Fue una conversación íntima entre Víctor Gaviria, Maria del Rosario Escobar, Pablo Mateo Mejía y los asistentes, llena de historias de Dora Ramírez como artista, mujer, madre y maestra de vida. Memorias que para varios de los asistentes fueron reveladoras, facetas de la vida de una mujer que abrió siempre las puertas de su casa para la cultura de nuestra ciudad.
Víctor Gaviria tenía siempre una anécdota que contar cada vez que Pablo Mejía, nieto de Dora Ramírez, le hacía una pregunta, miraba para el frente como si viese una proyección de recuerdos al lado de ella, y contó cómo apoyaba sus producciones cinematográficas, cómo siempre ella estaba disponible para los amigos y cómo todo lo que hacía alimentaba sus obras.
¿Por qué homenajear a Dora Ramírez?
Víctor Gaviria dice:
Por su obra, un golpe de belleza fuertísimo, una sabiduría, por los instantes de gracia de la vida cotidiana. Porque ella estaba siempre en sus obras, porque cuando bailaba también era parte de esa obra que pintó.
Maria del Rosario Escobar dice:
Dora nos va a hacer mucha falta, en ella se resume la vida entera. Lo que tenemos que contarle a los niños que están creciendo es lo que Dora hizo, naturalmente, intuitivamente tan importantes para la ciudad. Todos los artistas que venían a Medellín tenían que pasar por su casa y cuando no había secretaría de cultura en la ciudad, estaba la casa de Dora.