Cabina Literaria: donde la poesía acorta distancias

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Por: Dayana Agudelo Meneses – Eventos del Libro

Hay una cabina telefónica en la que el amor no pasa de moda, la literatura se convierte en el mejor aliado de los enamorados, y la lejanía pierde sentido con un par de líneas bien entonadas.

Cartas, poemas y mensajes por telégrafo protagonizaron los amores contrariados de Fermina Daza y Florentino Ariza, los personajes de El amor en los tiempos del cólera, novela de Gabriel García Márquez donde cuenta la historia de sus padres, Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga Márquez. En la distancia y a pesar de los desacuerdos familiares, los padres de García Márquez se enamoraron con palabras ambulantes.

Antes y ahora, hemos podido sobrellevar el peso de la distancia gracias a las palabras: escritas sobre papel, codificadas y enviadas por medio de señales eléctricas, o simplemente dichas; palabras ajenas, propias o adaptadas han dicho por nosotros lo que, tal vez, no hemos podido descifrar en nuestras cabezas confundidas por el fervor de las emociones.

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Hace cinco años, en una Parada Juvenil de la Lectura, nació la Cabina Literaria, un proyecto que consolidó varias intenciones que María Cecilia Ramírez había tenido en su vida: hacer que el arte hablara por las personas, ayudarles a expresar lo que sentían por dentro. Después de trabajar en proyectos de promoción de lectura en Medellín, María Cecilia supo que dedicar poemas no había pasado de moda. Esos gestos de amor, que a veces parecen propios de un pasado que fue más lento y tedioso, todavía hacen parte de la lista interminable de maneras para decir lo que se siente por alguien más.

María Cecilia es administradora, actriz y especialista en Administración para Artes. Junto a Susana Aristizábal, diseñadora y especialista en editorial, crearon la Cabina y trabajaron juntas durante dos años, convencidas del poder que guarda la palabra dedicada, dicha en voz alta.

En sus inicios, inventaron el nombre, diseñaron los productos, construyeron el catálogo de poemas y se aventaron con un experimento que resultó muy bien acogido. En la Parada Juvenil de la Lectura del 2015 la gente leyó, dedicó poemas y se emocionó para que otra persona en la distancia sintiera el abrazo y la caricia de un buen poema.

Además de dedicar textos literarios por teléfono, la Cabina se ha convertido en un centro de experiencias, como le gusta decirle María Cecilia. “Conectamos humanamente a las personas a través de la literatura. Creemos en el poder del texto poético y en la potencia que tiene la palabra. Creemos en la conexión que puede haber entre un texto literario, la expresión artística de la literatura y las personas”.

Es por eso que además de las dedicatorias telefónicas, la Cabina Literaria ofrece libretas, poemas sorpresa, cajitas de música, separadores de libros, relicarios, medallones y muchos más productos que todavía guardan la primera motivación de la Cabina: que la literatura esté al alcance de todos.

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Los poemas están clasificados por intención. ‘Frenesí de amor’ es la categoría de poemas de amor romántico; en ‘Vino para todos’ están aquellos textos poéticos para celebrar la amistad y dar buenos deseos; ‘Versos de mujer’ son aquellos que enaltecen la fuerza y el valor femenino; ‘Popurrí’ es la clasificación más variada con poemas para cumpleaños o cualquier día especial; y en ‘Amores negados’ están los textos para aquellos amores que no pudieron ser, que se han fracturado, o para los que simplemente, como Fermina Daza y Florentino Ariza, están destinados a vivir un amor contrariado.

En la extraña quietud de esta época que parece una ficción, dedicar un poema es creer nuevamente en las promesas del amor, de la cercanía, de la amistad. Dedicar un poema es estar nuevamente juntos, es resistirse a la realidad, o crear una nueva en la que otra vez estamos cerca.

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