Las diásporas

 

Cada cuerpo guarda bajo su piel una historia común de la humanidad: somos nosotros al tiempo que somos los otros. Venimos de migrantes africanos que hace sesenta mil años se aventuraron a recorrer el mundo en búsqueda de paisajes desconocidos. Después de una larga travesía, en la que por periodos se dispersaron, volvieron a encontrarse para dar origen a generaciones que son la cosecha de los aprendizajes culturales y biológicos sembrados en el camino. Hoy, mujeres y hombres, continuamos la marcha esperando hallar en ella una nueva posibilidad de ser, de pertenecer, de volver a inventar la vida que nos fue dada.

Los humanos migramos porque en el desplazamiento anida nuestra esencia. Nos mudamos de barrio, de ciudad, de país. En ocasiones abandonamos aquello que nos fue impuesto: el nombre, la familia, el hogar, una nación, porque sabemos que ya no estamos obligados a conformarnos con nada que no sea elegido por nosotros mismos. Ahora podemos exiliarnos de nuestro sexo, abandonar antiguas maneras de pensar. Invertimos el orden establecido socialmente, puesto que nos hicimos conscientes de que podemos tener uno propio.

El equilibrio universal está en el movimiento. Desde el microorganismo más pequeño hasta el planeta más grande que orbita en el espacio cambian constantemente de posición y, aunque por momentos pueden parecer inertes, nunca se quedan quietos. En ese ir y venir de habitantes de la naturaleza, nos relacionamos para armar este conjunto de seres diversos, convirtiéndonos así en una unidad donde todos dependemos de todos.

¿Hacia dónde será nuestro próximo viraje? ¿Por qué se renuncia a un territorio conocido y se busca uno nuevo para echar raíces? ¿Qué puede aportar esto a las sociedades actuales? ¿Cuáles son las nuevas y posibles formas de migrar de las diferentes especies vivas? En los Eventos del Libro 2020 seremos nómadas que reunirán lenguajes, miradas, voces para narrar las historias que cada uno ha recolectado en su viaje personal. Seremos la casa hospitalaria de los caminantes que llegan a nuestra ciudad buscando un descanso, una mano amiga, una hermandad dada por las palabras y la imaginación.

Y como siempre, la invitación a sumergirnos en el universo paralelo de los libros que son, por demás, la más afortunada metáfora de cualquier viaje, un curioso vehículo que nos lleva por encima del tiempo y la distancia y que, muchas veces, aún después de terminar su lectura y dejarlo de nuevo en el anaquel, nos premia con la grata sensación de que la aventura no ha terminado.

adminManifiesto Las Diásporas