Laura Xue es una ilustradora colombiana con un interés especial en el mundo infantil. Su estilo sencillo le ha permitido acercarse a múltiples temáticas desde la mirada de esa niña interna que habita en su obra, logrando conectar con todo tipo de públicos a través de la imagen. Ganó la residencia de creación de cómic para público infantil “A la altura de tus ojos” convocada por Entreviñetas y los Eventos del Libro de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín, la cual le permitió dialogar de manera cercana con niñas, niños y familias que asistieron al Segundo Festival del Libro Infantil de Medellín.
Una mañana, a orillas del río Aburrá —que atraviesa el valle de la capital antioqueña—, mientras Laura hacía los trazos de lo que hoy es la relatoría en cómic de su paso por el Festival, conversamos de sus travesías visuales por las historias, los encuentros, las emociones y el asombro.
Eventos del Libro (EDL): Si vuelves a tu infancia, ¿qué huellas reconoces en tu forma de dibujar hoy?
Laura Xue (LX): A mí siempre me ha gustado dibujar personas. Tenía una secuencia un poco particular: les dibujaba los interiores, encima, la falda y la camisa. Siempre rayaba mucho con color. Lo que recuerdo de mis primeros dibujos es una sobreposición; llegó un momento en que ya no podía tapar nada más.
EDL: ¿Cuál fue ese primer momento en el que una imagen dejó de ser solo dibujo y se volvió relato para ti?
LX: Sí, recuerdo mucho un cómic, más que todo por los colores. Sentí que las viñetas me estaban hablando directamente. Se llamaba Lola la vaca rosa, era de Ivar Da Coll. Aparecía en una revista que se llamaba Dini. Me encantó mucho poder verlo paso a paso.
EDL: Más allá de los modelos y las instrucciones, ¿cómo fue tu tránsito hacia una práctica más autónoma del dibujo?
LX: Yo tengo una ventaja, digamos que hice trampita, y es que mi mamá es artista plástica. Siempre contaba con una variedad de materiales cerca. Entonces, para mí era normal acompañarla y quedarme rayando al lado de ella, tratando de copiar un poco lo que hacía. Cuando fui creciendo, me empecé a dar cuenta de que no era tan normal; porque cuando iba a las casas de los demás compañeritos, quería colorear y no tenían colores. Al darme cuenta de que esta relación con el dibujo y el color no era tan cotidiana, la apreciaba más.
EDL: En esa relación con el dibujo, ¿qué lugar ocupa la emoción o la experiencia del tiempo?
LX: No sé si esto sea una emoción, pero yo lograba detener el tiempo; era como un superpoder. Me ponía a dibujar y el tiempo se me iba. Me da la sensación de que nada avanza, y eso me da mucha paz.
EDL: Pensando en lo que viviste, ¿qué condiciones crees que hacen posible que otros niños accedan a ese mismo poder creativo?
LX: Siento que una gran parte de que ese poder llegue depende de una persona que acompañe y motive. Pero también ahora hay muchas ventajas. Cuando yo era más niña era más difícil tener colores. Hoy día es diferente, el mundo se ha abierto mucho más a la infancia: hay más colores, imágenes por todos lados. Creo que lo que se debe hacer es apoyarse en todos estos nuevos recursos.
EDL: Desde tu experiencia en mediación, ¿qué desplaza o transforma la lectura de imágenes frente a la lectura tradicional?
LX: Es una experiencia totalmente distinta. La imagen, para mí, ha sido una aliada muy grande, sobre todo con la infancia, porque el niño sí tiene esa capacidad de ver los detalles de la cotidianidad, al no tener otro lenguaje más que la observación. De hecho, en la promoción de lectura uso mucho el cómic, porque he visto el potencial que tiene para comprender el mundo a través de esta guía que vamos haciendo con el libro, especialmente con la imagen. No es mejor que otra forma, solo es diferente.
EDL: ¿Qué aparece en las imágenes que no logra decirse en palabras?
LX: Un niño tiene una capacidad enorme. Logran romper el mundo con mucha naturalidad. Son como: “yo lo pinté acá porque él saltó después de volar tres veces y cayó y está cansado…”. Las imágenes les dan esa posibilidad de decir todo lo que piensan que es real y posible, resguardan su capacidad de creación e imaginación.
EDL: En ese sentido, ¿cómo lees la dimensión emocional en los trazos, los colores y las formas?
LX: A nosotros, en algún momento de la vida, nos enseñan la imagen como una herramienta de comunicación y, a su vez, como una herramienta de instrucciones: rojo para parar, amarillo para avanzar… Olvidamos que se puede ir más allá. Yo creo que uno va vibrando con los colores según el momento y la sensación. Entonces, siento que sí es posible plasmar la emoción que uno tiene en el momento. Por ejemplo, veo el blanco y digo “el blanco me mantiene tranquila”. Es como un juego. Y, si bien uno a veces no es tan consciente de eso, los niños y niñas tienen más claro ese juego en el que los colores tienen personalidad. Además, cuando las personas a veces no se atreven a decir en palabras, usan colores, imágenes, figuras, rayones sin orden, y es más valioso.
EDL: En relación con tu obra, ¿qué tipo de experiencia quisieras activar en quien se encuentra con tus cómics?
LX: Inicialmente, pensaría en mi experiencia de niña. Me gustaría que la primera sensación que tuviera fuera que el niño o lector también puede hacer esto (…) que logre conectar de una manera muy genuina con ellos. Lo que más me interesa es poder estar a la altura de sus ojos. Que el mundo es posible de esta manera y que ellos también entran ahí.
EDL: Después de convivir con los niños en este entorno, ¿qué resonancias personales te deja ese encuentro?
LX: Todo el tiempo (resuena) el genuino asombro de ellos. No solo me identifico desde la infancia, sino que también me permito volver a ella. Yo quiero seguir asombrándome de la vida. Siempre los estoy viendo y están por ahí, corriendo y jugando; no ha habido un momento en el que no estén sumergidos en su mundo. Es como si entendieran que esto les pertenece. Que desde tan pequeños tengan esa capacidad de apropiación y que digan: “Esta es mi casa, esto lo cuido y lo disfruto”. Para mí, eso ha sido importante.
EDL: Ahora que el Festival ha terminado, ¿con qué mirada te quedas de esa experiencia? ¿Qué fue lo que más te reveló ese espacio?
LX: Este es un espacio soñado. De verdad le agradezco a Medellín la propuesta que ha hecho con el libro. Sé que esta es la segunda versión del Festival, pero he tenido la oportunidad de conocer un poco la Fiesta del Libro y las dinámicas que allí ocurren. Algo que siempre me ha impactado y que no me deja de sorprender es encontrar la posibilidad de narrar en un entorno abierto, que es para todos: para quienes leen y escuchan historias, para las aves, las flores, los perritos, las mariposas… Acompañar la residencia me permite no dejar de asombrarme del potencial de las cosas.
Ahora entran los colores, las imágenes, los juegos, las dinámicas y lo que uno ve: las familias y los niños. No ha habido momento en que yo descanse. Ha sido una experiencia que me ha llenado no solo en mi capacidad creativa, sino también como persona. La Laura que llega no es la Laura que se va. La residencia te abre un hogar, una casa en donde entras a transformarte a través de los libros, las historias, la narrativa y los niños. Yo realmente estoy muy conmovida y agradezco mucho haber llegado hasta acá, porque es un sueño.
EDL: Si tuvieras que nombrar hoy esa experiencia en Medellín, después de haberla vivido, ¿cómo la definirías?
LX: Pienso que ha sido una travesía amorosa. Me embarqué en una barquita que navega aguas muy profundas, y me ha enseñado a amar muchas cosas: personas, momentos, libros y muchas dinámicas. Siento que mi travesía más valiosa aquí ha sido enamorarme nuevamente de todo.



