Sentimos el deseo de atesorar lo vivido luego de compartir con los otros. Hay una lucha interna entre lo que se aprende y nuestra tendencia a olvidar con el paso del tiempo. La escritura funciona como herramienta para fijar las ideas que surgen con la oralidad. Las transforma en algo perdurable, con vida propia más allá del momento en que se expresan.
En la Fiesta del Libro se ha hecho el trabajo de registrar las charlas con los autores desde hace tiempo. Se convierten en material de comunicaciones, pero también en relatorías que guardan nuestra memoria. Ha sido un trabajo minucioso, en el que se procura registrar cada una de las ideas y la fuerza de las voces con veracidad y precisión.
Queremos esta vez que lo compartido vaya más allá de lo que una sola persona pueda recordar o contar luego de asistir a una charla. Nos hemos propuesto jugar con estrategias literarias para acudir a la memoria de manera experimental: transitar de la simple crónica al juego de la imaginación para potenciar el pensamiento. Entonces hicimos este ejercicio, respetuoso, con diez textos en los que le dimos forma a un único narrador -una voz que lo observa todo- para que le contara a quien lee ahora lo que unos personajes (que comparten el mismo nombre de los autores y autoras invitados) habían venido a contar. Es un proceso de síntesis donde la realidad se mezcla con la literatura. Parece complicado, pero es más simple de entender si se piensa en un solo cuerpo vivo constituido por muchas partes distintas: muchas voces reunidas en una sola para decir más. Es, como si fuese la criatura a la que dio vida el Dr. Frankenstein en la obra escrita por la autora Mary Shelley, nuestro experimento para conformar con fragmentos un cuerpo de memorias vivas.
Este cuerpo (narrador) se va armando y respira de las ideas, voces, anhelos e historias de los participantes en cada charla: autores, sus interlocutores en el escenario, y el público. Esta voz lo sabe todo, porque estuvo allí, habitando cada espacio y cada silencio. La idea es que estas conversaciones no se queden solo en palabras volátiles, sino que se conviertan en textos con vida propia. En el fondo, es un experimento para compilar creativamente la memoria colectiva: lo pensado, lo dicho, lo imaginado, que a veces es frágil y difícil de sostener con vida, y darle ahora una nueva forma y un lugar seguro donde permanecer, ya no como informes técnicos sino como textos literarios con potencia expresiva.
Este cuerpo (narrador) se va armando y respira de las ideas, voces, anhelos e historias de los participantes en cada charla: autores, sus interlocutores en el escenario, y el público. Esta voz lo sabe todo, porque estuvo allí, habitando cada espacio y cada silencio. La idea es que estas conversaciones no se queden solo en palabras volátiles, sino que se conviertan en textos con vida propia. En el fondo, es un experimento para compilar creativamente la memoria colectiva: lo pensado, lo dicho, lo imaginado, que a veces es frágil y difícil de sostener con vida, y darle ahora una nueva forma y un lugar seguro donde permanecer, ya no como informes técnicos sino como textos literarios con potencia expresiva.
Así pues, esta compilación de diez textos reconstituidos de manera literaria se nutre de una serie de conversaciones ocurridas durante la 19.ª Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín: se exploran ideas acerca del mañana, la identidad, la creación y la resistencia contemporánea. A través de figuras como Rómulo Bustos y Kim Thúy, se analiza cómo la poesía y la memoria permiten procesar el vacío existencial y el exilio mediante la búsqueda de la belleza. Otras autoras, como Begoña Ugalde y Dahlia de la Cerda, proponen una literatura anclada en los cuidados, el deseo y la realidad de las periferias para cuestionar las lógicas del capital y el patriarcado. Las reflexiones de Fabio Morábito y Brenda Navarro examinan la extranjería y la migración como motores del estilo literario y la ficción, mientras que María Fernanda Ampuero defiende una escritura visceral que confronte el horror doméstico. Los textos también abordan la historia silenciada de las mujeres en la literatura infantil con Ana Garralón, la conexión con seres no humanos en la obra de María Ospina Pizano y los desafíos que la inteligencia artificial plantea al ecosistema del libro según Jorge Carrión. De esta forma desplegamos un cuerpo de memorias vivas sobre una cartografía de voces y formas de ver el mundo mediante el poder de la palabra, para propiciar mundos posibles y avivar las singularidades de lo humano y lo no humano frente a las posibilidades del mañana.
Juan David Jaramillo Londoño
Herramientas de accesibilidad