Cuando la lectura se transforma en objetos ilustrados

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Éramos el mar y yo suena a verso de un poema, proyecta en la mente un encuentro sublime de dos seres que están hechos para mirarse, reconocerse en sus distintas facetas y acompañarse en los tiempos de agitación y calma.

Alejandra Gómez Calle creó en abril de 2017 el proyecto artístico Éramos el mar y yo, un emprendimiento en el que se combina el diseño, la ilustración y la literatura para plasmar en objetos ilustrados las palabras y versos de autores de otros tiempos. Esta iniciativa, como lo cuenta Alejandra, fue tomando forma a partir de sus experiencias laborales y académicas, pero sobre todo, su amor a las historias: “Trabajé en el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín, allí comenzó la cercanía con los libros, la literatura, los autores… hacíamos una pieza que llamábamos ‘el coleccionable’, era un fragmento de un autor con su respectiva ilustración, de ahí me surgió el gusto por ilustrar literatura”.

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Antes de Éramos el mar y yo, Alejandra ya había creado otro emprendimiento bajo el nombre de Mar de enredos, el cual nació en una época en que vivió en Barcelona y que tenía su origen en la identificación que siempre ha sentido con el mar, además, con una sensación de ese momento de su vida. Con el tiempo, este nombre comenzó a volverse en una carga para ella: “… me estaba volviendo la vida un enredo (risas), yo me estaba haciendo un sabotaje. Una persona muy especial me dijo que yo era como el mar, sereno por fuera y turbulento por dentro, el mar es un ser que lo refleja a uno en toda su inmensidad de sentimientos, de niveles de profundidad. Me dije: ‘ya no quiero ser un enredo’, pero la figura del mar la quiero seguir teniendo. Éramos el mar y yo no es más que yo con yo, es mi reflejo y figura, pero más sensible”.

Más que una marca o un proyecto de negocio, la iniciativa de Alejandra está ligada a su esencia, sus gustos y exploraciones, es un “lienzo en blanco”, como ella misma lo define, en el que no solo se elaboran de forma cuidadosa objetos ilustrados, ya que otras expresiones artísticas tienen cabida para crear imágenes a partir de procesos creativos complejos.

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Sobre esto último, algunos imaginarán que se trata de seleccionar fragmentos de autores, colores y tipografías, pero para Alejandra va mucho más allá. Por una parte, ella prefiere seleccionar escritores cuyas obras ya se encuentren en el dominio público, asimismo, repasa los textos para encontrar conexiones y genera un banco de referencias de la obra: “Me fijo en la longitud del poema o fragmento, porque me gusta que hagan parte de la etiqueta del producto. Estudio sobre su vida, cómo fue, miro imágenes… Investigar a Emily Dickinson me causó muchas sorpresas, ella tenía unos diarios de botánica preciosos, entonces ligué cosas que estaban detrás de ella a los objetos”.

Hasta ahora, Éramos el mar y yo suma dos colecciones, una de la poeta argentina Alfonsina Storni y otra sobre la poeta estadounidense Emily Dickinson. En ellas, Alejandra ha creado vasos, camisetas, pashminas, pines, postales, llaveros, espejos, bolsos, cartucheras, libretas, cuadros, entre otros, para llevar la literatura a objetos cotidianos. Cuenta además que elaborar cada uno de estos productos implica revisar todos los detalles y pensar con mucho detenimiento.

Cuando Alejandra participó por primera vez en los Eventos del Libro en 2019, se sintió muy orgullosa de su emprendimiento al ver que las personas se conectaban con cada objeto ilustrado: “… no es lo mismo estar en un bazar cualquiera que estar en Eventos del Libro, ahí está la gente a la que uno le quiere llegar. Estar en Fiesta fue muy gratificante, muchas personas conocen la marca, uno se llena de emoción. Aquí la gente se conecta y entienden el sentido… para mí ha sido muy satisfactorio”.

Durante la conversación, Alejandra siempre habló en plural, y es que próximamente llegará su primer hijo, Emmanuel, quien desde ya ha inspirado nuevas ideas para Éramos el mar y yo. Mientras tanto, este proyecto artístico sigue fortaleciéndose, ideando otras formas de leer, que en este caso, no vienen plasmadas en hojas y carátulas, sino en objetos ilustrados que son ventanas a la lectura y a nuevas historias.

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