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Una Parada para reunir fanzines

Por admin en Julio 6, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Una Parada para reunir fanzines

 

La 12.ª Parada Juvenil de la Lectura será la mejor oportunidad para iniciar la  construcción de una fanzinoteca virtual en Medellín.

 

Por: Valentina Correa – Danilo Arias

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Fotografía: David Rodríguez Barbarán

En un evento donde la temática central son los territorios de  libertad, como la 12.ª Parada Juvenil de la Lectura, no podían faltar los fanzines como protagonistas. Estos son muestra de una amplia gama de libertad y autonomía editorial y a pesar de mantener un carácter oculto o clandestino siguen vigentes por la diversidad temática, estética y de formatos en los que se les puede encontrar.

Provenientes de las expresiones inglesas fan (admirador) y zine de magazine (revista), estos productos editoriales tuvieron una incipiente aparición desde principios del siglo XX, con aficionados a la ciencia ficción que creaban una especie de boletines y cartas para socializar su gusto por este género con otras personas interesadas en el tema.

Sin embargo, a finales de los años setenta cuando subculturas emergentes como la mod, punk o glam, se negaban a encajar por la fuerza en los cánones de la sociedad moderna, aparecieron en gran número los fanzines; publicaciones artesanales que usualmente se encuentran en forma de cartilla y en las que sus autores y colectivos descubrieron formas singulares de expresar conocimientos, gustos, hobbies, sentimientos o emociones, combinando destrezas relacionadas con la ilustración, la literatura, el collage, la pintura y los cómics, entre otras.

A esta libertad expresiva se sumó la intención por lograr una producción autónoma de estos contenidos y soportes, alejados de la industria editorial que en muchas ocasiones fija ciertos parámetros y líneas temáticas. Por eso, el fanzine se vale de medios de edición de bajo costo como la multicopista, la fotocopiadora y el mismo trabajo manual, configurándose como una publicación inconforme, libre y contestataria que nace de los gustos más personales de sus creadores y sin el ánimo, usualmente, de recibir una retribución económica por su labor.

La idea en Medellín

Visión Rockera y Subterráneo Medellín fueron unas de las publicaciones más famosas y precursoras del fanzine en la ciudad y en el país durante los años ochenta. Contrario a lo que se piensa, este nicho creativo siempre ha estado presente y en constante producción y evolución. De hecho, los recientes desarrollos de herramientas digitales han estado a su servicio y favor en tiempos en los que lo impreso amenaza cada vez más con desaparecer.

Según Cristian Jaramillo, líder de proyectos especiales de Eventos del Libro y la Cultura de Medellín, la intención por iniciar la construcción de un encuentro entre autores, lectores y coleccionistas de fanzines en la ciudad empezó hace cerca de tres años y es algo que se ha venido consolidando con el paso del tiempo.

“Desde anteriores ediciones de la Fiesta del Libro y la Cultura notamos la necesidad de involucrar estas publicaciones en el circuito editorial. Para este año ya habíamos pensado en tener un lugar especial dedicado al tema pero la contingencia no permitirá hacerlo, entonces el objetivo es que exista un espacio desde la virtualidad para exhibir y acceder a estos contenidos”, destaca Cristian, quien además es el director de Fantasmagoría, un festival de cine fantástico y de terror que se realiza en Medellín.

Si bien en la ciudad hay varias librerías y espacios culturales en los que es habitual la circulación de los fanzines, la Biblioteca Nacional en Bogotá, es el único lugar del país que ha consolidado una fanzinoteca. En Medellín ahora se piensa en una virtual, no solo como un sitio de consulta, sino de encuentro entre realizadores, seguidores y coleccionistas, y que además por las actuales circunstancias de aislamiento resulta más que pertinente.

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Fotografía: David Rodríguez Barbarán

Pensando en estas necesidades, a la propuesta de una fanzinoteca liderada por Eventos del Libro se sumó Cocodrilos, un colectivo nacido en 2019 en Un Nuevo Error, una casona taller ubicada en el barrio Belén Granada (Comuna 16), donde varios artistas se han interesado en las narrativas que combinan textos ilustrados.

Estas búsquedas motivaron al colectivo a postularse y ser uno de los proyectos ganadores de la Convocatoria Especial de Estímulos para el Arte y la Cultura 2020 de la Alcaldía de Medellín, con el fin de construir una plataforma virtual en la que estará disponible y de manera gratuita una fanzinoteca que será inaugurada durante la 12.ª Parada Juvenil de la Lectura este 11 y 12 de julio.

“Hicimos la propuesta pensando que los fanzines son materiales que por su naturaleza no tienen canales definidos de distribución, que los que circulan en físico por el tema de la pandemia ahora no están siendo leídos y que usualmente muchos llegan a ellos por medio de ferias o eventos del sector editorial que este año serán difíciles de realizar presencialmente”, indica Alejandro Metaute, artista visual, gestor cultural y uno de los fundadores de Cocodrilos.

Durante la primera etapa de convocatoria que cerró el 30 de junio, Cocodrilos logró recopilar 50 fanzines con los que iniciarán el proyecto y se publicarán en su sitio web durante la 12.ª Parada Juvenil de la Lectura. Sin embargo, una segunda etapa de la convocatoria continuará abierta, hasta ahora indefinidamente, a la recepción de material que se exhibirá y compartirá posterior al evento.

Para participar de esta segunda convocatoria, entre otros requisitos, los interesados deben tener en cuenta que sus fanzines deben hacerse llegar en formato pdf y con un tamaño en los archivos que no supere los 50 megabytes (mb).

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Junto a los de Cocodrilos y a través de Eventos del Libro, serán otros nueve colectivos, artistas e ilustradores de la ciudad entre los que se encuentran M. A. ‘La Bruja’ Noreña, la Maleta Fanzinera, Mapache Cómics, Mazamorry Magazine y Moscovisión, quienes participarán con sus fanzines y a los que se podrán acceder a través del sitio web www.fiestadellibroylacultura.com .

Aparte de esta fanzinoteca virtual estarán también disponibles en la plataforma interactiva, otros trabajos y productos editoriales y artísticos que hacen parte del 1.° Salón del Cómic y la Ilustración, un espacio de Eventos del Libro y la Cultura de Medellín para promover el trabajo de los creadores gráficos de la ciudad y el país.

“Muchas veces el fanzine es más valioso por lo que rodeó su creación antes que por el producto final. Es el abanderado de la publicación independiente, incluso del mundo económico y su gran objetivo es conectarse con nichos de interés, divulgar contenidos, y promover ideas usualmente asociadas al activismo. De entrada, está pensado para hacer comunidad”, cuenta Alejandro, convencido de que sean muchos más los que se sumen a esta construcción colectiva alrededor de los fanzines en Medellín y que ojalá pueda consolidarse y crecer con el tiempo. Por ahora la 12.ª Parada Juvenil de la Lectura es la mejor excusa para empezar.

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adminUna Parada para reunir fanzines

Nido Diseño, un hogar para la creatividad

Por admin en Julio 3, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Nido Diseño, un hogar para la creatividad

Por: Lucía Pérez Molano – Eventos del Libro

Leí que las ideas son como abejas: encuentran donde anclar su aguijón y sin saberlo dejan de existir. Muere la magia. Aquí, sin embargo, las ideas son abejas con suerte: llegan a la cabeza de Dulfay, revolotean sin afán, pero con propósito: van de aquí para allá despertando experiencias, creando conexiones, y cuando están listas no mueren. Se anclan al Nido. Sí, al Nido. Uno que no es para pájaros, sino para ideas. Es un espacio donde ocurren cosas, donde las abejas con suerte que vienen de mentes diferentes encuentran un hogar común y se aferran a él. Eso es Nido, el taller creativo de Dulfay, donde coinciden personas listas para darle nacimiento a las ideas.

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Al culminar el colegio, Dulfay comenzó a realizar trabajos creativos por encargo para instituciones, personas o quien requiriera sus servicios. Cualquier día del año 2000, le pidieron una cartelera para la Casa de la Cultura de Pedregal, allí se encontró, por cosas del azar, con el taller de un viejo amigo que trabajaba con madera.

En este lugar, sin tener mayor conocimiento de herramientas ni materiales, desarmó por completo un portaminas metálico, cambió toda su estructura externa por madera y le agregó ilustraciones. En ese entonces tenía 20 años y no se imaginaba que serían los inicios de Nido Diseño, taller que combina técnicas y materiales para la creación de artesanías únicas con un enfoque literario, basado en la obra y la temática propuesta cada año por los Eventos del Libro.

Al identificar su talento, su amigo le propuso salir a vender sus creaciones en el mercado Sanalejo, al lado de él. Esta experiencia le permitió aprender y entender que el principal interés de quienes admiraban su trabajo estaba en los lápices, los portaminas y separadores; así que su deseo de hacer todo el tiempo cosas nuevas, y las necesidades de su público, lo fueron guiando para mejorar el sistema de lo que ya había creado y enfocarse en la línea de escritorio.

Pero tenía pocas herramientas para empezar a trabajar madera, así que le compró a un vecino un taladro y una sierra por $20.000 y se organizó en un pequeño espacio en el fondo de su casa, siempre con el apoyo de la familia que confió en su talento y en lo que podía lograr como artesano de la ciudad de Medellín, así que lo dejaron tranquilo para desarrollar sus productos e incluso recibió aporte económico por parte de ellos.

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El panorama no siempre estuvo tan claro para Dulfay, durante un tiempo, con un dinero que le brindó una prima, dejó a un lado “Creando artesanías”, nombre con el que inició Nido Diseño, y se dedicó a montar un proyecto de estampación, pero poco a poco fue entendiendo que ese no era el camino. También trabajó en la industria desarrollando tonos en laboratorio, pero encontró el límite, pues ya se había aprendido los sistemas y el código. Después de estas dos experiencias ratificó que quería dedicar su vida a “Creando artesanías”.

Una vez enfocado en su taller creativo, comenzó a participar en diferentes ferias de la ciudad. En 2010 llegó a él, por casualidad, María Teresa Jiménez de la Alcaldía de Medellín, invitándolo a participar de la Fiesta del Libro y la Cultura para compartir estand con otros dos expositores. Esa experiencia lo marcó, porque nunca se había enfrentado a un evento tan grande y comprendió que aún no tenía una línea clara que aludiera a la literatura.

Sin embargo, fue exitosa su participación, así que para el 2011 lo llamaron y le preguntaron si era capaz de llenar un estand él solo; aunque con incertidumbre y mucho miedo, confirmó que lo haría. En ese entonces unos estudiantes de la Universidad Pontificia Bolivariana, como un proyecto de clase, estaban apoyando a Dulfay para el mejoramiento de procesos en su taller, así que en medio de la conversación con los universitarios propusieron reunir artesanos, artistas y diseñadores para probar un trabajo conjunto, a través del encuentro de saberes, en esa versión de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

Se reunió con el equipo de creativos que había conformado para dialogar cómo podía tener un enfoque literario, cómo combinar técnicas y materiales para crear un producto en conjunto. Finalmente lograron trabajar y participar en el evento.

Ese primer año como colectivo fue exitoso, muchos de los productos que realizaron se les acabaron los primeros días, el equipo organizador quedó a gusto y los asistentes hicieron comentarios positivos; sin embargo, vieron necesario tener una planeación, un orden y una metodología a la hora de realizar los trabajos.

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Combinando su talento y su carrera como diseñador de espacios, Dulfay fue enfocando cada vez más la propuesta que tenía para la Fiesta del Libro. Adicional, en 2014, al ganar Capital semilla, cambió su nombre de Creando Artesanías a Nido Diseño en sus dos líneas: las artesanías y la creación de espacios.

Todas estas modificaciones han llevado al taller a evolucionar hasta el punto en el que se encuentra hoy: un colectivo de artesanos y creativos listos para combinar conocimientos, técnicas, materiales, esfuerzos y experiencias, obteniendo como resultado creaciones con un enfoque literario. Todo lo que en algún momento fueron ideas con suerte que revolotearon de aquí para allá, se unieron con otras de mentes diferentes, crearon conexiones y estuvieron preparadas para llegar al hogar de talleres.

Cada uno o dos años, Dulfay cambia los talleres que participarán del evento porque quiere visibilizar la mayor cantidad de creativos posibles en la ciudad. Las técnicas no siempre son las mismas, pero dentro de lo más recurrente está el trabajo con madera, filigrana, porcelanicrón, tejido, tela, papel, diferentes metales, lienzos, cuero, barro, cerámica, entre muchas otras con las que han logrado resultados que en su momento parecían impensables.

Algo que está claro dentro de Nido Diseño es que el límite no existe y que las ideas son tan infinitas como posibles objetos pueden crear. El proceso empieza en enero o febrero cuando el equipo de Eventos del Libro ha escogido su obra literaria, la temática, y desde 2019, el cuento de la Biblioteca de la Fiesta; Dulfay empieza a pensar en nuevas ideas, a la par, invita a los talleres para trabajar con él durante el año. Ese mismo mes se empiezan a reunir. En esta parte del proceso algunos solo requieren pequeños ajustes en la línea, pero otros toman más tiempo, porque se debe hacer un análisis y reprogramar el producto hasta encontrar resultados satisfactorios. Una vez están las ideas comienza la materialización, hasta que llega el día de dejar volar las creaciones para ser admiradas por otros.

Así se describe el proceso para darle vida a un llavero de Pinocho: “Después de imaginar el diseño y de un boceto previo, se continúa con la selección de diferentes maderas, estas se cortan formando las siluetas de la figura, se pulen con varios granos de lijas, se perforan, se protegen con pintura y se unen con un hilo resistente formando el alma de toda la estructura, al final se añade la argolla”.

Un mundo de filigrana, taller invitado, narra cómo es el trabajo durante un año para la creación de unos artes de Pinocho: “Después de la inspiración y de un diseño previo, se seleccionan los colores del papel, este se corta en forma de cintas finas, con estas se hacen rollos diminutos para luego unirlos con un hilo transparente, se protege con resina todo el conjunto y al final se adapta el gancho de acero y se etiqueta”.

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Al tiempo que Dulfay crea con el hogar de talleres, activa la línea de diseño de interiores para pensar cómo se podría amueblar el espacio disponible, para que cada uno de los elementos obtenidos gracias al arduo trabajo de un año, sean protagonistas.

En la Fiesta del Libro comienza la magia, cuando una persona llega al estand, se topa con un nido creativo con un impecable diseño, tanto del espacio como de los productos, en el que puede encontrar esculturas, dioramas, astrolabios, separadores, agendas, esculturas cinéticas, accesorios, cuadros ilustrados, móviles, pisapapeles, materas, ocarinas, ilustraciones, pinturas, origami y muchas otras creaciones únicas en el evento.

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Al final, los resultados son positivos, no solo los visitantes del estand se van felices, también los artesanos quedan satisfechos con la labor. Uno de ellos fue Jaime Andrés Vanegas, un pintor de la ciudad. “Participar en Fiesta del Libro es una experiencia maravillosa donde se engranan amistades, se superan retos y se cumplen metas con el único propósito de llegar a un público que cada año espera con ansiedad las novedades de todos los productos”.

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A corto plazo, Dulfay quiere posicionar el sitio web de Nido Diseño https://dnido.com/ Espera seguir creciendo e invitar a su estand personas reconocidas en el medio creativo y entidades que crean en el trabajo colaborativo para participar con ellos no solo en Fiesta del Libro, sino en eventos de talla nacional e internacional. Asimismo, le gustaría abrir su primera tienda en la ciudad para remitir a un espacio físico a todos aquellos que en cada evento preguntan dónde pueden encontrar las creaciones de Nido Diseño Hogar de talleres.

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Libros viejos, usados y, por qué no, libros leídos

Por admin en Junio 26, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Libros viejos, usados y, por qué no, libros leídos

Por: Luis Galar – Eventos del Libro

Cada quien llega a su profesión de manera distinta, ese azar que nos rodea lo hace posible, como acontece muchas veces al doblar una esquina y encontrarnos con una nueva vida.

El caso que narra esta pequeña historia involucra dos calles del centro de Medellín, allá por abril del 2004. Bien sabemos que, subiendo hacia el Parque de Boston por la calle Perú, al llegar al número 42 nos encontramos con la carrera Córdova, girando a la derecha, unos metros abajo, se abría una pequeña vitrina donde se exhibían algunos libros, obras en ediciones muy bien conservadas, caracterizadas por la pulcritud en la impresión. Esto atrapó la atención de un anónimo caminante, quien sin afán alguno se detuvo a observar cada título allí exhibido, sintiendo en todo su ser un extraño placer, que nacía de su relación con ese instrumento de la memoria y la imaginación, para algunos el mayor invento de la humanidad, el libro.

Termina pues este transeúnte por refugiarse en esta pequeña librería. El cálido saludo del librero rompe con su normal aprensión, se resuelve por mirar los estantes colmados de libros perfectamente alineados, obras de autores clásicos en ediciones multicolores que despiertan veneración dado el conocimiento allí recogido, además, es un gusto dar una ojeada a esas añejas ediciones manufacturadas por anónimos encuadernadores.

Luego de un buen rato –un amante de los libros siempre se toma su tiempo– en un rinconcito dedicado a la poesía colombiana encuentra un libro que da por bien servida su exploración. Se trata de la poesía completa de Jorge Gaitán Durán, el célebre poeta director de la revista Mito, en una edición de Procultura. Bien sabe que no es una gran edición en cuanto a su manufacturación, ya que tiene un defecto de fábrica, se trata de la goma utilizada en el lomo, la cual se cristaliza hasta quebrarse; sin embargo, entiende muy bien que cuando esto suceda, simplemente llevará el libro donde su restaurador de confianza para que lo repare de una vez por todas y, 16 años después, el libro y su invaluable conocimiento permanecerá como nuevo en su poder.

Al salir, Luis Alberto (así se llama el librero) le entregó, junto con el libro, un separador donde se destaca una barca color granate, Palinuro, libros leídos” leyó y, esbozando una sonrisa, pensó para sí: ¡vaya! ya no se trata de libros viejos, ahora los libros se nombran como leídos. Esto quizá anunciaba una nueva época.

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El aprendiz

Aquella visita no había terminado aún. Al salir, advierte que del local contiguo a la librería que acaba de visitar cuelga un aviso: “Se arrienda”; la reflexión que se produce en su cabeza es casi inmediata, “Puedo fundar una librería, tengo libros que ya no volveré a leer, algunos obsequiados sobre temas que no me interesan…” pasaron por su mente otras tres cosas más, y devolviéndose unos pasos, con firmeza y determinación le pregunta al librero al que hacía muy poco tiempo había dejado:

–¿Te molestaría si fundara una librería en el local de al lado? 

–No, por supuesto. Todo lo contrario, nos ayudaríamos. 

–Pero yo nunca he vendido libros… 

A lo cual, con una generosidad que bien sabemos ocupa la mitad de su corazón, Luis Alberto respondió:

–No te preocupes por eso, yo te enseño.

Lo aprendido

El mundo del libro leído o, por lo menos, adquirido –pues existen libros que después de comprados no son leídos y durante años permanecen intonsos o en su empaque original– posee múltiples facetas: temas, autores, el estado del libro, el tipo de edición (¿tapa dura, tapa rústica?) año de edición, editorial, traductor, encuadernación, tipo de papel, estado del lomo, de las páginas, notas al margen, firma del autor, dedicatoria, subrayados y procedencia.

Cada uno de estos detalles determinan una parte de su valor y la reacción del posible cliente, debido a que existen personas a las cuales no les molesta los libros subrayados, incluso las notas al margen les resultan muy interesantes: preguntarse por qué el anterior lector subrayó este párrafo y no aquel otro, además de entrar en diálogo con las preguntas que el desconocido poseedor de la obra dejo allí impresas. Un etéreo diálogo entre tres sombras: el autor, el primer lector y el actual. Todo lo contrario ocurre con otro tipo de lector con una apreciación del tipo: “Es un buen libro, lástima las notas al margen, y ¡está subrayado! Nunca entenderé por qué las personas rayan los libros”, o aquel que afirma: “Está subrayado, pero me lo llevo ¡hace años lo estaba buscando!”.

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Se difumina en leyendas el concepto de valor para un libro leído. Su procedencia y estado sobrepasan el simple intercambio comercial; como mencionamos, son muchos los aspectos a tener en cuenta. Existen tres tipos de libro a los que voy a referirme en este momento: el libro viejo, el libro antiguo y el libro prohibido, cada uno con sus propios matices. Surge, de inmediato, una pregunta: ¿qué determina su valor? Los expertos dicen que no todo libro viejo es valioso y señalan algunos talantes que se deben tener en cuenta a la hora de tasar el precio de un libro. Destacan, en primer lugar, el estado del libro, también el tema, el autor. Hay, por ejemplo, unos pequeños libros en nuestro país –que no por antiguos, pero si por viejos son muy apreciados–. Se trata de “La Alegría de leer”, al respecto, los libreros afirman que es muy difícil encontrar uno en buen estado: normalmente están maltratados, rayados, con las páginas rasgadas, sin láminas; así que todo aquel que posea una pieza en buen estado puede estar seguro de conservar un valioso viejo libro.

En cuanto a un libro antiguo las exigencias son mayores. El estado de conservación se convierte en un factor determinante, así como su procedencia. Determinar su valor es, sin lugar a dudas, asunto de expertos. En cuanto al tema, hay una posible pista a tener en cuenta: los libros religiosos (con sus excepciones, claro está) resultan menos valiosos que los libros de otros temas, como libros antiguos de ciencia, filosofía e historia.

Un capítulo aparte lo conforman los libros prohibidos. El Index Librorum Prohibitorum promulgado en el año 1.564 por el papa Pio IV –y que no fue suprimido hasta el año de 1.966 por el papa Paulo VI–, era un catálogo de libros que la Iglesia consideraba peligrosos para la fe. Los libros que aparecían en ese índice, quizá por prohibidos, son hoy muy averiguados por aquellos coleccionistas dedicados a rebuscar rarezas: “lo original lo primario, si pudieran tener el manuscrito, mejor” como afirma un experimentado librero argentino.

Sí. Una nueva época arropa a las librerías de nuestra ciudad. Es bueno notar cómo el índice de lectura crece con los años, la sensibilidad que despierta el libro a muchos libreros admira. Jóvenes inquietos se agolpan en los Eventos del Libro preguntando por temas y autores que, con el tiempo, se han ido constituyendo en protagonistas del conocimiento. Una renovada sensibilidad, eso es muy bueno para una sociedad que va poco a poco despertando hacia una nueva época, generando ávidos lectores y, por supuesto, libreros que amen el oficio, inquietos en su pensar, que busquen formarse, dando todo de sí para contribuir con este posible cambio, ajustándose a la época, a los retos que internet propone en este tiempo de pandemia. Un oficio que, como los buenos oficios, exige prepararse durante toda la vida, pues lo siempre nuevo maneja su grado de exigencia.

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Contar para resistir: las letras en las diásporas africanas

Por admin en Junio 22, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Contar para resistir: las letras en las diásporas africanas

Los pueblos afrolatinoamericanos han encontrado en la literatura y el arte, vehículos de resistencia para mantener vivas sus tradiciones.

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Yo también cambio mi vida, hundida en tinieblas
por la luz de una estrella que cruza un vacío,
por una caricia que enjuague mi canto,
por una receta que calme mi hastío.

Teresa Martínez de Varela.

 

 

 Por: Valentina Correa – Danilo Arias

La presencia negra en América parte de una condición desigual. No llegaron a nuestro continente producto de una equivocación o por azares del destino. Los traficantes, negros o árabes, se internaban en África en busca de esclavos. Estos podían ser prisioneros de guerra, delincuentes, personas secuestradas o gente pobre que se entregaba a un amo para que los alimentara. Luego, en sus lugares de destino, en el nuevo continente, eran sometidos a trabajos forzados y tratos inhumanos; cada vida negra tenía un precio.

“La diáspora africana es producto de la esclavización, marca la primera relación de los afros con América y esto generó desde el inicio, incluso hasta hoy, condiciones de desventaja y desigualdad. Es muy diferente emprender una diáspora y llegar en condición de turista, de visitante o de estudiante.  Eso es determinante en la construcción de las relaciones”, explica Velia Vidal, Comunicadora Social–Periodista, promotora de lectura y mujer afro oriunda de Bahía Solano, Chocó.

Según Velia, por fortuna, la condición de esclavos no les arrebató su cultura ni sus prácticas ancestrales que al llegar a un nuevo territorio se mezclaron con las diversas cosmogonías indígenas que milenariamente ya habitaban el continente. Sin embargo, también comenta que hubo varios intentos por parte de sus amos para desaparecer esos rasgos que los identificaban y unían, por eso separaban a aquellos que hablaban un mismo idioma, diferente al de sus señores. Esto, para disminuir sus posibilidades de comunicación y evitar la construcción de vínculos de identidad nocivos para sus amos que les permitiera idear intentos de fuga o confabulaciones en su contra.

Concebidos como sujetos culturales, el pueblo negro ha desarrollado una capacidad ilimitada de contar historias. Con ellos vinieron desde África los cuentos tradicionales, las canciones y los ritmos. Esto es algo que nos une como humanos y que todas las culturas han resuelto de una manera muy similar: contamos historias para darle sentido a nuestra existencia, resolver los interrogantes sobre nuestros orígenes y construir sistemas de valores que nos permiten vivir en sociedad.

Pero en el caso afro, las historias, las palabras y la misma literatura han sido adicionalmente elementos particulares de expresión y empoderamiento ante condiciones estructurales e históricamente adversas que los ha emparentado con situaciones como la pobreza, la ignorancia, la inferioridad, el baile, la hipersexualización, la servidumbre o la fuerza bruta.

En la historia colombiana la abolición de la esclavitud solo fue posible hasta 1851 a pesar de que fue una de las promesas de Simón Bolívar en el transcurso de las guerras de independencia, pero la influencia de poderosos esclavistas y errores legislativos no permitieron la libertad de los afrodescendientes almenos durante la primera mitad del siglo XIX.

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En casos más paradójicos, un país como Brasil que es el que posee la mayor cantidad de población negra en el continente, fue el último en abolir la esclavitud 37 años después de que lo hiciera Colombia (13 de mayo de 1888). Aunque producto de esta determinación miles de negros y mestizos fueron liberados, continuaron en pésimas condiciones para el acceso al trabajo y siendo discriminados.

Y es que estas situaciones, aunque en menor medida, siguen manteniéndose hasta hoy sobre todo en cuanto a su color de piel y ascendencia. A ellas se suman otras de carácter físico, religioso, educativo y hasta las que tienen que ver con la identidad de género y sexo.

“En el caso afro por supuesto hay hombres, mujeres y una diversidad sexual igual que en cualquier grupo humano a lo largo de la historia. Lo que ocurre es que un sujeto afro que además tiene una condición de género o sexual que no corresponde a un sistema heteropatriarcal o dominante recibe una exclusión mucho mayor”, comenta Velia Vidal, quien agrega que estos actos pueden agravarse en consideración de la situación socioeconómica de los individuos. “He escuchado a personas decir en algunas ocasiones: tras de negro, marica y tras de marica, pobre”, puntualiza Vidal.

Durante décadas se han desconocido los orígenes y trayectoria de una cultura que ha migrado no solo a Colombia, sino que ha recorrido y poblado el mundo entero llevando consigo sus tradiciones y enriqueciendo aquellas de los lugares a los que llega.

“Por años la historia de la esclavitud afro ha querido eliminarse, mantenerse oculta o ser intervenida por la voz de personas mestizas que desde su poder académico o mediático deciden hablar por nosotros; muchas veces nos narran desde el estereotipo tanto en los textos como en la imagen. Hay libros en los que aún salimos con bocas exageradamente grandes, o nos pintan completamente oscuros, con caderas voluptuosas, entre otros estereotipos que demuestran cómo nos ven”, aclara Velia Vidal.

Ante una situación compleja en materia de garantías de derechos para el pueblo afro en Colombia, que según el más reciente censo nacional (2018) ubicaba en 2,98 millones de personas este grupo poblacional, las letras, el arte y la cultura aparecen como elementos reivindicativos y a su vez actos políticos y revolucionarios que han dejado huella en la historia de nuestro país.

Arnoldo Palacios, Teresa Martínez de Varela, Helcías Martán Góngora, Manuel Zapata Olivella y Candelario Obeso, son algunos de los escritores afro que han marcado la historia colombiana y que en las letras vieron la oportunidad de denunciar y reivindicar aquello que en muchas ocasiones no pudieron hacer con su voz.

Sobre el legado e importancia de estos autores y los aportes de las diásporas africanas a nuestra cultura, Velia Vidal en compañía de Selnich Vivas y Aurora Vergara conversarán el próximo 24 de junio en el encuentro mensual de Charlas de la Tarde titulado Diásporas africanas: raíces que viajaron más de diez mil kilómetros, y que podrá seguirse a partir de las 7:00 p.m. a través del canal de YouTube de Eventos del Libro y la Cultura.

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Miguel García o Mika Nivola

Por admin en Junio 21, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Miguel García o Mika Nivola

 “Escribir es un acto natural en mi vida, casi como ir al baño”

La búsqueda de umbrales entre lo ficticio y lo real, historias con múltiples tramas y propuestas disruptivas, son algunos rasgos que caracterizan la producción literaria de Mika Nivola, uno de los invitados en el mes de junio a Si una lectura en voz alta… Un sueño.

Por: Valentina Correa  – Danilo Arias

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Su corta edad fue el primer paso para querer saber más de él. Con tan solo 21 años lleva un recorrido entre las letras y la imagen mucho más amplio que muchos de su edad. Escribe cuentos que lo hacen volar por espacios que son difíciles de separar entre la fantasía y la realidad.

“Desde pequeño sentía la necesidad de exteriorizar lo que pensaba, sentía que los pensamientos eran algo como gelatinoso, algo coloidal, pero se quedaban en ese mundo abstracto que uno no podía tocar; sentí que debía ponerlos en algún lado material donde pudiera verlos y pudiera volver a hacerles preguntas”, explica así Mika su inclinación por las letras.

Su voz gruesa que se asemeja a la de un locutor, su cara joven y relajada que aún no se ve marcada por los años y una sonrisa nerviosa es lo primero que me encontré en él al hacer contacto por primera vez a través de una videollamada. Creo que en mi mente preparé muchas historias alrededor del nombre, pero jamás habría llegado a la verdadera. Por eso mi primera pregunta fue: ¿Por qué llamarse Mika Nivola y no Miguel García?

El Nivola se lo debe a Miguel de Unamuno, el escritor español con el que tuvo un acercamiento especial a través de una de sus obras llamada Niebla. Cuenta que le sorprendió cómo en este relato su personaje principal constantemente se hacía preguntas e incluso en un momento decidió ir donde su mismo autor para hablar con él. “Eso me pareció increíble y pienso que genera un cuestionamiento sobre el umbral de la ficción y la no ficción”, destaca Mika, quien recuerda que posteriormente se encontró otro texto de Unamuno en el que afirmaba que no escribía novelas sino ‘nivolas’. El carácter transgresor y experimental no solo de su obra, sino de la misma palabra lo llevaron a acogerla como seudónimo; y luego, Mika, es Miguel en el alfabeto ruso.

A parte de las cualidades que ya había visto en el perfil que leí de él antes de nuestro encuentro, descubro poco a poco en sus palabras que lleva el drama y el misterio que tenía Pessoa con sus heterónimos, en donde cada uno de ellos eran portadores de una personalidad completamente armada y creíble.

“Mi producción es muy absurda y ahí le agradezco también a Kafka que ha influido porque más allá de una trama concisa, de una trama donde uno cuente con un inicio, un nudo y un desenlace, me gusta que al mismo tiempo de que suceda una trama haya un cuestionamiento sobre la realidad; lo que puede ser ficticio y lo que puede ser real. Si algo me gustaría dejar de manifiesto en lo que escribo es ese juego que puede permitir el contar historias que no se reducen, universos que dentro de ellos mismos se releen y no tienen un umbral claro”, dice Nivola frente a ese sello propio al que muchos escritores aspiran, y que quisiera dejar marcado en quienes se acercan a sus letras.

La sutileza y delicadeza de sus palabras y lo impecable que es al hablar, también es perceptible por el lugar que eligió para conversar; a su espalda se podía ver una pared empapelada de color café claro y un grabado moderno color gris, una de esas instalaciones que están de moda y le dan color y vida a todos los espacios; también, una luz que le generaba amplitud, esa misma que deja ver la forma en que los libros han pasado y transformado su corta carrera.

Su abuelo marcó el amor por la lectura y su tía le regaló las primeras historias, esas que hasta hoy lo han marcado en su camino como escritor. ¿Cómo es posible que un niño lo primero que lea sea una antología de relatos de terror de Lovecraft, una obra de Maupassant o Louis Stevenson? Luego pasó a los rusos, en especial con Gogol y Dostoievski a quienes veía de una manera disruptiva en sus propuestas; el primero por lo absurdo para la épocas de muchos acontecimientos en sus historias y el segundo por la complejidad mental de sus personajes. Durante otro tiempo también leyó a los franceses. Le ha gustado explorar, mirar diferentes autores y formas de crear.

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Si bien es un escritor joven, deja ver en su lenguaje el bagaje de un adulto a quien ha marcado la vida con sus historias y la necesidad de contar lo que le pasa por la mente. De una forma muy visual es su manera de percibir el mundo y aquello que lo conduce a encontrarse con las letras es la traducción que encuentra entre la imagen y la palabra.

“Constantemente hago el ejercicio de traducir imágenes a palabras porque muchas veces no es tan fácil. Uno tiene una noción que está por allá enterrada en algún lado y traducirla a una imagen o a una palabra concisa es un camino largo. El cine también ha estado ahí desde muy pequeño y se ha constituido como una manera de contar a la hora de describir escenas y personajes”, aclara Mika, quien actualmente adelanta estudios de cine en el Instituto Tecnológico Metropolitano en Medellín.

Después de casi una hora hablando sobre su vida y su obra, le pregunto por las diásporas, la temática de este año para los Eventos del Libro y la Cultura, y cómo él cree que la palabra migra en su vida como escritor. Él manifiesta que la literatura y las artes en general lo convierten en un “ciudadano del mundo” porque le resulta increíble estar en Colombia , leer algo que escribieron al otro lado del mundo y sentirse tan identificado, sentir que entra en un diálogo con ese autor.

“Me gusta creer que no hay naciones, que todos hacemos parte de una misma emoción, una misma sensibilidad que es justamente la humanidad. Uno inevitablemente va estar en trayectos y eso lo hace a uno un migrante, toda la vida. Lo que hace el arte y la escritura es permitirle a uno reconocer hacia dónde está migrando y reconocer que está teniendo una búsqueda, eso está dentro de todos nosotros y eso es precisamente lo que nos acerca a las posibilidades de exponer estas apuestas que tenemos”, expresa Mika quien estará el próximo martes 23 de junio a las 7:00 p. m. a través del canal de Youtube de Eventos del Libro compartiendo fragmentos de algunas de sus obras y algunas de sus experiencias alrededor de las letras en la actividad Si una lectura en voz alta… Un sueño.

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adminMiguel García o Mika Nivola

“Como mujer quise ver la ciudad desde mi lugar”: Elizabeth Builes

Por admin en Junio 18, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en “Como mujer quise ver la ciudad desde mi lugar”: Elizabeth Builes

La creadora de El ruido de la selva, el Cuentico Amarillo número 13, conversó con nosotros sobre su trabajo inspirado en el Libro de la selva de Rudyard Kipling, la obra literaria invitada a los Eventos del Libro.

Por: Valentina Correa  – Danilo Arias

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Una famosa canción del salsero Héctor Lavoe dice que “la calle es una selva de cemento” y quizás cada una de las calles de Medellín tiene una historia para contar, personajes y formas de vivir que son el retrato de la pluralidad de un territorio.

Un puente que llaman ‘El Mico’, un edificio que tiene por nombre ‘La Ceiba’ o un barrio conocido como ‘El Bosque’, constantemente nos recuerdan las fuertes conexiones de nuestra ciudad con la selva, de la que somos producto y reflejo.

Precisamente, Medellín y sus habitantes en relación con la selva, fue una de las principales inspiraciones para la artista plástica e ilustradora Elizabeth Builes, quien es la autora de El ruido de la selva, el Cuentico Amarillo número 13, inspirado en el Libro de la selva del escritor británico y nacido en la India, Rudyard Kipling. Con Elizabeth conversamos sobre su profesión y algunos detalles de la creación que este año presenta para toda la ciudad.

¿Cómo empezó en el mundo de la ilustración?

Durante mi carrera de artes plásticas siempre me gustó dibujar. Cuando me gradué no tenía muchas oportunidades laborales. Lo único que se me empezó a presentar fue la ilustración y me decidí a iniciar por ese camino. Entré a talleres, a averiguar más, me terminó gustando mucho y fue algo que reafirmé cuando en 2013 gané el concurso de ilustración de la editorial Tragaluz para participar en el libro Johnny y el mar, de la escritora Melba Escobar. Gracias a este premio aparecieron nuevas oportunidades con otras editoriales y ahí continué.

Usted trabajó por dos años como ilustradora científica, ¿cómo fue esa experiencia?

Sí, fue en el herbario de la Universidad de Antioquia. Este tipo de ilustración está enfocada tanto en la divulgación como en las necesidades de los investigadores para cumplir su labor. Un ilustrador en este campo lo definiría como un técnico en dibujo o delineante de arquitectura; es alguien que puede tomar una descripción científica, por ejemplo de un taxónomo y plasmarla en un dibujo de una forma muy esquemática. La otra parte de la ilustración científica, con fines divulgativos, sí es un poco más narrativa y permite mayor libertad expresiva.

Luego de un recorrido por la ilustración infantil, por experiencias como la científica y la colaboración para muchas publicaciones, ¿qué representa ser la ilustradora del Cuentico Amarillo?

El Cuentico para mi es la publicación más importante de la Fiesta del Libro y lo empecé a tener muy presente desde que una amiga fue su ilustradora en 2011. En ese momento yo apenas estaba conociendo el mundo de la ilustración, me llamó mucho la atención y año a año se fue convirtiendo en un referente, siempre lo espero. La invitación para ilustrar esta edición la recibí con mucha alegría, pero también con algo de nervios por lo que significa esta responsabilidad de hacer algo que me gusta mucho y que también le agradara a la ciudad. También lo asumo como un reconocimiento que puede hacer la ciudad a mi trabajo y una gran motivación para continuar con él.

¿Cuál fue su principal inspiración o referente dentro del proceso creativo?

Como la mayoría de las personas, yo tenía en mi cabeza el imaginario del Libro de la selva propuesto por Disney. Yo empecé a leer la obra literaria y, a partir de su desarrollo, me encuentro con unas conexiones más profundas que hablan de la dualidad que puede existir entre esta ciudad y la selva. De ahí quise partir.

¿Cuáles son esas relaciones que encuentra entre la selva y esta ciudad?

Acá todavía se vive de una manera muy salvaje a la hora de reaccionar frente a muchas situaciones y no lo digo en sentido negativo, hablo de la forma experimental como muchas personas aprenden a vivir y construyen la ciudad; por ejemplo en las periferias de una manera muy orgánica y con los recursos limitados de los que disponen. Se me ocurrió pensar en Shere Khan, el tigre de la obra que no es muy aceptado en su entorno, tiene un carácter vengativo y desea el poder, pero igual está ciego y cojo. Él sigue siendo una sombra que a veces genera temor y eso a veces sucede en Medellín, hay una sombra que da miedo, pero al final es una sombra y todos buscamos la manera de convivir con ella. Así que un día en Instagram vi el tigre de esa popular cobija que muchos tienen en sus casas y creo que él engloba todo lo que yo quería contar en la obra, por eso lo escogí como portada.

Y en el resto de la obra ¿cómo decidió desarrollar el asunto gráfico?

Mi primera idea fue traducir y relacionar personajes de la obra con la ciudad y dotarlos, así como Kipling, de actitudes y valores muy definidos. Sin embargo, decidí centrarme mucho más en Mowgli, que significa ‘la rana’, y ese por ejemplo me pareció un muy buen apodo que quizás alguno de nuestros amigos pueda tener. A partir de allí lo ubiqué en un barrio periférico de la ciudad desde donde empieza un recorrido que podría ser muy natural hasta el centro.

¿Cuál es la decisión para que el personaje que inicialmente es un niño termine convertido en una niña?

Yo estaba con la idea inicial de incluir a muchos personajes, pero en vista de lo breve del formato, me di cuenta que debía centrarme en el personaje principal. Como mujer quise ver la ciudad desde mi lugar y no podía contar una historia siendo un niño. Mi lugar en la ciudad era necesario representarlo en la obra. Allí quizás también se sientan identificadas muchas mujeres.

¿Qué otros materiales o actividades le sirvieron como insumo creativo?

La imaginación no sale sola, se alimenta. Cuando pensé en el recorrido en la ciudad de día, se me vino a la cabeza un poema de José Manuel Arango que se llama ‘Ciudad dos’ y en eso me inspiré. También pensaba mucho en Helí Ramírez, quien retrataba habitualmente la ciudad desde las periferias. Hice algunos recorridos que estuvieron interrumpidos por la cuarentena y me quedé con lo que ya había visitado. También hice recorridos a través de mapas virtuales y un amigo fotógrafo me compartió imágenes suyas de la ciudad. Lo que hice fue como un ‘Frankenstein’ de Medellín tratando de recrear cosas en las que la mayor parte de la ciudad se sintiera identificada. 

¿Qué percepción general tiene sobre Medellín? y ¿quedó plasmada en el Cuentico?

Medellín es una ciudad de muchas realidades que se sobreponen y se mezclan constantemente. Es un lugar en el que confluyen muchas realidades y cada individuo aporta a eso. La ciudad son muchos mundos al mismo tiempo y cada uno lo ve de una forma distinta. A eso también apunta el Cuentico, el hecho de tener dos lupas, una azul y una roja para leerlo, es el mensaje para que cada quien observe y redescubra su propia ciudad.

*A través del mapa interactivo de la 14.ª Feria Popular Días del Libro puedes acceder a la versión digital de El ruido de la selva. También te invitamos a explorar la colección del Cuentico Amarillo y compartir estas historias en familia.

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admin“Como mujer quise ver la ciudad desde mi lugar”: Elizabeth Builes

Leen, productos literarios para lectores de imágenes

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El dibujo está para darse a entender.
Es comunicar a través de la imagen.
Aileen

Por: Daniela Gómez Tamayo – Eventos del Libro

A sus cinco años su hermana le dijo que contemplara la luna, que la mirara fijamente y visualizara qué quería ser; ella se visualizó como lo que es hoy: una ilustradora.

Aileen, con su alma rockera, su cabello naranja, sus aretes con forma de paleta de pintor que revelan su pasión por el arte, es la creadora de Leen. Un nombre que surge de la forma como su abuela la llamaba (Lin) y por la conjugación en plural del verbo leer.

Leen es un taller creativo que entrelaza la literatura, las vivencias y los sueños con la ilustración. Su línea gráfica es el realismo mágico. Desde pequeña disfrutaba dibujar, por eso decidió estudiar diseño gráfico, aunque su deseo era educarse en arte.

Durante sus prácticas universitarias y al enfrentarse al mundo laboral de un diseñador, afrontó una época de frustración y depresión en la que su espíritu le reclamaba creación. No se sentía plena, la angustia era un compañero constante, por eso decidió sumergirse en la lectura, en la filosofía.

Víctor Hugo, Galeano, Fernando González, Cortázar y Thoreau fueron algunos de sus mejores amigos en esa época, le ayudaron en la creación de sus primeros productos, como fueron las postales y los famosos relicarios.

Los sueños fueron, y lo son aún, un factor determinante en sus ilustraciones: “Soy obsesionada con la mecánica estética de uno mismo. Me gusta hacer interpretaciones de mis sueños e ilustrarlos. Mis escapes literarios”. En medio de la depresión, Aileen soñaba mucho con un gato negro y un abismo blanco: “Este gato solo me decía miau, en medio de mi angustia y mi abismo solo escuchaba un miau. No era el clásico animal que te iba a dar el consejo como Fellini le habla a Enriqueta, el mío solo decía miau”.

Gracias a este sueño se dio vida a la serie  Roja y Gato, ilustraciones en las que aparecen una niña y un gato negro en un fondo blanco, este último representa el abismo. Lo oscuro siempre se ha asociado al infortunio, pero estar en blanco, como lo estuvo Aileen en esa época, también lo es.

La ilustración tiene varias particularidades, una de ellas es que cada persona le da una interpretación diferente ligada a sus experiencias. Una imagen puede tener diferentes historias: la del creador y la de cada uno de los espectadores. “Lo que vos estás mirando sí es mi obra, pero te estás mirando es a vos, es tu interpretación, tu historia. Cuando ven a Roja y Gato siempre les genera ternura, lo que no saben es que surge de una angustia y de una depresión”.

Los productos Leen iniciaron con un pequeño presupuesto, con esto sacó las primeras postales para un evento en el que recaudó 300.000 mil pesos, a partir de ahí, comenzó su participación en ferias.

Uno de sus primeros eventos fue la Parada Juvenil de la Lectura, en el que conoció personas que la apoyaron y aconsejaron sobre qué cantidad de productos debía sacar para los eventos, como lo afirma ella “una competencia amigable”. Por eso cuando narra esta anécdota, habla con cariño de Ángela y Sebastián de la Libretería Ediciones y Julio de Dibujo Marín, quienes la acogieron.

Pensar que iba a vivir de la ilustración era algo descabellado, siempre la interpelaban diciéndole: ¿qué te pasa? Su terquedad le permitió seguir adelante y llegar a tener productos para vender, talleres en los que busca despertar en las personas ese ilustrador que todos llevan dentro, porque para Aileen, todos llevan el dibujo en su ser.

Cada ilustración nace de obsesiones que deja fluir o de un concepto que perfecciona en diferentes productos. Para desarrollar cada objeto siempre requiere de un tiempo creativo que funciona desde lo emocional. Algunos artistas tienen historias místicas de estos procesos, en el caso de Aileen, su historia surge con la obsesión de investigar el corazón. “Estuve mucho tiempo investigando todo lo que tuviera que ver con el corazón, hice varias ilustraciones. Una de estas era una mujer muy parecida a mi madre que estaba abrazando un corazón y lloraba. A las dos semanas siguientes a mi padre le dio un infarto”.

Cada ilustración y producto han sido logros cumplidos. Al inicio no se imaginaba vendiendo cuadernos por el alto costo de estos, hoy tiene seis tipos. Decidirse por un sueño genera inseguridades, dificultades, tropiezos; pero hoy, después de ocho años de trabajo, de tres mudanzas y determinación, Leen es un taller creativo para lectores de imágenes y para colegas que quieren compartir su conocimiento y necesiten una mano en sus inicios.

Los sueños empiezan como ideas confusas, pero si las dejas volar toman forma para trazar tu camino.
Sara Fratini, artista plástica e ilustradora venezolana.

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adminLeen, productos literarios para lectores de imágenes

Epidemias en la historia literaria

Por admin en Mayo 27, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Epidemias en la historia literaria

Muestras de la fragilidad humana y la necesidad de las diásporas

 

 Por: Danilo Arias Henao y Valentina Correa Restrepo

Las epidemias a lo largo de la historia también se han encargado de contagiar a la literatura. La plaga de Atenas descrita por Tucídides en el 430 a.C; el cólera de principios del siglo XX recreada por Thomas Mann en La muerte en Venecia; la obnubilación de la sociedad moderna narrada magistralmente por Saramago en Ensayo sobre la ceguera y hasta la tuberculosis que sufrió Simón Bolívar en sus últimos días, recreada por Gabo en El general en su laberinto, son algunas muestras de cómo las enfermedades también han infectado a las letras.

La enfermedad, el dolor y la muerte han sido importantes y frecuentes detonantes de historias literarias porque la llegada de una enfermedad confronta al ser humano respecto a su fragilidad y lo efímero de su existencia; sus apariciones han fungido no solo como hechos históricos, sino también, como vivencias personales que grandes escritores han decidido plasmar en sus obras”, explica Luis Fernando García, experto en inmunología, profesor emérito de la Universidad de Antioquia y miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas Físicas y Naturales.

Este investigador fue uno de nuestros invitados durante la segunda jornada de la 14.ª Feria Popular Días del Libro con la actividad La perorata del apestado: de otras pestes y otros apestados en la literatura, a propósito de la obra de Gesualdo Bufalino, que lleva el mismo nombre. En ella describe la historia de algunos sobrevivientes de guerra infectados incurablemente por tuberculosis.

Diásporas en tiempos de Covid-19

La actual contingencia sanitaria ha transformado nuestras formas de vida y probablemente por mucho tiempo nada vuelva a ser igual antes de la llegada del Covid-19. Justo cuando este año los Eventos del Libro tienen como eje central las diásporas, según Luis Fernando García, la presente situación guarda total relación con las dispersiones.

Migramos a otros lugares por necesidad, no solo para huir de amenazas contra la salud y la vida, sino que cambiamos nuestros habituales sitios de estudio o de trabajo por espacios cerrados: la cuarentena en sí misma es una diáspora. Sin embargo, en medio de ella también puede surgir la imaginación al mejor estilo de las siete mujeres y tres hombres que ante la peste bubónica decidieron relatar un centenar de cuentos durante su encierro en el Decamerón de Boccaccio.

“La enseñanza principal de la literatura para estos tiempos es que somos una especie frágil y hemos construido una sociedad absolutamente egocéntrica y ególatra en la que nos creemos capaces de controlar todo, pero un virus que tiene solo unos cuantos nanómetros nos pone de rodillas y nos hace reflexionar sobre nuestro devenir”, comenta el profesor García quien añade que muy seguramente buena parte de la literatura del futuro estará inspirada en lo que viene ocurriendo mundialmente.

Ya lo decía el dramaturgo inglés George Bernard Shaw: “Las epidemias han tenido más influencia que los gobiernos en el devenir de nuestra historia”. Las letras no solo han sido el vehículo para evidenciarlo, sino para invitar a reflexionar a la especie humana sobre lo efímera de su existencia y su relación con los demás seres con los que coexiste.

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Las diásporas gitanas, un legado de diversidad y resistencia

Por admin en Mayo 27, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Las diásporas gitanas, un legado de diversidad y resistencia

Por: Danilo Arias Henao y Valentina Correa Restrepo

Sobre el origen de la diáspora o dispersión del pueblo rom por el mundo no hay consenso. Algunas versiones afirman que fue producto de una pandemia, otras que fue el resultado de la agitación de algunos esclavos que se rebelaron ante el sometimiento de un sultán hacia el año 1089 y otros dicen que fue por una guerra. El hecho es que desde el siglo XI un grupo de personas provenientes de Punyab, una zona entre la India y Pakistán, comenzaron a migrar a diferentes lugares del mundo hasta llegar 400 años más tarde al centro y occidente de Europa.

Desde sus inicios, el pueblo rom o gitano fue construyendo un espíritu nómada y aventurero que pisó suelo antioqueño en la década de los años cincuenta del siglo pasado. Al llegar a un nuevo espacio establecían sus carpas y en los días de fiesta aprovechaban para comercializar algunos productos, mientras las mujeres podían negociar la lectura de la mano.

“Su habilidad para adaptarse a distintas condiciones, la abnegación por la familia y las tradiciones, hicieron que los migrantes rom congeniaran fácilmente con la cultura paisa”, destaca la antropóloga Marcela Jaramillo, quien ha estudiado a esta comunidad desde finales de los años ochenta. Diez años atrás, esta población empezó a consolidar algunos asentamientos en el barrio Santa María de Itagüí, famoso ya desde principios de los noventa como ‘el barrio de los gitanos’.

Justamente, la investigadora Jaramillo, junto con Ana Dalila Gómez, coordinadora del Proceso Organizativo del Pueblo Rom en Colombia (Prorom), estuvieron presentes en una conversación virtual con la periodista Angie Palacio en el Auditorio Sitio de Aná, durante la primera jornada de este espacio académico de la 14.ª Feria Popular Días del Libro. La actividad sirvió para conocer y visibilizar la historia, cultura y cosmogonía gitana; un pueblo nómada que se asentó en estas tierras, marcado por las diásporas y en un proceso constante de adaptación y resistencia.

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Por la reivindicación de sus derechos

Desde 2010 el pueblo rom fue reconocido como grupo étnico por el Estado colombiano. Esta situación, según Marcela Jaramillo, ha propiciado que sean incluidos en aspectos de planeación y políticas públicas, entre otras conquistas en materia de derechos. Sin embargo, aún aparecen grandes retos dentro de sus procesos reivindicativos en el contexto colombiano que tienen que ver con la conservación de sus tradiciones.

“El principal reto para mí como gitana es continuar siendo lo que soy. Actualmente hay muchas situaciones que pretenden encasillarnos y nosotros somos diversos por naturaleza y queremos seguir siéndolo”, comenta la líder rom Ana Dalila Gómez.

La historia y procesos de pueblos como el gitano, evidencian la importancia de reflexionar sobre las diásporas y su aporte en la construcción de sociedades más plurales, equitativas y democráticas. Sus experiencias nos hablan del valor de la convivencia y el deber que todas las sociedades tienen de incluir y aprender de otras.
Al igual que en el caso de la comunidad rom, durante el resto del año en los Eventos del Libro continuaremos hablando de esas diásporas que a lo largo de la historia humana se han presentado por diferentes situaciones. Ellas evidencian la manera en la que estos pueblos enriquecen a la vez que se van adaptando y transformando los nuevos lugares que habitan.

 

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Libros Antimateria, un hogar para lectores curiosos

Por admin en Mayo 26, 2020 , Los comentarios están deshabilitados en Libros Antimateria, un hogar para lectores curiosos

Por: Kelly Manosalva Fajardo – Eventos del Libro

Un letrero que dice “La pequeña librería de los grandes contenidos”; dos bancas azules; una vitrina con plantas, ilustraciones y libros; un perro que responde al nombre de Rulfo y hace las veces de guardián. Así luce la fachada de Libros Antimateria, un lugar extraño, caprichoso y pequeño, según cuentan sus libreros, Melissa Martínez y Johny Benjumea, o Joni B, en el mundo del cómic.

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Era marzo de 2017 cuando Melissa, física de profesión, y Joni, artista plástico y docente universitario, decidieron abrir las puertas de su propia librería. La historia no fue tan simple. Este sueño se gestó años atrás, Melissa siempre quiso tener una librería, le gustaban este tipo de espacios en los que se pudiera leer y relacionar con más personas que compartieran el mismo gusto.

Después de estar por fuera del país, Melissa tuvo el impulso de abrir una librería en formato virtual, investigar la industria en Colombia y cambiar la física por los libros. Al mismo tiempo, organizaba ferias pequeñas y se relacionaba con personas que elaboraban fanzines: “En esas conocí a Joni, fue en una exposición de cómic en Bellas Artes y nos volvimos amigos. A finales del 2016 ya estaba con ganas de montar una librería física, pero no quería hacerlo sola. Le lancé la propuesta y me dijo que sí”, cuenta Melissa.

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Joni había considerado tener una librería como un sueño romántico, que se cumpliría al final de su vida si en algún momento alcanzaba una jubilación y tuviera el suficiente dinero: “no me imaginé que fuera tan rápido (…) no iba a esperar 30 años más para hacerlo, así que acepté de una”. Ambos cuentan que buscaron locales en el centro y El Poblado. Finalmente se decidieron por Laureles, un barrio residencial que tenía movimiento continuo de transeúntes. Empezaron en un local pequeño, en el que cabían pocas personas. El inventario y los amigos crecieron, por eso decidieron mudarse al local actual, en donde ahora pueden planear más eventos.

“Desde el principio me parecía encantadora la idea de estar metido en un sitio lleno de libros, y que de alguna manera esos libros fueran míos, aunque realmente no lo son, pero digamos que me puedo imaginar que sí. Me la puedo pasar leyendo todo el día, en realidad no sucede (risas) es una ilusión testaruda. Estoy en el paraíso rodeado de libros que puedo leer en cualquier momento. La librería (Libros Antimateria) es diferente a la mayoría de librerías, lugares a los que yo quería dejar de ir”, afirma Joni después de recordar algunas malas experiencias de compra en librerías de cadena.

En Libros Antimateria hay un catálogo poco convencional, ya que para estos libreros es importante vender títulos con los que sientan afinidad, además de propiciar espacios de encuentro con los lectores, como clubes de lectura, proyección de películas, charlas y exposiciones. Su concepción de librería siempre ha contemplado la conversación, y para esto, el espacio debe ser acogedor, similar a la sala de una casa.

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Los temas que se encuentran en la tienda van desde literatura, filosofía, feminismo y poesía, hasta libros infantiles, novela gráfica y cómic. Melissa y Joni quisieran tener más cómics, pero reconocen las dificultades de acceso: “Tenemos un mueblecito, pero lo que hay allí es escogido con mucho cariño. Nos interesa tener una colección de cosas para aprender, ver autores importantes y que nutran el aspecto intelectual del género”, dice Joni.

Cuando se le pregunta a Melissa sobre su oficio como librera, comenta que le gustaría lograr percibir los gustos de las personas con pocas preguntas, asemejarse a Luis Alberto Arango de Palinuro: “… él sabe mucho, es adorable”. Para quienes se dedican a este oficio, la capacidad para conversar y escuchar se vuelve vital, ofrecer varias opciones y recibir recomendaciones de los visitantes es un ejercicio enriquecedor y necesario.

Libros Antimateria cuenta ya con varios visitantes asiduos, que con el tiempo se han vuelto amigos: “La primera semana que abrimos en el local antiguo, el segundo o tercer día se aparece un tipo en pijama, con gafitas, un perro peludo y una copita de vino en la mano y pregunta: ‘¿esto es una librería?’. Era el profesor Juan Guillermo Gómez. Se compra dos libros y encarga uno, nos hace recomendaciones de libros… se volvió muy buen amigo, nos ha invitado a su casa”.

A futuro, les gustaría ser una editorial, una labor que requiere valentía, pero que poco a poco han ido experimentando. Por ahora, Antimateria seguirá siendo ese lugar para los lectores de lo curioso, que disfrutan espacios no convencionales para perderse en nuevas aventuras.

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