Cuando Letras al carbón llegó a Barbosa

Por admin en Octubre 8, 2018 , No hay comentarios
La escritora colombiana Irene Vasco y el ilustrador mexicano Juan Palomino conocieron los cuenticos naranjados que los niños de El Hatillo escribieron inspirados en sus obras.

La escritora colombiana Irene Vasco y el ilustrador mexicano Juan Palomino conocieron los cuenticos naranjados que los niños de El Hatillo escribieron inspirados en sus obras.

María Isabel García

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Entre las montañas verdes y el sonido de los pájaros, en el municipio de Barbosa, Antioquia, en la vereda Isaza, unos niños y sus profes conocieron a un ilustrador y a una escritora. Todo ocurrió el 12 de septiembre, después de semanas y semanas de preparación, de expectativa, de emociones.
Aguardaban por los creadores del libro que habían estado leyendo: Letras al carbón. Uno de ellos era el mexicano Juan Palomino, de quien lo sabían casi todo por su investigación preliminar; la otra, era la colombiana Irene Vasco, que escribe muchas historias y a la que le encanta viajar por Colombia, a los lugares más recónditos, para compartir relatos con los niños. Esta vez, conversaron sobre ellos, su obra y sobre Palenque, lugar donde ocurre el cuento.

Cantando el Himno Nacional de México, y sosteniendo el escudo y la bandera de ese País Invitado este año a la Fiesta del Libro y la Cultura, les dieron la bienvenida. Docentes, madres, abuelas y alumnos habían planeado juntos una mañana llena de sorpresas. Convirtieron esta jornada de Adopta a un Autor en un encuentro que se quedaría grabado para siempre en la memoria. Como muestra del reconocimiento al trabajo y esfuerzo de los autores del libro, les entregaron un poncho bordado, un sombrero aguadeño y otros objetos simbólicos.
Las profes guiaron a los niños y a los invitados hacia un salón que tenían ambientado para ellos y las familias. Presentaron un video en el que vincularon el trabajo de Juan Palomino e Irene Vasco con la historia de la institución, en el que repasaron el proceso de espera y todo aquello que desarrollaron antes de tenerlos allí, en vivo y en directo, incluyendo la creación de un lema: “La lectura inculcando y las culturas fusionando”.
Los autores recorrieron la escuela para ver la exposición de los trabajos elaborados por los niños. Había fotografías de obras de teatro, cuentos, ilustraciones y representaciones físicas de los libros que imaginaron; muñecos de tela de los personajes y un bordado con las escenas del relato, hecho a mano por las madres.
“Estoy muy conmovido, muy agradecido, y creo que, sobre todo, me gusta la parte en la que de las cosas que yo hago disparan nuevas creaciones e invenciones, porque considero que eso es lo que tiene que hacer un libro y, también, una imagen”, afirmó Juan Palomino.
En esta experiencia, cada alumno se convirtió en el autor de su propia historia y cada familia pudo recrear, por medio del arte, sus emociones y pensamientos. Letras, trazos y risas llenaron el espacio. Y es así como el conocimiento se abre paso a través de las barreras, a través de los kilómetros, a través de las montañas. Cada autor se llevó, en esos regalos, una parte del corazón de Isaza, una muestra de agradecimiento.
Con el poncho que se pusieron Irene y Juan, experimentaron el abrazo cálido de los niños, el mismo abrazo que ellos dejaron en la escuela a través de sus frases y de las imágenes de su libro que los hizo viajar más allá de su vereda.

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