El tema de los Eventos del libro 2016: Nuevos mundos

Nuevos mundos

Un día nuestros sentidos despiertan: los ojos se abren, el oído se afina, la piel suda o se eriza, las cosas tienen sabor y una flor es más que una flor. El mundo se pone a nuestra disposición y comenzamos a llenarnos de él, de sus imágenes, sus calles y gente. Al principio todo es novedad, mas con el tiempo entendemos que no somos simples espectadores y comenzamos a tomar nuestras propias decisiones, aquellas que nos convierten en protagonistas de nuestra vida.

Y entonces, si la vida es un viaje como piensan muchas personas, estamos llamados a ser exploradores, mochileros, caminantes o arrieros. Una decisión basta para bifurcar el camino y multiplicar las posibilidades, esas que se materializan en la circunstancia exacta, en el vagón de tren correcto y junto a la persona adecuada. No hay viajes en línea recta, al contrario, prima el azar, el misterio, ir y volver, corregir, empezar de nuevo.

Esa predisposición humana a la aventura se legitimó hace cientos de años literariamente en la Odisea de Homero, pero ha cabalgado en la historia sobre los hombros de personajes tan imborrables como Colón o Bolívar; aparece de nuevo en figuras como Fernando González o Eduardo Zalamea Borda, que dan vida a una literatura de viaje propia del siglo XX; está presente en los libros de escritores exiliados o expatriados, que en diferentes décadas buscaron mejores aires –creativos y políticos– en Nueva York, Paris o Berlín.

Siempre buscamos nuevos mundos, algunos reales, otros imaginarios. Levantamos la cabeza hacia las estrellas y en el vacío de la noche hacemos aparecer historias de ciencia ficción, naves espaciales y realidades paralelas. O de otra manera: miramos con lupa la naturaleza para descubrir bajo una pequeña piedra una civilización perdida. Cuando la realidad no nos basta somos capaces de inventarnos una distinta y eso, sin duda, es toda una aventura para el escritor y el lector.

Los nuevos mundos hay que buscarlos en el futuro, en lo que no está escrito, pero también a la vuelta de la esquina o el barrio de al lado; están en otro país o en otros mares, pero de la misma manera en el trabajo diario, en la ruta del bus; existen nuevos mundos más allá de las montañas que demarcan el valle de Aburra, pero los encontramos igual en los recovecos de la Oriental o Junín. En definitiva: hay viajes que se toman 80 días para darle la vuelta el mundo y otros que duran uno solo a bordo de sí. Leer no es otra cosa que ponerse en marcha.

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