Efectos Personales

Por admin en Agosto 30, 2018 , No hay comentarios

Juan Villoro, Efectos personales, era, México, 2000.

En uno de sus comentarios sobre la poética del ensayo, el profesor Jaime Alberto Vélez dijo que: “el ensayo es la mejor manera de sostener con gracia un punto de vista original”. En otras palabras, señaló que el género debía sumergirse en aguas del discurso argumentativo y defender una tesis, siempre y cuando en la inmersión haga uso de sus branquias de corte estético y una mirada de tiburón.

Sin embargo, el ensayo no es solo un género para “sostener puntos de vista”. También es de corte expositivo, ese discurso por el que viajan las enciclopedias y los diccionarios, sin defender tesis ni argumentar absolutamente nada. La memoria secreta de las hojas de Hope Jarhen, por ejemplo, es un bello documental sobre el mundo de las plantas. La autora describe el funcionamiento de hojas, frutos y flores con un tacto estético y narrativo desde el ojo de la ciencia. El libro de Jarhen también podría pensarse como un ensayo y sin embargo no defiende nada, pero lo defiende todo.

Y ya que estamos metidos en el tema, vale la pena recordar El ensayo crítico de la papita criolla de Fernando Mora. El texto que se presenta como ensayo, tampoco es argumentativo y solo describe al tubérculo “con gracia”.

De manera que si bien es cierto que la del profesor Vélez es una gran poética del ensayo, no es menos cierto que es restrictiva y le falta algo. Pero entonces, ¿cómo diablos se define al ensayo?

Otro buen acercamiento lo propone Efrén Giraldo en su libro Cartas a una joven ensayista:

“Ensayar es el resultado de dos fuerzas antagónicas. Un deseo de comunicar lo íntimo, de exponer lo que uno piensa, atendiendo al arrebato, al tacto de tomar la pluma, y un compromiso con nuestros semejantes, con lo que debemos responder ante la época, el tiempo y el espacio en que nos tocó vivir”.

Efectos personales, del escritor mejicano, Juan Villoro, ejemplifica esta definición: es un inventario de pasiones administradas por la casualidad de los afectos, los centenarios, las presentaciones, los números especiales de las revistas. Este no es un inventario meditado como un andamiaje y escrito con la intención de argumentar una serie de tesis. ―Pero son ensayos. Otra evidencia para equilibrar al profesor Vélez. Ya hasta me da pena con sus seguidores―.

Pero es así: Villoro no intenta una definición exacta y bien enmarcada de su poética. Y aun así, el índice es como una play list que nos revela un gusto, una tendencia, un patrón para establecer una pasión por la literatura más intelectual, o lo que hemos llamado literatura de la línea dura. Basta darle un vistazo al extenso índice onomástico para encontrar seis hojas atiborradas con nombres en fuente diminuta que toca leer con los ojos achicados y docenas de apellidos con un gran peso intelectual con los que Villoro soporta lo que dice.

El libro también es un muestrario de las obligaciones que tienen los escritores profesionales para pagar las facturas. Ya también se ha dicho muchas veces que ser un escritor profesional no es vivir de los libros, sino de la cola que deja su prestigio.

La obra de Villoro está dividida en tres partes. La primera, dedicada a la literatura en lengua española: Rulfo, Valle-Inclán, Rossi, Monterroso, Pitol y Fuentes. La tercera, a la escrita en idiomas extranjeros: Nabokov, Schnitzler, Stevenson, Bernhard, Burroughs y Calvino. Entre ambas, a manera de interludio, hay otros dos ensayos: uno muy inteligente sobre la traducción y otro sobre la odiosa manera en la que el eurocentrismo destaca el color tutti frutti de América Latina.

En los ensayos, Villoro hace uso de su caja de herramientas para desarmar las técnicas y los trucos de las novelas que analiza. La suya es una lectura desde el foco del escritor, una que empuña martillo y cincel para desmontar las estructuras, personajes literarios y modos de hablar. Un escritor lee distinto a una persona de a pie. Alguna vez le escuché a Ray Loriga decir más o menos que cuando un escritor iba leyendo a la vez iba intentando explicarse los trucos y las técnicas, “los recursos” como dice Villoro. Un vicio espantoso por otra parte, como quien se come un postre racionalizando los ingredientes. Loriga dijo además, que los escritores que más respetaba era los que, claro, no alcanzaba a explicarse.

En Efectos personales se descubre al plomero que desencaja el armazón de Pedro Páramo, de Lolita y La isla del tesoro, entre otros. ¿Cómo hizo Juan Rulfo para crear un pueblo fantasma? Léase el ensayo Lección de arena para que encuentre frases al estilo de: “el recurso decisivo para aceptar la realidad desplazada de Comala es: Juan Preciado no conoce a nadie en el pueblo, pero todos lo reconocen”.

Villoro revela el truco narrativo de Rulfo.

“La historia iniciada por Juan Preciado prosigue en las voces colectivas; los muertos adquieren cabal autonomía y el narrador se disipa entre sus sombras. No es de extrañar que abunden las palabras sueltas, dichas por gente ilocalizable… ‘ay vida, no me mereces’ o alguien canta: ‘mi novia me dio un pañuelo/con orillas de llorar…’ ‘¿Quién habla? Ruidos. Voces. Rumores’, responde el narrador.”

Villoro sigue revelando trucos:

“Ningún campesino ha hablado como personaje de Rulfo, pero pocos diálogos parecen tan genuinos como los de Pedro Páramo. Este espejismo de la naturalidad depende de numerosos recursos: el reciclaje de arcaísmos (‘si consintiera en mí’), la poesía dicha por error (‘tú que tienes los oídos muchachos’), las tautologías casi metafísicas (‘Esto prueba lo que te demuestra’ o ‘Si yo escuchaba solamente el silencio, era porque aún no estaba acostumbrado al silencio’)”. Villoro disecciona la novela para verla funcionando en sus entrañas.

En el resto de los ensayos Villoro realiza operaciones similares, mezclando notas biográficas de los autores, datos y opiniones de otros intelectuales, pero creo que ninguna otra pieza de la serie lo hace de manera tan incisiva como en Lecciones de arena.

Muchos nos hemos preguntado, ¿pero cómo lo hizo Rulfo? Villoro nos entrega luces para entender esa maravillosa y efectiva técnica. Nos da luces y no soluciones definitivas. Chispazos y no reflectores de estadio. Y menos mal. Es lo que hace el género: ensayar. En Efectos personales se prueba, se experimenta, se intentan acercamientos. Porque como bien lo decía Julio César Londoño en el prólogo de su libro ¿Por qué es negra la noche?:

“el ensayo es un juego de equilibrio, una manera de reflexionar que oscila entre el rigor y la especulación, entre la memoria y el olvido”.

En la 12.ª Fiesta del Libro y la Cultura, tendremos el privilegio de conocer a Juan Villoro y hablar con él sobre sus descubrimientos literarios. ¡Asiste a la cita!

LUNES 10 DE SEPTIEMBRE

CHARLAS DE LA TARDE

7:00 p. m. Auditorio Parque Explora

Crónica y ficción en tiempos de la posverdad. Juan Villoro (Mx) conversa con Mario Jursich.

 

Por suerte, también puedes encontrar el libro en las bibliotecas públicas de Medellín

Título: Efectos personales

Autor: Juan Villoro

ISBN: 9684114974

Clasificación Dewey: M864 V759e

¿Quién te invita a leer esta obra y a conocer al autor?

Andrés Delgado. Gestor de fomento de lectura y escritura del Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín. Escribió la novela Sabotaje, Ed. Planeta, y la colección de crónicas Noches de estriptís, Intermedio Editores. Actualmente estudia una Maestría en Escrituras Creativas en la universidad EAFIT y es parte del Comité editorial del periódico Universo Centro.

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