la Alcaldía de Medellín?

Fiesta en el temor la empecé a trabajar desde el 2007 y 2008, tenía una idea en mente y comencé a darle forma. La empezaba, la volteaba y me daba cuenta de que no era por ahí, la borraba y la volvía a empezar hasta que el amigo que me ayudó con las ilustraciones de ese primer libro me sugirió iniciar desde cierto punto. Yo estaba empezando la historia desde una parte que se estaba haciendo pesada, larga y aburrida para el lector, entonces, comencé desde dónde él me proponía, que era desde un punto o acción compleja que despertaba interés y la historia empezó a fluir.  

No sabía si iba a hacer un cuento o una novela, simplemente escribí y comenzó a crecer y crecer, y la tuve así durante casi siete años, dándole vueltas y vueltas. En 2014, que fue un año muy difícil, al final de ese año salió una convocatoria de la Alcaldía para participar en el Premio de Novela Autor Revelación. Yo ya había participado de hecho con un avance de esa obra y había quedado de segundo en el año 2013, y pues quedé muy animado porque nunca había participado y obtuve el segundo lugar.  

Entonces, en el 2014 ya no era entregar un avance sino la obra terminada y yo tenía 30 páginas listas en el computador, 30 en un cuaderno y me faltaban 30 hojas, y solo tenía una semana para concluir ese texto, ya que la convocatoria fue superrápida. De esta manera, le tuve que decir a mi esposa que si se iba a la casa de sus papás con la niña y me dejara esas casi dos semanas solo en la casa, para que yo me sentara a terminar esa obra y así pasar las 30 páginas que tenía en el cuaderno al computador y escribir 30 hojas nuevas.  

Foto: Sílabas Editores

Ella se fue 15 días con la niña a casa de sus papás y yo estuve 15 días levantándome a las 9:00 de la mañana, desayunando pan con Coca Cola, escribía hasta las 12:00 del mediodía, mientras mi mamá me invitó a almorzar todos esos días, volvía casa y me quedaba hasta la una de la mañana escribiendo, en la noche, otra vez comía pan con Coca Cola y ese fue mi itinerario por esos más 10 días, hasta que logré terminar la obra, enviarla y tener la suerte de que los jurados la vieron bien entre los participantes que no fueron muchos.  

Gracias a esa oportunidad, pudimos salir de un bache financiero que sucedió en ese 2014 en el que yo había decidido abandonar la enseñanza de inglés y apostarle al proyecto musical, el cual no generó los ingresos necesarios, se nos acabaron los ahorros y estábamos en las últimas, y ese premio llegó como un salvavidas. Entonces, fue como si la literatura me dijera vea, y eso nos ayudó a salir de ese problema, así logramos conseguir más aparatos para trabajar en la música y fueron meses de tranquilidad, fue un premio muy oportuno. El libro salió con Sílaba Editores y fue muy bonito, en ese momento, fue el mejor libro que pude escribir. 

Durante todo este tiempo su escritura fue teniendo un avance significativo en su vida. ¿A partir de ahí y en qué momento su escritor interior descubre su potencial para crear Las pulgas de Leviatán?

Es una colección de cuentos, algunos de ahí fueron de la época cuando yo escribí mi primer libro, hay tres cuentos que son de ese tiempo y otros son de hace dos años. No es un libro planeado sino un libro que lo hice con todo lo que había escrito y había sobrevivido a mi trabajo de estos casi 20 años. Entonces, lo que hice con ese libro fue tomar todos los textos que yo había escrito, depurarlos y juntarlos en uno solo.  

¿Qué puedo decir? Es muy particular que otra vez, la literatura nos haya salvado la vida porque en el año 2016 yo mandé este libro a concursar a becas, no le fue mal quedó de sexto, pero bueno no pasó nada. Entonces, yo decidí no darle más vueltas y lo envié a una editorial en el 2018 y me lo rechazó. Yo conocía a algunos de los editores y les dije: “Consideren esto que otra vez estoy mandando porque creo que es un muy buen texto y creo que están cometiendo un error”. (Lo dice entre una risa tímida). Entonces, lo volvieron a leer y lo rechazaron de nuevo. Yo le dije a la editora ese libro se va a ganar un premio, esperé y verá. En 2019, lo mandé a concursar y quedó en segundo puesto en las becas de la Alcaldía de Medellín. Volví y le dije a los editores, miren que no ganó, pero quedó de segundo y nuevamente lo rechazaron.  

Finalmente, en 2020 llegó la pandemia y mi trabajo consiste en tocar (música) en eventos, bares, restaurantes y eso fue lo primero que cerraron, y eso fue lo último que abrieron. Entonces ese año fue desastroso, nosotros estábamos bien financieramente y al pasar esto, fueron ocho meses casi sin trabajo. Luego, llegó nuevamente la convocatoria, mandé el libro a concursar y quedó de segundo, pero la persona que se lo había ganado tenía unas incompatibilidades y no podía recibir el premio, entonces, me lo dieron a mí. De esta manera, en ese 2020 llegó de nuevo la literatura a salvarnos en un momento de donde teníamos una crisis económica muy fuerte.  

Hay una frase que siempre voy a recordar de Jaime Jaramillo Escobar (X-504), el poeta que murió el año pasado. Él dice en un texto muy bonito que se llama Método rápido y eficaz para ser un poeta: “La buena suerte es el otro nombre del trabajo” o sea para lograr algo hay que tener trabajo y buena suerte. Entonces, digamos que he tenido buena suerte, pero también se me ha juntado con ese trabajo que he tratado de hacer de manera constante.  

Hay algo muy bonito de esa historia, cuando en pandemia estaba todo cerrado y no podíamos salir en las noches, a veces salíamos a las escaleras de la casa mi hija y yo, y nos quedamos ahí los dos mirando las estrellas y el cielo. Por esos días, no había muchas emisiones de gases, ella vio una estrella fugaz, nunca había visto una y yo le dije que podía pedir un deseo, pero que no me dijera cuál era. Y ya después de que ganamos el premio, me contó que ella había deseado que nos ganáramos el premio. Cuando me dijo eso, a mí se me salieron las lágrimas, fue una cosa muy bonita y mágica para ella. 

Foto: Tragaluz Editores

Dentro de la esencia del escritor se puede percibir que en sus textos e ilustraciones tiene mucho que ver con la catarsis. ¿Cómo fue el proceso y quiénes estuvieron involucrados en sus proyectos literarios?

Las portadas de mis libros han tenido muy buenos amigos, el primero fue mi cuñado Álvaro Osorio que es un artista, muy amablemente él hizo la portada y el diseño en todo ese libro; la segunda del libro Fiesta en el temor fue de Tobías Arboleda, otro artista que es muy teso y quedó bellísima; la tercera portada del libro Las pulgas del Leviatán la hizo mi esposa, Natalia Osorio que tiene un proyecto que se llama Mandrágora y es una artista que admiro mucho. Las tres portadas han sido producto de la lectura de los textos a través de una interpretación de todos de ellos.  

La catarsis es algo muy presente en mi trabajo con las canciones y con muchos cuentos, no con todos, pero sí con la mayoría. Hay sensaciones y emociones que tengo una necesidad de que salgan para verlos o entenderlos para mirarlos desde distintas perspectivas. Entonces, hay varios cuentos, por ejemplo de este último libro Las pulgas del Leviatán, que es un ejercicio de liberación de alguna emoción difícil, incluso venenosa, y quedan plasmados ahí en esa pequeña historia, en la música también suelo a hacer eso. Creo que es un buen proceso de sanación.  

¿Cuáles temas le gusta abordar para profundizar en las emociones de sus lectores? ¿Qué le gusta generar con sus palabras en aquellos que leen sus textos?

Una intención mía, primero, es no aburrir porque para mí no tiene ninguna gracia un texto que se convierta en algo para lectores experimentados, académicos y con un músculo de lectura fuerte que puedan aguantar cualquier cosa. Yo creo que a mí me gusta mucho hacer cosas entretenidas, cosas que sean agradables, que cuando empiecen a leer lo quieran terminar. Ya después en ciertas emociones que se exploran, yo creo que el interés es buscar cierta poesía y asombro dentro de lo que estoy tratando y conmover, incluso en cierta manera que genere repudio en algún cuento, a veces hasta risa les ha dado a otras personas, entonces, ahí hay una emoción que se mueve. Me refiero a conmover en ese sentido. 

Del último libro, por ejemplo, en Las pulgas del Leviatán me gusta mucho lo que me han dicho algunas personas, que se han reído con algún cuento, que han llorado o han sentido asco (ríe), eso me gusta porque significa que no son textos a los cuales la gente se muestre de forma indiferente, yo creo que es eso. Yo trato de enfrentarme a la realidad sea lo que sea esa palabra, de una manera, que no sea indiferente y supongo que también quiero que lo que yo haga tenga un poco de eso, de esa poesía, asombro u horror.  

Este año, los Eventos del Libro de Medellín tienen como temática “Tiempo de imaginar”. ¿Qué le gustaría transmitir en sus próximos libros? ¿Cómo captar la atención de ese mundo imaginario dentro de las nuevas generaciones?

Yo creo que lo he hecho y la intención persiste, la imaginación no es una cosa que ocurra a parte de la realidad. La imaginación es lo que nos permite relacionarnos profundamente con la realidad. Entonces, en ese sentido la realidad existe porque la imaginamos, incluso en cada cosa que hacemos en este momento si la vivimos con imaginación, la vamos a vivir profundamente. De lo contrario, la vivimos mecánicamente. La imaginación nos permite confrontarnos con lo más humano que tenemos que es bueno y malo a la vez. Somos tal vez, la única especie que siente, que tiene un cierto de grado de conciencia de lo que vivimos, entonces eso alimenta nuestra imaginación.  

Foto: Mandarina Duque Vargas.

¿Cómo ha influido la música en su proceso para escribir?

La verdad es que no sabría trazar con claridad las formas en las que eso influye, te puedo decir que he vivido el proceso de forma paralela, a veces presiento cuando algo que estoy sintiendo va a convertirse en canción y cuando se va a convertir en cuento. Yo las canciones las vivo como un cuento, las canciones yo las pienso de manera narrativa o poética, entonces, cuando yo tengo una canción en mente, busco una cooperación entre los elementos sonoros o la historia (imagen) que estoy persiguiendo.  

A veces la historia me da ideas para los elementos musicales y del otro lado, la música me da elementos para la historia. Entonces, yo a la música la trato de una manera similar a la narrativa. Mis decisiones musicales están tratando de comunicar algo, no solo la secuencia de acordes, por ejemplo, sino también el tipo de sonido que decido usar, el ritmo que decido poner, todo eso por lo general lo uso para tratar de dar más claridad a un punto que está en la historia que estoy contando; y a veces la historia puede prescindir de palabras.  

Por ejemplo, hay una canción mía en un proyecto musical que se llama El Pulpo y la Naveplaneta, ahí hay una canción que se llama Díptero Eclipsado y es la historia de un mosquito que está huyendo a las palmadas que le están dando hasta que lo matan. Esa historia no es necesaria contarla con palabras, los sonidos que elegí, los arreglos y decisiones sonoras y la dirección que le di al guitarrista que me ayudó cuentan una historia, básicamente sin palabras.  

Foto: Yojan Valencia.

¿Qué consejo puede usted darles a los jóvenes o a las nuevas generaciones que se están involucrando de lleno a la literatura o la escritura?

Yo pensaría que no sé si sea un consejo, pero yo podría contarles que he vivido la literatura de una manera lo más honesta que he podido y creo que eso es primordial tener una relación honesta con uno mismo, con lo que uno siente y lo que uno piensa y eso desemboca en lo que uno escribe y luego tener una conversación honesta con lo que uno escribe. Más allá del susto de vivirlo como una carrera o una profesión, yo lo viviría como una experiencia poética y bella; y no es necesario vivirlo de otra forma en mi opinión.  

Desde luego que cuando llegan los premios pues son muy bienvenidos, pero no es por eso por lo que uno escribe. Y es importante participar, supongo yo, en estas becas porque a veces uno no se da cuenta de cómo está haciendo las cosas o no lo sabe del todo, o no está del todo convencido y, en fin; estos espacios se prestan como una forma de mirarse desde afuera, entonces, proponer algo que no escribió a un grupo de jurados y recibir después esa retroalimentación es algo que se puede aprovechar para mejorar en el trabajo de uno.  

Participación del escritor y músico, Álex Jiménez durante la 16.a Feria Popular Días del Libro que se realizó en la Biblioteca Pública Piloto

Suscríbete a nuestro boletín

Recibe las últimas novedades y programación en tu correo. ¡Sé el primero en enterarte!

Síguenos en redes sociales

Conéctate con nosotros todos los días

Todos los derechos reservados.

Eventos del Libro ® 2022