En 2016 Rafael Sica, dibujante de la ciudad de Pelotas, en el sur de Brasil, nos mostró una serie de dibujos de fachadas antiguas para publicar como un libro. En cada casa había una situación diferente, cotidiana, extraña o hasta fantástica. Se nos ocurrió editar la publicación como un acordeón, de modo que al abrir el libro, este quedaría de pie y formaría una calle sobre la biblioteca o mesa del lector. A Rafael le gustó la idea y, cuando le preguntamos si tenía algún deseo especial para el libro, nos comentó que le encantaría una tapa dura forrada con tela y serigrafía. ¡A presupuestarlo nomás!
Cuando llegó el valor de ese deseo, tuvimos lo que nos gusta llamar un “mini-infarto”. El costo de la tapa representaba todo el valor que teníamos para el libro. El formato nos parecía fundamental ya que permitía una relación entre forma y contenido que funcionaba muy bien. Pero un formato poco convencional como un acordeón, también llamado de leporello, ya sería bastante costoso por su complejidad y trabajo manual.
Al buscar alternativas para la tapa, encontramos a un cartón que era vendido ya con uno de los lados pintados. Decidimos entonces comprar diferentes cartones e imprimir la tapa en serigrafía, también variando las tonalidades de tinta. Con el nuevo presupuesto, más amigable, dimos luz verde. Y al final el resultado dejó el proyecto aún más interesante: conseguimos crear diferentes combinaciones de tapas (o fachadas) para el libro Fachadas.
Cuento este ejemplo de mi faceta como editora porque esa experiencia nos mostró la potencia que tienen los límites en el proceso creativo. Por más que cueste, desconfiar de nuestras primeras ideas no solo es sano, sino también importante. No debemos desesperarnos cuando no se puede seguir el plan A, porque muchas veces el plan B, o inclusive el C, pueden ser mucho más estimulantes.
Editar es algo que atraviesa mi día a día. Sea en la editorial, en las librerías, en las ferias que organizamos, es algo que está constantemente presente y que es parte de las tareas cotidianas. Editar es elegir. Es dejar algo afuera – pero también, naturalmente, dejar algo adentro. No siempre me es una tarea fácil, pero lo hago porque tengo la convicción de que trabajar dentro de límites, en general, llega a mejores destinos.
El libro Fachadas, que publicamos en 2017 por Lote 42, circuló (y circula) mucho en ferias de arte gráfico. Son eventos donde editores y artistas independientes muestran sus publicaciones, afiches, libros-objeto y demás creaciones impresas, que seducen las manos y los ojos del público.
En una feria de arte gráfico, descubrir libros lleva tiempo. Esas producciones se deben ver de cerca, invitan a sentir el papel, sorprenderse con la terminación, descubrir el interior. Y es común encontrar al propio artista o editor detrás de la mesa, que cuenta detalles del proceso creativo.
Cuando abrimos la librería Banca Tatuí, las ferias de arte gráfico se empezaban a multiplicar en Brasil. Era 2014, el público se interesaba cada vez más por ese tipo de producción, pero no existían muchos lugares para encontrar libros alternativos. Ese mismo año creamos la Feira Miolo(s) en la Biblioteca Mário de Andrade. Pero hay una característica natural de cualquier evento: es efímero, tiene un día para empezar y un día para terminar.
La Banca Tatuí surgió como una feria permanente. Un lugar donde se encuentran libros sin lomo, fanzines, publicaciones que a nosotros nos fascinan pero pueden dar piel de gallina a muchas tiendas porque son pequeños y se pueden perder, o frágiles y se pueden dañar. Son publicaciones con formatos diferentes, con usos creativos del papel, entre tantas posibilidades del arte gráfico. Hay libros más comportados en su formato, debo decir, pero osados en su propuesta de contenido; siempre de editoriales, colectivos y artistas independientes.
Banca de jornal en portugués significa puesto de diarios. Son espacios en el escenario urbano que, con el consumo de información cada vez más digital, vienen perdiendo relevancia. Cuando creamos la banca — y acá hablo en plural porque en todos estos proyectos estoy junto a João Varella, mi socio y compañero — ya era visible encontrar en las bancas cada vez más productos que no tenían ninguna relación con diarios y revistas. En su época, eran desodorantes y chancletas. Hoy se pueden comprar productos para celular, inflables y mochilas.
Al fundar la Banca Tatuí, en el barrio de Santa Cecilia, en San Pablo, queríamos recuperar la vocación cultural de una banca de jornal, un puesto de diarios. En Brasil, en estos puestos, era común encontrar cómics y libros, además de periódicos y revistas. En nuestro espacio, cumplimos todas las exigencias de una banca de jornal de la municipalidad de San Pablo – incluso la obligación cuestionable de ser gris por fuera, aunque en nuestro caso le pintamos un padrón gráfico y quedó más linda. Pero en Banca Tatuí, en vez de encontrar aquellos impresos de mayor circulación, están los diarios, revistas, fanzines y libros de artistas independientes. Todo dentro de las reglas.
En nuestra librería-banca, tenemos 6 metros cuadrados para trabajar. Es una librería con una curaduría clara: arte gráfico y publicaciones independientes. Dentro de ese recorte, de todas maneras, hay mucha, mucha producción. En 12 años, la escena de arte gráfica creció, se diversificó y sigue muy viva. Lo vemos de cerca edición tras edición de la Feira Miolo(s), un evento anual y gratuito (tanto para quien expone como para quien lo frecuenta) por el que pasaron ya más de 1000 artistas y editoriales independientes.
Elegir también es renunciar. Esa palabra puede parecer negativa, pero es necesaria para construir la propuesta y personalidad de un espacio. En nuestro caso, la curaduría también va de la mano de la gestión de la librería, que implica un esfuerzo cotidiano, muchas veces invisible al público externo. De hecho, esa es talvez la principal angustia que tenemos: acompañar la producción inmensa y creativa de artistas gráficos y no poder llamar a todos los que nos gustaría. Pero tomamos mucho cuidado para poder trabajar bien los libros y tener una buena organización de ventas y stock. Priorizamos la gestión para poder, poco a poco, seguir creciendo. Damos pasos lentos, pero continuos.
Hoy la Banca Tatuí abre de lunes a lunes, tiene una tienda virtual con entrega a todo Brasil y participa de ferias y festivales.
Entiendo la curaduría como una mirada. No como algo bueno o malo, sino un punto de vista. Un recorte, un marco. Al tener un marco claro, el público de una librería también se acerca sabiendo qué encontrar. Puede ser que no llegue con un libro específico en mente. Pero sí puede sospechar qué tipo de sorpresa se llevará al recorrer el espacio.
Hace dos años, en la misma calle Barão de Tatuí apareció un local de 20 metros cuadrados para alquilar. Era 2024 y decidimos tomar otro paso: la Livraria Gráfica, esta vez enfocada en libros sobre libros. Durante todo el año de 2025 la selección fue hecha a partir de los libros de Banca Tatuí. Fue un ejercicio interesante hacer un recorte dentro de la curaduría “tatuina”. En enero de este año tomamos un paso diferente: pasamos a trabajar con distribuidoras. Se mantuvo la temática pero se amplió el abanico de editoriales para la Livraria Gráfica, y también cambió el modelo de gestión.
Podría parecer un recorte muy específico – y de hecho, lo es. Pero hay una inmensidad de posibilidades dentro de ese tema. Libros sobre diseño gráfico, sobre la historia de la tipografía, novelas con personajes autores, libros de historia de la edición. ¡Ya nos está quedando chico el espacio! Y mes a mes, con eventos afines a esa temática, se va construyendo un público propio, una comunidad.
La Livraria Gráfica y la Banca Tatuí están dentro de un ecosistema de librerías de la ciudad de San Pablo que está pasando por un momento muy fértil. La capital paulista ciertamente no refleja la situación de todo el territorio brasileño, pero creo que la curaduría es una clave fundamental para entender el nacimiento reciente de tantas librerías.
Hay librerías infantiles, especializadas en arquitectura, otras en gastronomía, en fotolibros, en libros sobre fútbol. Esas propuestas tan singularmente diferentes son necesarias. Si todas vendieran lo mismo, la magia de ir a una librería para dejarse sorprender, se perdería. En un país con pocos índices de lectura, sin la protección de una ley de precio único y con gigantes de tecnología avanzando sin escrúpulos, la competencia del mundo virtual es constante y presente. Diferenciarse entonces con una curaduría específica, que se refleja en el ambiente, en los eventos y en los libros de las estanterías, parece ser un camino posible.
A fines del 2025 realizamos colectivamente un mapa de librerías de calle de São Paulo. Juntamos a 37 librerías de calle, desde muy pequeñas a otras un poco mayores. Arriesgo decir que la Banca Tatuí era, en metros, la más chiquita, aunque una de las más viejas.
El mapa tuvo una tirada de 40 mil ejemplares que la financiamos inicialmente con una vaca entre las librerías y que se complementó con apoyos y patrocinios de editoriales, distribuidoras, empresas de metadatos, una imprenta y una fabricante de papel.
El impacto fue mayor de lo que imaginábamos. Se generó un furor por el mapa. De hecho, en dos meses se agotó. Y eso se tradujo en más visitas a las librerías y a una valorización de esos espacios tan importantes para cualquier ciudad.
De ese proyecto nació otro: la Noche de las librerías, que alcanzó una escala nacional, de norte a sur del país. Dimos instrucciones claras: si sos librería, armá un evento para el 23 de abril, el Día internacional del Libro, y mandanos los detalles para que lo subamos a la página web. Tuvimos más de 90 eventos en los estados de Rio de Janeiro, Minas Gerais, Goiás, Espírito Santo, Rio Grande do Sul, Pará, Santa Catarina, Rondônia y Paraná, además del Distrito Federal (Brasília).
Fue una suerte de festival autogestionado y que tuvo un alcance muy fuerte. Lo más bonito, para mí, fue ver como cada evento respondía a la vocación de su librería. En la Banca Tatuí hicimos una acción de serigrafía con tinta fosforescente. En Livraria Gráfica, un encuentro de lectura silenciosa. Y hubo todo tipo de eventos, desde karaoke, teatro de sombras para niños, lecturas, shows y tantas, tantas cosas.
Creo fuertemente que como libreros podemos encontrar una voz propia. Y esa voz puede responder a los deseos e inquietudes que cada uno tiene dentro de sí. De esa manera, podemos trabajar con intención y con intuición. Y eso hace el trabajo mucho más llevadero.
Hemos trabajado así con nuestra editorial, nuestras librerías, ferias y actividades. Siempre encontramos algunos locos por el camino que también se identifican con esta forma de ver el mundo. Hasta ahora, seguimos de pie y con energía para más.
Muchas gracias.