Libros leídos, un tesoro por encontrar

Por admin en Diciembre 4, 2018 , No hay comentarios

Por: Daniela Gómez Tamayo

“Para ser librero de una librería de libros leídos se debe ser bibliófilo, para ser librero de una librería de libros nuevos, no”.
Juan Hincapié, librero de Los libros de Juan

El amor por los libros nace, principalmente y como casi todo, desde el hogar. Así nació la pasión de Juan Hincapié por los libros, viendo las bibliotecas de sus padres, tíos y abuelos, “hablar de la biblioteca era hablar de una parte común de la casa. Era un espacio para estar, visitar, recibir personas. Por eso, siente uno una familiaridad física y emocional con los libros y el espacio de los libros leídos”.

Decidir abrir una librería no es una decisión fácil de tomar, se debe tener una gran pasión y amor por los libros y además, según Juan, se requiere desapegarse de querer ganar dinero. Ahora, decidir abrir una librería de libros leídos es aún más complejo porque se requiere ser bibliófilo. “Yo veo la librería de libros leídos como una cotidianidad con el libro, que no lo vemos como un producto de negocio sino como un convivir. El libro nuevo no tiene el encanto del libro viejo leído, raro, curioso”.

Por eso tiene una conciencia sobre el valor que tiene cada libro, y no hablamos de un valor comercial, porque aunque su labor diaria es vender libros, él asegura que siempre busca que estos terminen en buenas manos. No permite que los libros queden en coleccionistas privados sino que busca que lleguen a salas patrimoniales, unos de sus principales clientes, siendo enfático en que hay una diferencia sustancial entre ser librero y ser comerciante de libros.

De las cosas que más valora Juan de su librería, donde hace las veces también de curador, es que están los libros de él, los de su gusto, un factor diferenciador de otras librerías de la ciudad. Los temas que no le gustan no los vende, porque considera que vender libros también implica una responsabilidad social sobre lo que se cuenta y lo que se lee.

Ese factor diferenciador le hace tributo al nombre de su librería, aunque en 2008, cuando abrió las puertas al público, el nombre que deseaba ponerle era El escaparate del bibliófilo, sin embargo su esposa lo hizo reflexionar, argumentando que este era un nombre difícil de recordar, así, por sugerencia de ella, surgió el nombre, Los libros de Juan, pues al fin y al cabo, en sus inicios la librería fue la extensión de su biblioteca personal.

 

Los libros más antiguos no los vende, los exhibe en vitrinas porque reconoce la importancia que tiene que las personas los vean y aprecien su valor patrimonial e histórico.

Entre los libros que exhibe en las vitrinas de su librería y los que ha llevado a la Fiesta del Libro y la Cultura, están: el primer libro que se publicó en Colombia, El cristo paciente, una primera edición de El origen de las cosas de Charles Darwin, una pre-edición de 100 años de soledad, los manuscritos de “El Cojo Benítez”, primer cronista de Medellín, El Index librorum prohibitorum o Índice de libros prohibidos por la Iglesia católica en el que aparece un colombiano, Rafael Uribe Uribe con su libro De cómo el liberalismo político colombiano no es pecado y muchas más reliquias que datan de 1500, 1600 y 1700.

Juan es un personaje muy conocido en el mundo del libro de Medellín, al igual que su amigo Luis Alberto, librero de Palinuro. Ambos se apoyan y hablan sobre el pasado, el hoy y el futuro de las librerías de libros leídos y su importancia en la ciudad. En estas librerías se encuentran patrimonios, historias y memorias no solo de Medellín sino del país.

Y es que como lo dice Neil Gaiman, creador de la serie de cómics The Sandman, “una ciudad no es una ciudad sin librerías”. Estas se vuelven un espacio cultural, de Historia e historias, de tertulias y aprendizajes. Un pequeño paso para acercar las personas a lectura, para que el libro esté presente en la vida de las personas.

Entrar por ejemplo a Los libros de Juan es encontrarse con una casa de nueve habitaciones llenas de libros. Es una recreación en gran tamaño de la biblioteca de un hogar en la que se encuentran paradojas –muy al estilo de Juan- como tener sobre la parrilla la literatura erótica, justo al lado de una colección de iglesias y de la teología.

Para los libreros de libros leídos cada día es magia, un descubrimiento. “Uno nunca sabe qué le va a llegar. Qué tesoro se va a encontrar. Por esa puerta qué va a entrar. Siempre es una sorpresa y una ansiedad cuando alguien te llama a decir que tiene una biblioteca o te llegan con una caja para revisar. Ese día, de verdad que no duermo”.

Escritores recomendados por Juan, entre voces nuevas y escritores para volver a leer:

● Gustavo Arango
● Luis Miguel Rivas
● Pablo Montoya
● Juan Diego Mejía
● Rubén Pérez
● Germán Espinosa

● Pilar Quintana
● María Cristina Restrepo
● María Cano
● Rocío Vélez de Piedrahita
● Elisa Mújica
● Soledad Acosta

Yo creo que la calidad de lectura de los jóvenes es buena, tienen buen criterio, buena selección pero tienen un problema, el espectro de lectura es muy pequeño, se quedaron con Cortázar, Borges, Dostoievski…, no se atreven a leer la nueva literatura colombiana. Por ejemplo, la generación García Márquez mató muchos escritores. Quedaron en su sombra. Hay una gran cantidad de escritores colombianos de gran calidad, olvidados, no leídos.  Que se atrevan a leer más, no solo a los consagrados porque hoy en día, también se está creando una sombra detrás de algunos escritores”.

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