Mis expediciones, nuestras expediciones

Por admin en Agosto 5, 2019 , No hay comentarios

“Expedición del latín expeditio. 
Expeditio que se deriva de expedio.
Es un verbo que alude a un proceso, a los preparativos que anticipan la marcha. Se trata del preámbulo inmanente a la travesía: liberar los pies para caminar sin dificultad hacia cualquier punto. Desanudar, soltar, llevar poco o nada a cuestas para ir con los pies ligeros durante el viaje”. 
Mariana Oliver, escritora mexicana

Mis expediciones, nuestras expediciones

Mucho ha pasado en estos últimos dos años, cuando los Eventos del Libro desplegaron su viaje por la ciudad con mayor intensidad. Itinerantes, exploradores, curiosos, como la naturaleza humana.

Por: Paola A. Cardona Tobón

Un periodista transita muchos caminos, a veces a caballo, a pie, en carro, en avioneta, en aviones más grandes; corriendo, cuando un perro bravo asusta o la hora de cierre apremia.

 

Esas expediciones nos forjan. Las libretas con apuntes o garabatos son nuestra memoria. Las fotografías, que antes no podíamos tomar en celulares, se dosificaban en rollos de 12, 24 o 36 fotos, si andábamos de suerte, para capturar escenas únicas. No digo que seamos como Humboldt o como los grandes expedicionarios que tanto inspiraron, no descubrimos especies animales o vegetales, ni lugares que antes no se encontraban en el mapa, pero logramos entender algo que quizás (y esto solo es una hipótesis) ellos también se plantearon: que quienes habitan esos territorios les otorgan alma a sus árboles, a sus casas, a sus flores, a sus cielos azules o nublados, y esto es lo que hace diferente cada expedición.

Cuando traigo a la memoria esas experiencias, las emociones se mezclan. Pienso en las carencias que vimos, en los caminos fangosos que nosotros ni siquiera podíamos subir y que sus habitantes recorrían una y otra vez cargados con costales y con herramientas, con la valentía de un aventurero con una misión: transformar una realidad. Sonrío cuando pienso en los profesores y sus escuelas a miles de kilómetros que, sin computadores, hacían imaginar a sus alumnos que unas letras marcadas en un icopor eran sus teclados y el tablero su pantalla; o en los libros, con hojas dobladas que reposaban en pequeñas bibliotecas, tan trajinados, tan amados. Tan bonito: la imaginación salva.

Se me mezclan, entonces, Las formas de la memoria y las Expediciones, dos temas que me han guiado desde el año pasado y que se me entrelazan como parte de la existencia, desde cualquier cargo que desempeñemos; desde los recuerdos y desde el presente.

Siendo periodista de un medio, cuando iba a cubrir un Evento del Libro, siempre me detenía un momento a observar a quienes estaban detrás de todo, a los organizadores afanados, que solucionaban, que recibían con ojos brillantes, a pesar del cansancio, a los asistentes. Esto generaba en mí una fascinación. “Los une el amor por los libros”, me dijo una vez un fotógrafo que me acompañaba. Sí, le respondí, y pensé para mí que los unía también esas ganas de recorrer caminos, no importa cuáles, para contagiar su enamoramiento por las letras. Su enamoramiento, porque eso es.

Como periodista, como parte de la tripulación ya de los Eventos del Libro (cumpliendo este sueño de caminar junto con esos otros enamorados de las letras) voy por una Medellín que hoy miro con otros ojos, que redescubro transitando las mismas calles que en realidad no son las mismas calles.

Se acerca la 13.ª Fiesta del Libro y la Cultura y a ella llegaremos con nuestras propias expediciones en la mochila y con las que hemos convocado como Eventos del Libro durante estos meses, transformados, curiosos, con el viaje en la cabeza y en el corazón. 

Estuvimos en Manrique para sentir esos aires de bandoneón que aún palpitan en su asfalto; también fuimos a Santa Elena para mirar hacia arriba y maravillarnos con las aves, y para poner los pies muy en la tierra y bailar con la alegría de las notas que llenaron de música la inauguración de la nueva Casa de la Cultura. Estas, las Fiestas del Libro y la Cultura Comunitarias, las que van al corazón de los barrios y de los corregimientos, nos llevaron también el año pasado al Parque Biblioteca Gabriel García Márquez, en el Doce de Octubre; a la Biblioteca Pública Centro Occidental, en San Javier; y al Parque Biblioteca José Horacio Betancur, en San Antonio de Prado. 

El Parque del Periodista, el Mercado del Tranvía en Buenos Aires, el Museo de Antioquia, el Edificio de Ruta N y el Hospital San Vicente Fundación fueron otros destinos inesperados para las Charlas de la Tarde, para leer, para escribir, para aprender, para probar sabores, para escuchar historias inspiradoras, porque los libros son la excusa para reunirnos, sin embargo, ¡ocurren tantas cosas en un Evento del Libro!, que lo mejor es que cada uno lo sienta como expedicionario.  

Carlos E. Restrepo, la casa de la Feria Popular Días del Libro, volvió a regalarnos su magia para integrar a las familias. En la Parada Juvenil de la Lectura, con esas 16 horas continuas que se extienden sin pensarlo, recibimos el amanecer con toda la belleza que es posible interiorizar desde la Unidad Deportiva María Luisa Calle, en 2018, y desde la terraza de la UVA Huellas de Vida, en la Comuna 13, en 2019. Emocionados, con lágrimas en los ojos, nos dimos cuenta de que lo más bello de todo, a las seis de la mañana, es que los jóvenes, con un libro bajo el brazo, salen lento, sin querer irse, porque a pesar de ser diferentes, de comenzar siendo unos extraños, fueron (fuimos) abrazados por un mismo cielo.

De la Zona Norte, ¡qué decir!, de ese sitio en el que se levanta la Ciudad de los Libros en la Fiesta del Libro y la Cultura. Allí nuestras expediciones se potencian, porque la energía de tantos lectores y no lectores que se dejan sorprender se une para crear una atmósfera encantada, que me recuerda, de nuevo, esos ratos en los que detenía mi caminar apresurado como reportera para cerrar el cuaderno y grabarme eso en el alma.

Son mis expediciones, nuestras expediciones. Seguro habrá muchas más que cada expedicionario de esta ciudad podría contar. Y esto nos trajo hasta aquí, hasta el hoy, en recorridos solitarios y en otros acompañados, por rutas que vamos trazando en el momento justo en el que la intuición nos susurra que sigamos o que viremos. Como periodista, en este equipo de los Eventos del Libro, ya no necesito caballos, ni aviones (aunque cualquier cosa puede pasar en el universo de las historias) solo el espíritu aventurero y la fuerza de otros que como yo viajan a su manera, construyendo su bitácora, esperando toparse con un libro inquieto que les cambie la vida.

Comparte esta noticia:
adminMis expediciones, nuestras expediciones