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Hormigas

Por admin en Agosto 6, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Hormigas

Por: David Eufrasio Guzmán    David_Eufrasio.JPG

No sé si es ganar o perder la batalla pero me he empezado a tragar las hormigas que flotan en el café. Siempre estoy atento a la pantalla y cuando menos pienso ya escalaron el pocillo y se lanzaron resueltas hacia el líquido. Al principio las sacaba con la yema del dedo, aprisionándolas contra la pared de cerámica, o tiraba el café por el desagüe del lavaplatos y me servía de nuevo, pero ahora, después de tanta energía desperdiciada en mis intentos por echarlas, cada nueva hormiga que se aventura a embriagarse en mi pequeño estanque portátil de estimulación temprana tiene que vérselas con mis candelas gástricas y mis lombrices.

Una noche hace tres meses, Diana se levantó sonámbula como suele hacerlo, se comió una rebanada de bocadillo y dejó el lingote de guayaba sobre el poyo de la cocina. A la mañana siguiente lo encontré cubierto de hormigas, parecían quererlo cargar mientras enterraban sus mandíbulas en el rojo dulce. Soplé y limpié la lonja con una servilleta, la guardé en la nevera y observé a las hormigas: se dispersaron por todo el primer piso. Durante ese día las estuve siguiendo y descubrí que tenían su nido en una esquina del balcón, debajo de una matera cuya base se levantaba del piso algunos centímetros. Nunca antes las había visto en el apartamento y lo primero que pensé fue en las razones que tuvieron para abandonar su hormiguero en algún noble árbol o zona verde en medio del cemento y venir a colonizar unas aburridas paredes.

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¿Sería el aire de la ciudad, podarían el soporte del hogar, llegaría un taladro de pavimento a ensordecerlas, un depredador? O quién sabe si las atrajo alguna fragancia, asaltaron el edificio y comenzaron su peregrinación hacia este cuarto piso donde vivimos dos adictos al dulce y dos gatos que prefieren las chapolas. O qué tal que las hayan ido desplazando de todos los apartamentos a punta de veneno hasta que llegaron al último, tantas opciones… parece ser que en el mundo, donde siempre hay algo pudriéndose, también hay unas fuerzas permanentes e intocables que nos hacen mover, y que se mueven y circulan en sí mismas, por eso el planeta es redondo y está vivo, de lo contrario, si fuésemos estáticos, adquiríamos otras formas que nos desdibujarían en polvo antes de tiempo.

Las hormigas ahora son ubicuas dueñas del apartamento. A veces, antes de saltar al café, cruzan la pantalla, recorren mis párrafos, se detienen en alguna palabra y continúan como caracteres vivientes que quieren hacer parte de otra frase, de otro pensamiento, fecundar una de estas letras, salirse libre de las márgenes. No se puede dejar una gota de piña en el suelo, una miga en el escritorio, un grano de azúcar en la mesa, todo lo invaden. Cuando quise expulsarlas con remedios caseros me di cuenta de que siempre encontraban un mejor lugar para salir adelante. De la matera emigraron a la pared, la entrada era una ranura que resané con yeso, un taponamiento que las hizo escalar al segundo piso para coronar las tablillas del techo donde ya son inalcanzables.

A veces pienso que si las hubiera dejado tranquilas en el balcón no hubieran hecho nidos en todos los demás puntos de la casa, o tal vez sí, y esa es su naturaleza, su forma de multiplicarse y sobrevivir. Son una nueva especie, las hormigas de apartamento. Las respetamos, las soplamos de los platos, pero no dejamos nada mal cerrado, ellas, como Diana cuando está sonámbula, saben hallar su alimento. También saben que son el mío.

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David Eufrasio Guzmán fue uno de los escritores invitados durante el mes de junio a Si una lectura en voz alta… Un sueño. En el canal de YouTube de Eventos del Libro puedes volver a ver este encuentro.

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Librería Interuniversitaria, un universo de páginas abiertas

Por admin en Agosto 4, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Librería Interuniversitaria, un universo de páginas abiertas

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Por: Valentina Correa Restrepo – Eventos del Libro

Una historia de amor por la literatura se ha escrito por más de 20 años en los estantes de la Librería Interuniversitaria, un lugar para los más curiosos lectores.

Cuando se visita el Paraninfo de la Universidad de Antioquia solo se puede pensar en historias, en cada uno de los relatos de estudiantes y profesores que han llenado de conocimiento sus pasillos durante años. En este lugar, en medio de las experiencias y referencias académicas, está la Librería Interuniversitaria, un espacio para los amantes de la lectura y el aprendizaje.

Este lugar tiene vida propia. Declarado Monumento Nacional en 1982, es un espacio de ciudad que se caracteriza por la conservación del patrimonio cultural. Esta zona de Medellín es capaz de transportar a otras épocas. Allí es fácil imaginarse a damas antiguas desfilando con sus sombrillas y caballeros de sombrero, tal vez con poncho y carriel. Un lugar ideal para conocer las historias de la urbe, mientras se disfruta de un buen libro.

El Paraninfo es un lugar de páginas abiertas. En él se escriben un sinnúmero de historias: estudiantes que se mueven de un lado a otro, padres orgullosos que ven a sus hijos recibir sus títulos universitarios y profesores que, con paciencia, se toman un café recordando sus sueños juveniles.

Como si se tratara de un reino de lectura en el que habitan muchos personajes, María Eugenia Berrío Puerta lleva más de 10 años entregando sus días en este lugar. Allí ha visto pasar generaciones de estudiantes y clientes que buscan en los libros un encuentro con la verdad de las palabras. Cuando habla de su recorrido no puede evitar el brillo en sus ojos, los mismos que se cierran con timidez al sentir una cámara enfrente suyo. Ella logra que los visitantes se lleven a casa un compañero ideal, desde lo académico hasta las más apasionantes aventuras, uno que les ayude a inspirarse, transportarse, aprender y sentir lo que solo los libros logran.

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Aunque María Eugenia encontró en los libros su lugar ideal, no fue este el primer trabajo que desempeñó. Pasó de una empresa de decoración al mundo literario donde decidió quedarse. Trabajó durante siete años en la Librería Científica y, finalmente, llegó a la Librería Interuniversitaria, donde en medio de cafés y tertulias encontró el espacio ideal para seguir conectada con los libros y los lectores. “Las personas entran y se sienten en otro lugar, se desconectan del Centro”, cuenta con emoción María Eugenia, quien recuerda con cariño a todos sus clientes.

“Me quise quedar en la librería porque me gustó mucho el conocimiento que uno adquiere con tantos libros, tantos clientes, tantos temas. Todos le aportan a uno”, agrega la librera mientras ojea uno de los libros ubicados en una mesa pequeña. María Eugenia siempre se muestra amable y cercana, respira profundo cuando habla de la tranquilidad que le genera habitar este lugar lleno de letras y encuentros.

La Interuniversitaria nació de la alianza de cinco universidades: Universidad de Antioquia, Universidad Nacional, Universidad Eafit, Universidad Pontificia Bolivariana y el Politécnico Jaime Isaza Cadavid. Estas instituciones querían propiciar un lugar ideal para estar más cerca y generar encuentros alrededor de la lectura. La Librería Interuniversitaria cuenta con tres sedes: en el Paraninfo de la Universidad de Antioquia, la Alianza Francesa y la Universidad Nacional.

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Entre risas, María Eugenia comenta que algunos de sus clientes pueden visitar la librería casi todos los días. “Ellos tienen una adicción a los libros, compran tantos que en ocasiones los quieren esconder para no tener problemas en sus casas, piden que no se los empaquen para poder decir que se los regalaron o se los prestaron”, agrega que “los libros son el conocimiento”, dice ella. “Cuando se tienen más conocimientos se amplían las visiones de las cosas, se ven de manera diferente y se obtiene un mayor criterio para opinar. Eso abre a la gente para que pueda tomar mejores decisiones y vivir mejor”.

Esta librera destaca entre sus visitantes a importantes profesores y periodistas como Héctor Abad Faciolince y personalidades de la política como Sergio Fajardo, quien también es profesor. Precisamente la librería fue creada para el público académico, enfocado en la ciencias sociales y humanas. Además, dice que los libros más vendidos son los de literatura colombiana, con autores destacados como Héctor Abad Faciolince, William Ospina y Tomás González. Se destacan también relatos sobre la historia de Colombia y literatura clásica. Gran parte de los visitantes de la librería son adultos, aclara María Eugenia.

“Es difícil recomendar un libro, pero lo primero que hacemos es saber si la persona ha leído algo para uno guiarse. Lo que uno hace es empezar a conversar más para ver qué pistas logra tener y poder asesorarlos”. Para María, sus clientes son la razón por la que siguió su vida como librera, por eso, guiarlos es uno de sus principales objetivos: “La librería se destaca por satisfacer al cliente en sus necesidades”, comenta mientras observa a uno de los visitantes recorrer la librería.

Esta librera habla con orgullo de la buena relación que tiene con sus compañeros de trabajo: “Lo más importante es que siempre nos llamamos y nos ayudamos” resalta María Eugenia—, quien habla de los encuentros que tiene con sus colegas, a los que orgullosamente también llama amigos.

En este rincón de la ciudad habitan sus sueños, donde vive rodeada de sus libros y personas importantes que hacen parte de su familia y de su historia. Las páginas de la Librería Interuniversitaria se seguirán escribiendo mientras haya personas que sigan creyendo en el poder de los libros, su esencia y vida.

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Y las brujas se tomaron la ciudad

Por admin en Julio 24, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Y las brujas se tomaron la ciudad
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Por: Luis Galar – Eventos del Libro

La participación en una feria de ilustración en Londres, explotó en forma de editorial independiente en Medellín, aportando a nuestro medio una propuesta de impresión que reconquista la acción artística, tanto para la ilustración como para la publicación de libros. Juegan, en este caso, la inventiva y las posibilidades que una redescubierta técnica de impresión de origen japonés ofrece a quien busque, entre otras cosas, devolver el “cariño por la impresión”. Nos referimos a la risografía.

Todo esto sucede en La Bruja Riso, quienes por estos días están estrenando su sitio web para acercarse al público debido al cierre de su sede–taller consecuencia de la pandemia que golpea al mundo en la actualidad. Varias cosas llaman la atención de esta propuesta editorial: lo primero, el nombre. Un nombre nutrido de significado y simbología, de esos que se quedan grabados en la mente con gran facilidad, debido a su carácter único. Destaca, además, el hecho de ser heredero de apuestas en el orden cultural, ese eterno reto de nuestros gestores culturales, que esta vez unidos dan lo mejor de sí tras un proyecto que despierta simpatía y aprecio. Jimena Escobar, ilustradora; Luis Echavarría, historietista, y Andrew Smith físico, amigo de “compartir conocimientos y saberes”, quienes uniendo sus talentos hacen posible esta experiencia editorial en nuestra ciudad.

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La técnica

La técnica Riso se desarrolló en el Japón de la posguerra, con base en dos elementos claves: uno, la tinta Riso ink y, en segundo lugar, la impresora, que, lejos de entrar a competir con el mercado de las fotocopiadoras, despertó la creatividad de diseñadores, artistas gráficos y editores en el mundo, pues en las máquinas riso se conjugan la velocidad de impresión con el uso de tintes y texturas que permiten trabajos de gran originalidad, ya que, además de economía, el método representa una posibilidad sostenible de impresión fundada en el uso de tintas a base de soja.

Para difundir esta técnica, en La Bruja Riso se adelantan talleres de edición en los que se aborda la práctica editorial desde diferentes perspectivas. Así, el Booktrek Laboratorio de edición (dirigido por Ferran el Otro, editor con amplia experiencia) es –tal y como bien lo expresa la convocatoria a este taller de edición– “una respuesta a la tendencia de proliferación. Está organizado para ofrecer una visión completa del proceso de la práctica editorial”. Se desarrolla en tres módulos: 1.) De la idea al proyecto 2.) Del proyecto al producto y 3.) Del producto al público. Trazando el camino para que propuestas de este género se expandan en nuestro territorio a fin de que lo creativo y, por qué no, lo divergente tengan una posibilidad de expresión nueva en nuestro contexto. Actualmente está para dictarse el módulo tres, el cual está dirigido a todos aquellos que quieran capacitarse en dos temas esenciales en la consolidación de todo proyecto editorial: la circulación y la distribución del libro.

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Los eventos

La participación en diferentes eventos de ciudad hace parte importante de la agenda de La Bruja Riso, pues algo sorprendente del libro, gracias a la técnica propuesta, es el doble objeto manifestado; por un lado, la impresión, y, por el otro, el contenido, dualidad que permite la elaboración de obras únicas en el contexto editorial. Esto, además, nos reconfirma como los seres humanos que somos: hechos para la emoción, para el sentir y para el placer proporcionado por las cosas. De ahí que estas nuevas técnicas de impresión juegan un papel esencial al recomponer la relación del ser humano con lo impreso.

El Faire, conocido especialmente por su feria anual de ilustración, historietas y fotografía; Lo doy por que quiero, podcast preocupado por poner el conocimiento a disposición de todos los públicos, y La Chimenea – laboratorio de historieta auto-gestionado; de esta mixtura nació La Bruja Riso, proyecto abierto para aquellos que quieran incursionar tanto en su propuesta de taller de edición como en la autopublicación o en la impresión bajo demanda, ampliando las posibilidades para escritores y amantes del libro en la ciudad.

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Asistir a la Fiesta del Libro y la Cultura del 2019 forjó lecciones importantes. En primer lugar, La Bruja Riso asumió el manejo de un estand donde se recogió la exhibición de varias editoriales dedicadas a la autopublicación, permitiendo la proyección ante la ciudad tanto de su propio trabajo editorial como el de otras entidades, cada una con su particular propuesta de impresión. La puesta en práctica de una escenografía –imprimiendo afiches y reciclando algunos otros– permitió que el estand atrajera la atención de los visitantes a la Fiesta, un buen ejemplo de cómo estimular la emoción gracias a la disposición visual de los elementos a exhibir, lo cual genera recordación y empatía con respecto al producto. Esto nos recuerda lo que narra el escritor español Jorge Carrión refiriéndose a los espacios de exhibición de libros, de la que dice que es

arquitectura para el placer y la emoción, que anula cualquier barrera entre el lector y el libro y jerarquiza convenientemente la oferta, en la cual el librero actúa como coreógrafo […] y dispone los elementos afectiva y efectivamente para estimular la memoria del lector y canalizar su elección. (Librerías. Anagrama, 2013)

Hoy los tiempos han determinado nuevas acciones. Por ahora, la inventiva se traslada a la web con la creación de un e-commerce (https://www.labrujariso.com/) en el que se navega con amabilidad. Además, continuando con su política de cercanía con autores y lectores, se brindan desde la página posibilidades para la adquisición de materiales impresos, así como para la publicación desde la facilidad y economía que permite la técnica.

Larga vida, pues, a esta propuesta que justifica su existencia desde esa ansia de conocimiento entretejida en una sociedad tan diversa como la nuestra, unos primeros pasos que nos alientan, pensando en que es posible, mediados por el libro y la lectura, forjar mejores ciudadanos.

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Juan Diego Zuluaga: percibir el mundo desde los sentidos

Por admin en Julio 9, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Juan Diego Zuluaga: percibir el mundo desde los sentidos

El director de La Rueda Flotante, conversó con nosotros sobre su trabajo artístico bicultural con el teatro sordo y ciego. Será uno de los invitados en la 12.ª Parada Juvenil de la Lectura.

Por: Valentina Correa – Danilo Arias

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Cuando observamos por primera vez el teatro de sordos, los que hemos tenido la oportunidad de ver teatro tradicional, nos quedamos asombrados al descubrir la manera en la que el ser humano se adapta, vibra y modifica su cuerpo. También es increíble el sentimiento de libertad que habita en él y sus diferentes métodos de comunicación, a pesar de cualquier limitación física o de los sentidos. 

“La piel es nuestro lugar de encuentro, expandiendo los sentidos para transformar realidades”. Así es como Juan Diego Zuluaga, historiador y Magister en estética, define el cuerpo como instrumento que posee el ser humano para producir arte, a propósito del trabajo cultural y social que desarrolla desde La Rueda Flotante, una corporación que fundó en 2012 y que cuenta con el único grupo semiprofesional de teatro sordo en el país. Una experiencia única relacionada con el no ver y el no oír.

¿Cómo nació La Rueda Flotante?

Somos una corporación sin ánimo de lucro que desarrolla procesos de arte y lenguaje con personas sordas y ciegas. Creo que eso ha sido lo innovador, porque si bien existen organizaciones que trabajan con personas con discapacidad y con personas sordas, no había una entidad que se dedicara a hacer arte sordo y ciego.

Esa es una de las fortalezas y uno de los factores que nos ha permitido el reconocimiento en países como Chile por ser una propuesta de innovación social y artística. 

Nacimos en 2012 y en el 2016 empezamos una participación activa en los Eventos del Libro, en donde también hemos tenido la posibilidad de abrir un espacio en la ciudad como entidad aliada. Todo esto nos ha permitido un reconocimiento en la ciudad desde la literatura accesible y otros contenidos en función  del lenguaje.

¿Cómo inició el proyecto de teatro sordo?

Fue en 2013 como una propuesta de acercar a las personas sordas a procesos de artes escénicas en la ciudad, potenciando toda la gestualidad innata y natural en ellos. Con esa experiencia visual iniciamos con talleres junto a la Asociación Antioqueña de Sordos. Convocamos a jóvenes para iniciar un proceso de acercamiento al teatro desde la experiencia visual y gestual. 

No sabíamos que existía el teatro de sordos como una técnica dentro de la categoría de arte en el mundo y, cuando empezamos a investigar y descubrir que había otras compañías y escuelas de arte sordo y que ya había una tradición de cien años, empezamos a entender que es un teatro hecho en lengua de señas y que parte de esa experiencia visual y gestual es propia de ellos.

Hay tres técnicas: la pantomima de sordos, natural y propia de la persona sorda; el vernáculo visual, una experiencia visual de interpretar el mundo; y finalmente el teatro señado, dialogado, pero en señas.

¿Cómo ha sido ese proceso?

Ha sido un proceso ante todo de formación, de formar sordos en el teatro y en este momento, después de siete años, ya tenemos un grupo muy sólido en cuanto a la técnica. Actualmente está dirigido por Sebastián Arenas, un joven sordo, practicante de karate y estudiante de derecho. 

Él en 2016 asumió la dirección porque lo que buscamos es que este teatro sea hecho y creado por las mismas personas sordas. Eso es un reto muy grande, pero afortunadamente lo hemos asumido y tenemos un proyecto de producción y creación escénica que pone a circular sus obras en festivales nacionales e internacionales, así como en mercados culturales, generando inclusión laboral desde el arte para las personas sordas.

Que Sebastián sea el director nos ha puesto en un nivel internacional de competencia muy importante a través del Festival Internacional de Arte Sordo y gracias al apoyo de diferentes entidades, este año vamos a realizar la octava versión en octubre y hemos invitado a más de 32 artistas sordos de más de diez países.

¿Cuál es el balance que hace hasta ahora de ese Festival?

Ha sido un espacio de investigación y de abrir mercados culturales para personas sordas en la ciudad. Eventos como el Festival nos hace cada vez más conscientes de la necesidad de proyectar una ciudad totalmente innovadora e incluyente. 

Medellín debe ser un foco de turismo y de innovación social para la inclusión. Actualmente desde la Alta Gerencia para la Discapacidad de la Presidencia de la República, se piensa mucho en turismo accesible y ciudades accesibles, incluso se habla de ciudades azules; el color con el que se representa la discapacidad.

 

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¿Por qué el nombre de La Rueda Flotante?

Conversando con un amigo, un maestro de teatro y danza de la ciudad, apareció ese nombre. Queríamos encontrar un nombre que hablara de reunión, de encuentro y de volver a pensarnos los rituales en el arte, cómo ritualizar el arte otra vez en tiempos de industrialización y el teatro es un espacio ritual en la medida que es un encuentro que se repite, que congrega. 

Buscando nombres apareció la rueda, rodando, encuentro, la ronda, las ruedas, y hablamos de flotante porque cuando nos constituimos en el 2012, sabíamos que queríamos ser una corporación itinerante y generar procesos fluidos y que implicaran otros ejercicios, tanto administrativos como de gestión en la creación. 

Ustedes tienen dos proyectos de teatro; uno con ciegos y otro con sordos. Aparte llevan estos procesos a las comunidades. ¿Cómo ha sido esta experiencia?

Empezamos a hacer un proyecto de investigación en el arte de sordos, luego empezamos con el arte ciego y juntamos los dos procesos en algo que llamamos diversidad sensorial: la posibilidad del no ver y el no oír y a través de eso crear un arte corporal. 

En esa creación nos dimos cuenta que había que hacer un proceso de pedagogía social frente a las nociones y conceptos del lenguaje y la comunicación, por eso creamos el Laboratorio Nacional de Inclusión en 2016. Empezamos en Medellín visitando comunidades, colegios de sordos, de ciegos, grupos sociales, asociaciones de sordos, y los fuimos fortaleciendo en procesos de comunicación, de lengua y de políticas públicas para esta población. 

Esto lo fuimos expandiendo y ya hemos visitado 16 municipios en Antioquia y a nivel nacional hemos viajado a Cartagena, dos municipios en Bolívar, a la Guajira, Chocó y Caquetá. Lo que buscamos es que sea un laboratorio,  una plataforma para la inclusión. Hemos beneficiado a más de 800 personas sordas y ciegas con nuestros proyectos. Tenemos 14 obras de teatro y de experimentación audiovisual.

¿Qué busca Juan Diego Zuluaga con La Rueda Flotante?

Yo como persona sin discapacidad, al principio tuve una incertidumbre de no saber para dónde iba con todo esto. Mi madre lleva trabajando 15 años en este sector y empecé a apoyarla hace unos 10 años en procesos pedagógicos con talleres de arte. 

Cuando nos dimos a la tarea de crear La Rueda Flotante era una incertidumbre porque no conocíamos muy bien todo el universo que implica la cultura sorda. Eso fue abrir un espacio muy grande de formación artística e intelectual para mí y también de percepción del mundo, cómo percibir el mundo desde un desorden de los sentidos que es como yo lo llamo.

¿Qué tienen preparado para la 12.ª la Parada Juvenil?

Queremos acercar a la gente a una experiencia de la literatura, de la creación y la invención de narrativas a través de los sonidos. Las personas sordas tienen una experiencia sonora del mundo y a través de lo sonoro pueden crear paisajes, espacios, se ubican, se movilizan. Queremos compartir con la gente un momento para expandir eso sonoro y contar historias sin la mediación de la palabra, sino del sonido. Será una oportunidad para acercarnos a escribir y a leer el sonido desde la experiencia de artistas ciegos que nos van a acompañar.

 

La Rueda Flotante tendrá su espacio en la 12.ª Parada Juvenil de la Lectura el próximo 12 de julio a las 10 de la mañana en el taller Poesía visual en señas y sonora a ciegas, en donde a partir del paisaje sonoro y la técnica del vernáculo visual se crearán poemas para todos.

La actividad y toda la programación de la 12.ª Parada Juvenil de la Lectura podrá vivirse y consultarse a través de: www.fiestadellibroylacultura.com 

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Una Parada para reunir fanzines

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La 12.ª Parada Juvenil de la Lectura será la mejor oportunidad para iniciar la  construcción de una fanzinoteca virtual en Medellín.

 

Por: Valentina Correa – Danilo Arias

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Fotografía: David Rodríguez Barbarán

En un evento donde la temática central son los territorios de  libertad, como la 12.ª Parada Juvenil de la Lectura, no podían faltar los fanzines como protagonistas. Estos son muestra de una amplia gama de libertad y autonomía editorial y a pesar de mantener un carácter oculto o clandestino siguen vigentes por la diversidad temática, estética y de formatos en los que se les puede encontrar.

Provenientes de las expresiones inglesas fan (admirador) y zine de magazine (revista), estos productos editoriales tuvieron una incipiente aparición desde principios del siglo XX, con aficionados a la ciencia ficción que creaban una especie de boletines y cartas para socializar su gusto por este género con otras personas interesadas en el tema.

Sin embargo, a finales de los años setenta cuando subculturas emergentes como la mod, punk o glam, se negaban a encajar por la fuerza en los cánones de la sociedad moderna, aparecieron en gran número los fanzines; publicaciones artesanales que usualmente se encuentran en forma de cartilla y en las que sus autores y colectivos descubrieron formas singulares de expresar conocimientos, gustos, hobbies, sentimientos o emociones, combinando destrezas relacionadas con la ilustración, la literatura, el collage, la pintura y los cómics, entre otras.

A esta libertad expresiva se sumó la intención por lograr una producción autónoma de estos contenidos y soportes, alejados de la industria editorial que en muchas ocasiones fija ciertos parámetros y líneas temáticas. Por eso, el fanzine se vale de medios de edición de bajo costo como la multicopista, la fotocopiadora y el mismo trabajo manual, configurándose como una publicación inconforme, libre y contestataria que nace de los gustos más personales de sus creadores y sin el ánimo, usualmente, de recibir una retribución económica por su labor.

La idea en Medellín

Visión Rockera y Subterráneo Medellín fueron unas de las publicaciones más famosas y precursoras del fanzine en la ciudad y en el país durante los años ochenta. Contrario a lo que se piensa, este nicho creativo siempre ha estado presente y en constante producción y evolución. De hecho, los recientes desarrollos de herramientas digitales han estado a su servicio y favor en tiempos en los que lo impreso amenaza cada vez más con desaparecer.

Según Cristian Jaramillo, líder de proyectos especiales de Eventos del Libro y la Cultura de Medellín, la intención por iniciar la construcción de un encuentro entre autores, lectores y coleccionistas de fanzines en la ciudad empezó hace cerca de tres años y es algo que se ha venido consolidando con el paso del tiempo.

“Desde anteriores ediciones de la Fiesta del Libro y la Cultura notamos la necesidad de involucrar estas publicaciones en el circuito editorial. Para este año ya habíamos pensado en tener un lugar especial dedicado al tema pero la contingencia no permitirá hacerlo, entonces el objetivo es que exista un espacio desde la virtualidad para exhibir y acceder a estos contenidos”, destaca Cristian, quien además es el director de Fantasmagoría, un festival de cine fantástico y de terror que se realiza en Medellín.

Si bien en la ciudad hay varias librerías y espacios culturales en los que es habitual la circulación de los fanzines, la Biblioteca Nacional en Bogotá, es el único lugar del país que ha consolidado una fanzinoteca. En Medellín ahora se piensa en una virtual, no solo como un sitio de consulta, sino de encuentro entre realizadores, seguidores y coleccionistas, y que además por las actuales circunstancias de aislamiento resulta más que pertinente.

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Fotografía: David Rodríguez Barbarán

Pensando en estas necesidades, a la propuesta de una fanzinoteca liderada por Eventos del Libro se sumó Cocodrilos, un colectivo nacido en 2019 en Un Nuevo Error, una casona taller ubicada en el barrio Belén Granada (Comuna 16), donde varios artistas se han interesado en las narrativas que combinan textos ilustrados.

Estas búsquedas motivaron al colectivo a postularse y ser uno de los proyectos ganadores de la Convocatoria Especial de Estímulos para el Arte y la Cultura 2020 de la Alcaldía de Medellín, con el fin de construir una plataforma virtual en la que estará disponible y de manera gratuita una fanzinoteca que será inaugurada durante la 12.ª Parada Juvenil de la Lectura este 11 y 12 de julio.

“Hicimos la propuesta pensando que los fanzines son materiales que por su naturaleza no tienen canales definidos de distribución, que los que circulan en físico por el tema de la pandemia ahora no están siendo leídos y que usualmente muchos llegan a ellos por medio de ferias o eventos del sector editorial que este año serán difíciles de realizar presencialmente”, indica Alejandro Metaute, artista visual, gestor cultural y uno de los fundadores de Cocodrilos.

Durante la primera etapa de convocatoria que cerró el 30 de junio, Cocodrilos logró recopilar 50 fanzines con los que iniciarán el proyecto y se publicarán en su sitio web durante la 12.ª Parada Juvenil de la Lectura. Sin embargo, una segunda etapa de la convocatoria continuará abierta, hasta ahora indefinidamente, a la recepción de material que se exhibirá y compartirá posterior al evento.

Para participar de esta segunda convocatoria, entre otros requisitos, los interesados deben tener en cuenta que sus fanzines deben hacerse llegar en formato pdf y con un tamaño en los archivos que no supere los 50 megabytes (mb).

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Junto a los de Cocodrilos y a través de Eventos del Libro, serán otros nueve colectivos, artistas e ilustradores de la ciudad entre los que se encuentran M. A. ‘La Bruja’ Noreña, la Maleta Fanzinera, Mapache Cómics, Mazamorry Magazine y Moscovisión, quienes participarán con sus fanzines y a los que se podrán acceder a través del sitio web www.fiestadellibroylacultura.com .

Aparte de esta fanzinoteca virtual estarán también disponibles en la plataforma interactiva, otros trabajos y productos editoriales y artísticos que hacen parte del 1.° Salón del Cómic y la Ilustración, un espacio de Eventos del Libro y la Cultura de Medellín para promover el trabajo de los creadores gráficos de la ciudad y el país.

“Muchas veces el fanzine es más valioso por lo que rodeó su creación antes que por el producto final. Es el abanderado de la publicación independiente, incluso del mundo económico y su gran objetivo es conectarse con nichos de interés, divulgar contenidos, y promover ideas usualmente asociadas al activismo. De entrada, está pensado para hacer comunidad”, cuenta Alejandro, convencido de que sean muchos más los que se sumen a esta construcción colectiva alrededor de los fanzines en Medellín y que ojalá pueda consolidarse y crecer con el tiempo. Por ahora la 12.ª Parada Juvenil de la Lectura es la mejor excusa para empezar.

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Nido Diseño, un hogar para la creatividad

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Por: Lucía Pérez Molano – Eventos del Libro

Leí que las ideas son como abejas: encuentran donde anclar su aguijón y sin saberlo dejan de existir. Muere la magia. Aquí, sin embargo, las ideas son abejas con suerte: llegan a la cabeza de Dulfay, revolotean sin afán, pero con propósito: van de aquí para allá despertando experiencias, creando conexiones, y cuando están listas no mueren. Se anclan al Nido. Sí, al Nido. Uno que no es para pájaros, sino para ideas. Es un espacio donde ocurren cosas, donde las abejas con suerte que vienen de mentes diferentes encuentran un hogar común y se aferran a él. Eso es Nido, el taller creativo de Dulfay, donde coinciden personas listas para darle nacimiento a las ideas.

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Al culminar el colegio, Dulfay comenzó a realizar trabajos creativos por encargo para instituciones, personas o quien requiriera sus servicios. Cualquier día del año 2000, le pidieron una cartelera para la Casa de la Cultura de Pedregal, allí se encontró, por cosas del azar, con el taller de un viejo amigo que trabajaba con madera.

En este lugar, sin tener mayor conocimiento de herramientas ni materiales, desarmó por completo un portaminas metálico, cambió toda su estructura externa por madera y le agregó ilustraciones. En ese entonces tenía 20 años y no se imaginaba que serían los inicios de Nido Diseño, taller que combina técnicas y materiales para la creación de artesanías únicas con un enfoque literario, basado en la obra y la temática propuesta cada año por los Eventos del Libro.

Al identificar su talento, su amigo le propuso salir a vender sus creaciones en el mercado Sanalejo, al lado de él. Esta experiencia le permitió aprender y entender que el principal interés de quienes admiraban su trabajo estaba en los lápices, los portaminas y separadores; así que su deseo de hacer todo el tiempo cosas nuevas, y las necesidades de su público, lo fueron guiando para mejorar el sistema de lo que ya había creado y enfocarse en la línea de escritorio.

Pero tenía pocas herramientas para empezar a trabajar madera, así que le compró a un vecino un taladro y una sierra por $20.000 y se organizó en un pequeño espacio en el fondo de su casa, siempre con el apoyo de la familia que confió en su talento y en lo que podía lograr como artesano de la ciudad de Medellín, así que lo dejaron tranquilo para desarrollar sus productos e incluso recibió aporte económico por parte de ellos.

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El panorama no siempre estuvo tan claro para Dulfay, durante un tiempo, con un dinero que le brindó una prima, dejó a un lado “Creando artesanías”, nombre con el que inició Nido Diseño, y se dedicó a montar un proyecto de estampación, pero poco a poco fue entendiendo que ese no era el camino. También trabajó en la industria desarrollando tonos en laboratorio, pero encontró el límite, pues ya se había aprendido los sistemas y el código. Después de estas dos experiencias ratificó que quería dedicar su vida a “Creando artesanías”.

Una vez enfocado en su taller creativo, comenzó a participar en diferentes ferias de la ciudad. En 2010 llegó a él, por casualidad, María Teresa Jiménez de la Alcaldía de Medellín, invitándolo a participar de la Fiesta del Libro y la Cultura para compartir estand con otros dos expositores. Esa experiencia lo marcó, porque nunca se había enfrentado a un evento tan grande y comprendió que aún no tenía una línea clara que aludiera a la literatura.

Sin embargo, fue exitosa su participación, así que para el 2011 lo llamaron y le preguntaron si era capaz de llenar un estand él solo; aunque con incertidumbre y mucho miedo, confirmó que lo haría. En ese entonces unos estudiantes de la Universidad Pontificia Bolivariana, como un proyecto de clase, estaban apoyando a Dulfay para el mejoramiento de procesos en su taller, así que en medio de la conversación con los universitarios propusieron reunir artesanos, artistas y diseñadores para probar un trabajo conjunto, a través del encuentro de saberes, en esa versión de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

Se reunió con el equipo de creativos que había conformado para dialogar cómo podía tener un enfoque literario, cómo combinar técnicas y materiales para crear un producto en conjunto. Finalmente lograron trabajar y participar en el evento.

Ese primer año como colectivo fue exitoso, muchos de los productos que realizaron se les acabaron los primeros días, el equipo organizador quedó a gusto y los asistentes hicieron comentarios positivos; sin embargo, vieron necesario tener una planeación, un orden y una metodología a la hora de realizar los trabajos.

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Combinando su talento y su carrera como diseñador de espacios, Dulfay fue enfocando cada vez más la propuesta que tenía para la Fiesta del Libro. Adicional, en 2014, al ganar Capital semilla, cambió su nombre de Creando Artesanías a Nido Diseño en sus dos líneas: las artesanías y la creación de espacios.

Todas estas modificaciones han llevado al taller a evolucionar hasta el punto en el que se encuentra hoy: un colectivo de artesanos y creativos listos para combinar conocimientos, técnicas, materiales, esfuerzos y experiencias, obteniendo como resultado creaciones con un enfoque literario. Todo lo que en algún momento fueron ideas con suerte que revolotearon de aquí para allá, se unieron con otras de mentes diferentes, crearon conexiones y estuvieron preparadas para llegar al hogar de talleres.

Cada uno o dos años, Dulfay cambia los talleres que participarán del evento porque quiere visibilizar la mayor cantidad de creativos posibles en la ciudad. Las técnicas no siempre son las mismas, pero dentro de lo más recurrente está el trabajo con madera, filigrana, porcelanicrón, tejido, tela, papel, diferentes metales, lienzos, cuero, barro, cerámica, entre muchas otras con las que han logrado resultados que en su momento parecían impensables.

Algo que está claro dentro de Nido Diseño es que el límite no existe y que las ideas son tan infinitas como posibles objetos pueden crear. El proceso empieza en enero o febrero cuando el equipo de Eventos del Libro ha escogido su obra literaria, la temática, y desde 2019, el cuento de la Biblioteca de la Fiesta; Dulfay empieza a pensar en nuevas ideas, a la par, invita a los talleres para trabajar con él durante el año. Ese mismo mes se empiezan a reunir. En esta parte del proceso algunos solo requieren pequeños ajustes en la línea, pero otros toman más tiempo, porque se debe hacer un análisis y reprogramar el producto hasta encontrar resultados satisfactorios. Una vez están las ideas comienza la materialización, hasta que llega el día de dejar volar las creaciones para ser admiradas por otros.

Así se describe el proceso para darle vida a un llavero de Pinocho: “Después de imaginar el diseño y de un boceto previo, se continúa con la selección de diferentes maderas, estas se cortan formando las siluetas de la figura, se pulen con varios granos de lijas, se perforan, se protegen con pintura y se unen con un hilo resistente formando el alma de toda la estructura, al final se añade la argolla”.

Un mundo de filigrana, taller invitado, narra cómo es el trabajo durante un año para la creación de unos artes de Pinocho: “Después de la inspiración y de un diseño previo, se seleccionan los colores del papel, este se corta en forma de cintas finas, con estas se hacen rollos diminutos para luego unirlos con un hilo transparente, se protege con resina todo el conjunto y al final se adapta el gancho de acero y se etiqueta”.

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Al tiempo que Dulfay crea con el hogar de talleres, activa la línea de diseño de interiores para pensar cómo se podría amueblar el espacio disponible, para que cada uno de los elementos obtenidos gracias al arduo trabajo de un año, sean protagonistas.

En la Fiesta del Libro comienza la magia, cuando una persona llega al estand, se topa con un nido creativo con un impecable diseño, tanto del espacio como de los productos, en el que puede encontrar esculturas, dioramas, astrolabios, separadores, agendas, esculturas cinéticas, accesorios, cuadros ilustrados, móviles, pisapapeles, materas, ocarinas, ilustraciones, pinturas, origami y muchas otras creaciones únicas en el evento.

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Al final, los resultados son positivos, no solo los visitantes del estand se van felices, también los artesanos quedan satisfechos con la labor. Uno de ellos fue Jaime Andrés Vanegas, un pintor de la ciudad. “Participar en Fiesta del Libro es una experiencia maravillosa donde se engranan amistades, se superan retos y se cumplen metas con el único propósito de llegar a un público que cada año espera con ansiedad las novedades de todos los productos”.

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A corto plazo, Dulfay quiere posicionar el sitio web de Nido Diseño https://dnido.com/ Espera seguir creciendo e invitar a su estand personas reconocidas en el medio creativo y entidades que crean en el trabajo colaborativo para participar con ellos no solo en Fiesta del Libro, sino en eventos de talla nacional e internacional. Asimismo, le gustaría abrir su primera tienda en la ciudad para remitir a un espacio físico a todos aquellos que en cada evento preguntan dónde pueden encontrar las creaciones de Nido Diseño Hogar de talleres.

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adminNido Diseño, un hogar para la creatividad

Libros viejos, usados y, por qué no, libros leídos

Por admin en Junio 26, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Libros viejos, usados y, por qué no, libros leídos

Por: Luis Galar – Eventos del Libro

Cada quien llega a su profesión de manera distinta, ese azar que nos rodea lo hace posible, como acontece muchas veces al doblar una esquina y encontrarnos con una nueva vida.

El caso que narra esta pequeña historia involucra dos calles del centro de Medellín, allá por abril del 2004. Bien sabemos que, subiendo hacia el Parque de Boston por la calle Perú, al llegar al número 42 nos encontramos con la carrera Córdova, girando a la derecha, unos metros abajo, se abría una pequeña vitrina donde se exhibían algunos libros, obras en ediciones muy bien conservadas, caracterizadas por la pulcritud en la impresión. Esto atrapó la atención de un anónimo caminante, quien sin afán alguno se detuvo a observar cada título allí exhibido, sintiendo en todo su ser un extraño placer, que nacía de su relación con ese instrumento de la memoria y la imaginación, para algunos el mayor invento de la humanidad, el libro.

Termina pues este transeúnte por refugiarse en esta pequeña librería. El cálido saludo del librero rompe con su normal aprensión, se resuelve por mirar los estantes colmados de libros perfectamente alineados, obras de autores clásicos en ediciones multicolores que despiertan veneración dado el conocimiento allí recogido, además, es un gusto dar una ojeada a esas añejas ediciones manufacturadas por anónimos encuadernadores.

Luego de un buen rato –un amante de los libros siempre se toma su tiempo– en un rinconcito dedicado a la poesía colombiana encuentra un libro que da por bien servida su exploración. Se trata de la poesía completa de Jorge Gaitán Durán, el célebre poeta director de la revista Mito, en una edición de Procultura. Bien sabe que no es una gran edición en cuanto a su manufacturación, ya que tiene un defecto de fábrica, se trata de la goma utilizada en el lomo, la cual se cristaliza hasta quebrarse; sin embargo, entiende muy bien que cuando esto suceda, simplemente llevará el libro donde su restaurador de confianza para que lo repare de una vez por todas y, 16 años después, el libro y su invaluable conocimiento permanecerá como nuevo en su poder.

Al salir, Luis Alberto (así se llama el librero) le entregó, junto con el libro, un separador donde se destaca una barca color granate, Palinuro, libros leídos” leyó y, esbozando una sonrisa, pensó para sí: ¡vaya! ya no se trata de libros viejos, ahora los libros se nombran como leídos. Esto quizá anunciaba una nueva época.

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El aprendiz

Aquella visita no había terminado aún. Al salir, advierte que del local contiguo a la librería que acaba de visitar cuelga un aviso: “Se arrienda”; la reflexión que se produce en su cabeza es casi inmediata, “Puedo fundar una librería, tengo libros que ya no volveré a leer, algunos obsequiados sobre temas que no me interesan…” pasaron por su mente otras tres cosas más, y devolviéndose unos pasos, con firmeza y determinación le pregunta al librero al que hacía muy poco tiempo había dejado:

–¿Te molestaría si fundara una librería en el local de al lado? 

–No, por supuesto. Todo lo contrario, nos ayudaríamos. 

–Pero yo nunca he vendido libros… 

A lo cual, con una generosidad que bien sabemos ocupa la mitad de su corazón, Luis Alberto respondió:

–No te preocupes por eso, yo te enseño.

Lo aprendido

El mundo del libro leído o, por lo menos, adquirido –pues existen libros que después de comprados no son leídos y durante años permanecen intonsos o en su empaque original– posee múltiples facetas: temas, autores, el estado del libro, el tipo de edición (¿tapa dura, tapa rústica?) año de edición, editorial, traductor, encuadernación, tipo de papel, estado del lomo, de las páginas, notas al margen, firma del autor, dedicatoria, subrayados y procedencia.

Cada uno de estos detalles determinan una parte de su valor y la reacción del posible cliente, debido a que existen personas a las cuales no les molesta los libros subrayados, incluso las notas al margen les resultan muy interesantes: preguntarse por qué el anterior lector subrayó este párrafo y no aquel otro, además de entrar en diálogo con las preguntas que el desconocido poseedor de la obra dejo allí impresas. Un etéreo diálogo entre tres sombras: el autor, el primer lector y el actual. Todo lo contrario ocurre con otro tipo de lector con una apreciación del tipo: “Es un buen libro, lástima las notas al margen, y ¡está subrayado! Nunca entenderé por qué las personas rayan los libros”, o aquel que afirma: “Está subrayado, pero me lo llevo ¡hace años lo estaba buscando!”.

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Se difumina en leyendas el concepto de valor para un libro leído. Su procedencia y estado sobrepasan el simple intercambio comercial; como mencionamos, son muchos los aspectos a tener en cuenta. Existen tres tipos de libro a los que voy a referirme en este momento: el libro viejo, el libro antiguo y el libro prohibido, cada uno con sus propios matices. Surge, de inmediato, una pregunta: ¿qué determina su valor? Los expertos dicen que no todo libro viejo es valioso y señalan algunos talantes que se deben tener en cuenta a la hora de tasar el precio de un libro. Destacan, en primer lugar, el estado del libro, también el tema, el autor. Hay, por ejemplo, unos pequeños libros en nuestro país –que no por antiguos, pero si por viejos son muy apreciados–. Se trata de “La Alegría de leer”, al respecto, los libreros afirman que es muy difícil encontrar uno en buen estado: normalmente están maltratados, rayados, con las páginas rasgadas, sin láminas; así que todo aquel que posea una pieza en buen estado puede estar seguro de conservar un valioso viejo libro.

En cuanto a un libro antiguo las exigencias son mayores. El estado de conservación se convierte en un factor determinante, así como su procedencia. Determinar su valor es, sin lugar a dudas, asunto de expertos. En cuanto al tema, hay una posible pista a tener en cuenta: los libros religiosos (con sus excepciones, claro está) resultan menos valiosos que los libros de otros temas, como libros antiguos de ciencia, filosofía e historia.

Un capítulo aparte lo conforman los libros prohibidos. El Index Librorum Prohibitorum promulgado en el año 1.564 por el papa Pio IV –y que no fue suprimido hasta el año de 1.966 por el papa Paulo VI–, era un catálogo de libros que la Iglesia consideraba peligrosos para la fe. Los libros que aparecían en ese índice, quizá por prohibidos, son hoy muy averiguados por aquellos coleccionistas dedicados a rebuscar rarezas: “lo original lo primario, si pudieran tener el manuscrito, mejor” como afirma un experimentado librero argentino.

Sí. Una nueva época arropa a las librerías de nuestra ciudad. Es bueno notar cómo el índice de lectura crece con los años, la sensibilidad que despierta el libro a muchos libreros admira. Jóvenes inquietos se agolpan en los Eventos del Libro preguntando por temas y autores que, con el tiempo, se han ido constituyendo en protagonistas del conocimiento. Una renovada sensibilidad, eso es muy bueno para una sociedad que va poco a poco despertando hacia una nueva época, generando ávidos lectores y, por supuesto, libreros que amen el oficio, inquietos en su pensar, que busquen formarse, dando todo de sí para contribuir con este posible cambio, ajustándose a la época, a los retos que internet propone en este tiempo de pandemia. Un oficio que, como los buenos oficios, exige prepararse durante toda la vida, pues lo siempre nuevo maneja su grado de exigencia.

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adminLibros viejos, usados y, por qué no, libros leídos

Contar para resistir: las letras en las diásporas africanas

Por admin en Junio 22, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Contar para resistir: las letras en las diásporas africanas

Los pueblos afrolatinoamericanos han encontrado en la literatura y el arte, vehículos de resistencia para mantener vivas sus tradiciones.

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Yo también cambio mi vida, hundida en tinieblas
por la luz de una estrella que cruza un vacío,
por una caricia que enjuague mi canto,
por una receta que calme mi hastío.

Teresa Martínez de Varela.

 

 

 Por: Valentina Correa – Danilo Arias

La presencia negra en América parte de una condición desigual. No llegaron a nuestro continente producto de una equivocación o por azares del destino. Los traficantes, negros o árabes, se internaban en África en busca de esclavos. Estos podían ser prisioneros de guerra, delincuentes, personas secuestradas o gente pobre que se entregaba a un amo para que los alimentara. Luego, en sus lugares de destino, en el nuevo continente, eran sometidos a trabajos forzados y tratos inhumanos; cada vida negra tenía un precio.

“La diáspora africana es producto de la esclavización, marca la primera relación de los afros con América y esto generó desde el inicio, incluso hasta hoy, condiciones de desventaja y desigualdad. Es muy diferente emprender una diáspora y llegar en condición de turista, de visitante o de estudiante.  Eso es determinante en la construcción de las relaciones”, explica Velia Vidal, Comunicadora Social–Periodista, promotora de lectura y mujer afro oriunda de Bahía Solano, Chocó.

Según Velia, por fortuna, la condición de esclavos no les arrebató su cultura ni sus prácticas ancestrales que al llegar a un nuevo territorio se mezclaron con las diversas cosmogonías indígenas que milenariamente ya habitaban el continente. Sin embargo, también comenta que hubo varios intentos por parte de sus amos para desaparecer esos rasgos que los identificaban y unían, por eso separaban a aquellos que hablaban un mismo idioma, diferente al de sus señores. Esto, para disminuir sus posibilidades de comunicación y evitar la construcción de vínculos de identidad nocivos para sus amos que les permitiera idear intentos de fuga o confabulaciones en su contra.

Concebidos como sujetos culturales, el pueblo negro ha desarrollado una capacidad ilimitada de contar historias. Con ellos vinieron desde África los cuentos tradicionales, las canciones y los ritmos. Esto es algo que nos une como humanos y que todas las culturas han resuelto de una manera muy similar: contamos historias para darle sentido a nuestra existencia, resolver los interrogantes sobre nuestros orígenes y construir sistemas de valores que nos permiten vivir en sociedad.

Pero en el caso afro, las historias, las palabras y la misma literatura han sido adicionalmente elementos particulares de expresión y empoderamiento ante condiciones estructurales e históricamente adversas que los ha emparentado con situaciones como la pobreza, la ignorancia, la inferioridad, el baile, la hipersexualización, la servidumbre o la fuerza bruta.

En la historia colombiana la abolición de la esclavitud solo fue posible hasta 1851 a pesar de que fue una de las promesas de Simón Bolívar en el transcurso de las guerras de independencia, pero la influencia de poderosos esclavistas y errores legislativos no permitieron la libertad de los afrodescendientes almenos durante la primera mitad del siglo XIX.

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En casos más paradójicos, un país como Brasil que es el que posee la mayor cantidad de población negra en el continente, fue el último en abolir la esclavitud 37 años después de que lo hiciera Colombia (13 de mayo de 1888). Aunque producto de esta determinación miles de negros y mestizos fueron liberados, continuaron en pésimas condiciones para el acceso al trabajo y siendo discriminados.

Y es que estas situaciones, aunque en menor medida, siguen manteniéndose hasta hoy sobre todo en cuanto a su color de piel y ascendencia. A ellas se suman otras de carácter físico, religioso, educativo y hasta las que tienen que ver con la identidad de género y sexo.

“En el caso afro por supuesto hay hombres, mujeres y una diversidad sexual igual que en cualquier grupo humano a lo largo de la historia. Lo que ocurre es que un sujeto afro que además tiene una condición de género o sexual que no corresponde a un sistema heteropatriarcal o dominante recibe una exclusión mucho mayor”, comenta Velia Vidal, quien agrega que estos actos pueden agravarse en consideración de la situación socioeconómica de los individuos. “He escuchado a personas decir en algunas ocasiones: tras de negro, marica y tras de marica, pobre”, puntualiza Vidal.

Durante décadas se han desconocido los orígenes y trayectoria de una cultura que ha migrado no solo a Colombia, sino que ha recorrido y poblado el mundo entero llevando consigo sus tradiciones y enriqueciendo aquellas de los lugares a los que llega.

“Por años la historia de la esclavitud afro ha querido eliminarse, mantenerse oculta o ser intervenida por la voz de personas mestizas que desde su poder académico o mediático deciden hablar por nosotros; muchas veces nos narran desde el estereotipo tanto en los textos como en la imagen. Hay libros en los que aún salimos con bocas exageradamente grandes, o nos pintan completamente oscuros, con caderas voluptuosas, entre otros estereotipos que demuestran cómo nos ven”, aclara Velia Vidal.

Ante una situación compleja en materia de garantías de derechos para el pueblo afro en Colombia, que según el más reciente censo nacional (2018) ubicaba en 2,98 millones de personas este grupo poblacional, las letras, el arte y la cultura aparecen como elementos reivindicativos y a su vez actos políticos y revolucionarios que han dejado huella en la historia de nuestro país.

Arnoldo Palacios, Teresa Martínez de Varela, Helcías Martán Góngora, Manuel Zapata Olivella y Candelario Obeso, son algunos de los escritores afro que han marcado la historia colombiana y que en las letras vieron la oportunidad de denunciar y reivindicar aquello que en muchas ocasiones no pudieron hacer con su voz.

Sobre el legado e importancia de estos autores y los aportes de las diásporas africanas a nuestra cultura, Velia Vidal en compañía de Selnich Vivas y Aurora Vergara conversarán el próximo 24 de junio en el encuentro mensual de Charlas de la Tarde titulado Diásporas africanas: raíces que viajaron más de diez mil kilómetros, y que podrá seguirse a partir de las 7:00 p.m. a través del canal de YouTube de Eventos del Libro y la Cultura.

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Charlas de la Tarde

Por admin en Abril 11, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Charlas de la Tarde

Charlas de la tarde

 

Las Charlas de la tarde es el espacio de creación de contenidos de los Eventos del Libro en torno a la temática planteada para cada año. Sus actividades convocan a personalidades nacionales e internacionales para que dialoguen entre sí y compartan sus reflexiones con la ciudadanía sobre la temática desde diferentes perspectivas como la literatura, la ciencia, el arte, la política, la filosofía, entre muchas otras. En el 2019 participaron 86 invitados en las 51 Charlas de la tarde desarrolladas con una convocatoria de 6.292 personas. Algunas de estas actividades se realizan gracias al apoyo de Parque Explora, Festival Gabo, Hay Festival, Museo Casa de la Memoria, Comfama, Metro de Medellín y Universidad EAFIT.
Es una estrategia que se creó en el 2018 con el propósito de llevar una parte de la Fiesta del Libro y la Cultura a diferentes sectores de la ciudad. Cada mes viajamos por las comunas para conversar con invitados locales sobre diferentes la temática de los Eventos del Libro en relación a la comunidad que visitamos. Con el ánimo de hacer memoria y expandir el conocimiento, se han realizado una serie de podcasts como resultado de estas charlas.

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adminCharlas de la Tarde

Philip Potdevin y su experiencia en Adopta a un Autor

Por admin en Octubre 16, 2019 , No hay comentarios

Testimonio acerca de mi participación en el programa Adopta a un Autor

Por: Philip Potdevin

Haber participado en el Programa Adopta a un Autor organizado por la Alcaldía de Medellín y la Fiesta del Libro de Medellín fue una experiencia de singular importancia en mi carrera como escritor. Siempre suelo decir que, como creador de obras literarias, tengo dos momentos de inmensa satisfacción personal: el primero, sorprenderme en el acto creativo, el instante mismo de la creación cuando plasmo en un cuaderno o en una pantalla, las líneas que constituirán, más adelante, una obra terminada a disposición de lectores; el segundo, el encuentro con los lectores de mi obra. Allí se cierra el ciclo y se comprueba una vez más, el para qué escribo.

Cuando este encuentro con lectores se da, como fue el caso con estudiantes de séptimo a noveno, que leyeron durante el año escolar —acompañados de su tutora—,dos de mis obras, La sembradora de cuerpos y Los juegos del retorno, la experiencia se potencia al máximo posible. Una vez los muchachos se “soltaron” (muy rápidamente, valga la pena anotar) a hacer preguntas, entramos en un profundo diálogo, como raras veces sucede, entre autor y sus lectores. Su agudeza, su perspicacia, su curiosidad y su asombro fueron herramientas para avivar el diálogo y generar, de parte y parte, profundas introspecciones sobre las obras leídas, en particular, y sobre la literatura y la creación literaria en general. La conversación nos llevó a plantearnos profundas preguntas sobre la situación social y política de nuestro país, y de qué manera es necesario dejar a un lado la indiferencia y la apatía para tomar parte en la creación de una Colombia Nueva. Por todo lo anterior, para mí, la experiencia tuvo el carácter de una verdadera epifanía. Quedé inmensamente agradecido con los estudiantes del Centro Autónomo Educativo CEA, con su profesora, Andrea Benítez, y con los organizadores y promotores del programa Adopta a un Autor y con la Fiesta del Libro, en general. Es una iniciativa y un esfuerzo que se debe mantener y seguir multiplicando en muchos lugares del país.

Philip Potdevin

30 de septiembre de 2019

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adminPhilip Potdevin y su experiencia en Adopta a un Autor