admin

Gracias Manuel Peña Muñoz

Por admin en Noviembre 7, 2019 , No hay comentarios

Marcos Duque Jaramillo
Estudiante de la Institución Educativa El Triunfo Santa Teresa, Medellín

Hace poco más de un mes, el nombre Manuel Peña Muñoz empezó a hacer eco en las aulas de nuestra Institución. ¿Quién es? ¿Cuáles son sus obras? ¿Por qué todos en el colegio estamos hablando de él? ¿En serio viene a visitarnos?

Las respuestas a estas preguntas dieron lugar a una aventura que rompió con la cotidianidad de nuestras clases de Lengua Castellana. En ellas, hablamos de Chile, y de repente se nos hizo un país vecino más cercano. Ahora, cuando este surja como tema en nuestras conversaciones, seguramente, empezaremos diciendo lo que desde esta experiencia mejor conocemos, que es la tierra natal de Manuel Peña Muñoz, el autor al que infinitamente estaremos agradecidos por el honor de su visita y por regalarnos, con la ilusión de su acogida, la oportunidad de acercarnos a sus obras y de hacer de ellas un motivo para el encuentro literario mediante la lectura individual y colectiva; para la memorización de rondas, adivinanzas y trabalenguas de nuestra tradición iberoamericana; para la representación plástica y escénica a partir de nuestras interpretaciones de lo narrado; para la indagación de aquello que nos era desconocido y nos llevó a comprender, por ejemplo, que una salamandra es también el nombre de una estufa de carbón y un alerce es un árbol que puede llegar a medir unos 40 metros.

Señor Manuel Peña, gracias por propiciar con su escritura y la promesa de su venida nuestro encuentro con algunos de sus personajes y con las realidades de sus mundos maravillosos.

Para aquellos que dejamos que un ángel nos soplara al oído, fue mágico escuchar las bellas razones por las que en Olmué se pueden llegar a ver algunos conejos rosados con ojos de color violeta como la flor del jaracandá; o por qué las mutisias tienen los pétalos manchados de rojo con la sangre de dos amantes; o por qué el duende Lily mora en el Callejón de las Hormigas y a veces regala cintas rojas a quienes las ven.

También, para quienes tuvimos la oportunidad de leer el libro Los niños de la cruz del sur, fue emocionante emprender el viaje junto a Fabián y Sandra por las aguas y a la rivera del río Baker hasta Caleta Tortel, tras la pista de una misteriosa nota atada a un globo azul que nos condujo más allá del descubrimiento de que Pablo Mendieta era el autor del enigmático mensaje; pues llegamos a descubrir que nosotros también tenemos sueños que guardamos en lo secreto, de los cuales, algunos penden ahora de estos globos que adornan la biblioteca y que son símbolo de nuestra esperanza. 

Desde luego, los más pequeños se dejaron atrapar por los juegos de palabras de Lima, limita, limón, y corearon las vocales, jugaron a ser hormiguitas, elefantes y gatos con las patas de trapo. 

Como podrá darse cuenta, tenemos motivos suficientes para afirmar que es un privilegio para nosotros el hecho de que usted esté aquí presente. La vida de cientos de nuestros compañeros y la nuestra fue tocada por su obra. Por eso, terminada la espera, lo recibimos con los brazos abiertos y lo adoptamos como parte de la familia institucional.

Hoy, queremos escuchar su voz, entablar con usted una conversación y ver cómo se abren surcos de nuevas posibilidades. Hoy, somos esos niños a los que les puede hablar “de los sauces que lloran y que a veces ríen, de los caracoles en el jardín que dejan escrita una historia de amor, de lo que cantan las mariposas cuando vuelan y de lo que dicen las piedras cuando caen al agua y dejan ondas”; pero también somos esos que quieren preguntar, por ejemplo, ¿qué tanto hay de “autorretrato” en sus obras? ¿De verdad vivió en Alemania, en un castillo donde se le apareció un niño fantasma? ¿Todavía lo inspiran “una canción, un verso, una frase al pasar, una viejecita que barre las hojas secas con un bastón”?

En fin, bienvenido y gracias por acudir a esta cita.

read more
adminGracias Manuel Peña Muñoz

Hora de sumergirse en el Cuentico Amarillo

Por admin en Noviembre 5, 2019 , No hay comentarios

Banner-web-cómic (1)

Libros Leídos Pequod, el Cuentico Amarillo número 12, se convirtió en un webcómic, una apuesta de los Eventos del Libro por dar vida a las historias a través de otras formas de leer.

Por: Juliana Vásquez Posada

Clu, blu, clu, blup. El mar llama a la aventura. Las gaviotas que revolotean anuncian la llegada de la gran ballena blanca. Luego, el capitán Ahab y su barco. Es hora de sumergirse en aguas profundas. Lo demás, hay que verlo y escucharlo.

Libros Leídos Pequod, el Cuentico Amarillo número 12, invita a nuevas aventuras. Esta vez, a una en movimiento y con sonidos que trasladan al océano. Y es que la historia basada en Moby Dick, no solo se puede leer en su formato impreso de 24 páginas, en formato digital y en su edición braille. También es un webcómic.

La transición del formato impreso a otras versiones digitales o web comenzó en 2014, como lo cuenta Gregorio Herrera, coordinador de los Proyectos Especiales de los Eventos del Libro de Medellín. Ese año, por primera vez, los lectores pudieron acceder a una versión digital de Hansel y el dolor de estómago que duró veinte años, el Cuentico número 7; y, un año después, además de alojarse en el sitio web, el Cuentico Amarillo también se desarrolló en versión descargable a través de una aplicación, que permite que las expediciones de personajes tan reconocidos como Frankenstein o Pinocho estén disponibles en los dispositivos móviles de los ciudadanos, para que los acompañen cuando lo deseen.

El número de descargas del formato digital que ha ido creciendo año tras año, se convirtió en una motivación para explorar el desarrollo del primer webcómic. “Queríamos que la ciudadanía, sin necesidad de descargar archivos y solo siguiendo un enlace, pudiera acceder a otra forma de leer el Cuentico Amarillo e interactuar con él”, agregó Gregorio Herrera.

En el proceso de creación del webcómic participó también el autor de Libros Leídos Pequod, el periodista e historietista local Pablo Pérez (Altais), quien comentó que en la reconversión del Cuentico Amarillo se apostó por un estilo de cómic en movimiento en el que “más allá de la animación, el valor está en que también se asoció a una musicalización que aporta a la historia, y en el hecho de que permite la lectura expandida a través de un simple enlace, lo que abre la posibilidad de leer el Cuentico en muchos más espacios de la ciudad”.

La edición número 12 del Cuentico Amarillo es especial también porque rinde un homenaje a las librerías de la ciudad y al oficio de los libreros que todos los días contagian a lectores primerizos y experimentados de su amor por las letras y por las expediciones que se viven y se disfrutan con el pasar de las páginas de un libro.

“La experiencia de estar en el Cuentico Amarillo fue muy conmovedora, no solo porque el cambio de texto a cómic fue un giro de 180 grados, sino porque la alegoría con Moby Dick, el homenaje a la figura de los libreros en la sociedad y la circulación de este unos meses antes que en años anteriores, le dieron un carácter muy especial”, aseguró Luis Alberto Arango, librero de la librería Palinuro, que aparece en Libros Leídos Pequod.

Si ya disfrutó del formato impreso, la invitación de los Eventos del Libro es a explorar otras formas de leer y recorrer esta historia a través de elementos inesperados y mágicos. Clu, blu, clu, blup. El mar llama a la aventura.

El webcómic de Libros Leídos Pequod puede verse en: https://librosleidos.fiestadellibroylacultura.com

WhatsApp Image 2019-11-05 at 4.01.48 PM (1)

Todas las versiones digitales del Cuentico Amarillo se encuentran en: https://fiestadellibroylacultura.com/cuenticoamarillo/pequod-moby-dick.html

read more
adminHora de sumergirse en el Cuentico Amarillo

Helí Ramírez: su vida fue su mejor poema

Por admin en Octubre 26, 2019 , No hay comentarios

Esta frase del artista Fredy Serna refleja al escritor cuyos poemas hablaron del barrio, de sus luces y sombras. Aquí un homenaje en palabras de los invitados a la Charla de la Tarde que se realizará este miércoles 30 de octubre en Castilla.

Lo conoció por sus letras, mucho antes de poder cruzarse con él en persona. Un profesor, en su época universitaria, le dijo que debía leer a un poeta de barrio, Helí Ramírez. Así que Fredy Serna, sin esperas, compró En la parte alta abajo y fue, expresa emocionado, amor a primera vista.

Tiempo después, en una exposición en la que Serna exhibía su obra, coincidió con el poeta que había leído. “El maestro me dijo, vos sos Fredy Serna, y yo le respondí, vos sos Helí Ramírez. Ya nos conocíamos a través de nuestras obras. ¡Imagínese lo que es para un joven leer un libro y un poeta que puso en palabras lo que estaba pintando!”.

Como lo afirmó alguna vez el curador Alberto Sierra, lo que Serna pinta es su horizonte, esa montaña que tiene delante de sus ojos, que cambia con la polución, con el día, con la noche. “Él pinta ese paisaje: el ambiente y la belleza de esa arquitectura espontánea donde conviven miles de personas”. Y por eso, el artista se conectó con el poeta que hacía surgir de las calles, de las esquinas, del barrio, de Castilla, las palabras que muchos estaban esperando.

El escritor de pocas palabras con el artista efusivo. ¿Qué podía surgir de allí? Encuentros espontáneos, proyectos, silencios. La obra conmemorativa de los 15 años del Fondo Editorial Universidad EAFIT, una reedición de En la parte alta abajo, tuvo como portada la obra de Fredy Serna, llamada de la misma manera. Un regalo, como manifiesta el artista. “Fue Helí el que me dio a mí, me lo dio todo. En el lanzamiento de ese libro se hizo una exposición retrospectiva de 25 años de mi trabajo, con los amigos, con Helí, con el libro”.

Esta y otras anécdotas seguro surgirán el miércoles 30 de octubre, para revelar al poeta, para rendirle un homenaje, para conversar del barrio, en la Charla de la Tarde Una poética del punk en la parte alta abajo. Travesía musical con Helí Ramírez, en la que Serna y el historiador David Herrera conversarán con el escritor y muralista Santiago Rodas, después de una caminata punk por las calles de Castilla.

De Helí Ramírez se dijo que no le gustaban los títulos que lo definieran, ni las entrevistas y menos aparecer en actos públicos. Fredy Serna recuerda que cada que soñaban con tenerlo en algún espacio o proyecto, debían rastrearlo y convencerlo una y mil veces de que los acompañara.

El periodista Juan José Hoyos, en una columna en El Colombiano titulada En memoria de Helí Ramírez, a propósito de su muerte el 20 de febrero pasado, recordó cuando lo conoció en 1975, por la misma época en que los poetas Elkin Restrepo y Carlos Castro Saavedra estaban a punto de publicar su libro, La ausencia del descanso. Hasta ese momento, continuó Juan José, Helí era un joven desconocido del barrio Castilla que no era consciente de lo que escribía, “a pesar de que ya había llenado en silencio tres mamotretos de muchas páginas y estaba a punto de cumplir 25 años. Además, no recordaba cuándo había empezado a escribir. Cuando apareció el libro, se dijo: ‘¿Cómo así que yo dizque soy poeta?’. La sorpresa no fue solamente suya, sino de su familia, sus amigos del barrio y sus compañeros de la Universidad Autónoma. Nadie sabía que él escribía, ni él posaba de escritor”.

El Helí que se quedó en el corazón

Helí Ramírez. Foto Daniel MordzinskiHelí Ramírez bajo la mirada del fotógrafo Daniel Mordzinski.

Cuenta Fredy Serna que David Herrera tiene en su mente y en sus archivos toda una ‘Heliteca’, como buen apasionado por la vida y obra de Helí Ramírez. El historiador, que estará en la Charla de la Tarde, escribió este año en el periódico Universo Centro que al poeta “le bastó la escritura como el arte de repetirse a sí mismo y a los suyos, y con ella, más que promocionar cualidades, difuminó un sinnúmero de defectos, vicios y flaquezas; en los abismos interiores de ese recóndito silencio engendró una poética de lo inexpresado, una estética de lo no escrito y lo no expuesto. De pensamiento irreverente, rebelde, revolucionario, volado, sin control, más indomable que el punk, gambeteó clichés, evitó prédicas, concibió la educación como un camino digno para salir de la pobreza y se dirigió de lleno a los jóvenes cada vez que fue convocado a discurrir en público”.

En la charla en la que Helí Ramírez participó en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, en 2018, se refirió, precisamente, a esos jóvenes que se cuelan en sus versos:

“¿Por qué creo en la juventud? Y más en una juventud popular que veo por aquí muchos exponentes de ella, ¿por qué creo en una lucha por una subsistencia digna? Porque veo gente de mi barrio que, con hambre, hasta sin pasajes bajan a la universidad, se graduaron, lograron superar un poco y mejorar su calidad de vida, sus condiciones de vida. Y esto que acabo de decir es para reconocer una cantidad de jóvenes populares y de clase media que ni son de arriba que ni son de abajo, pero son necesarios ahí en la mitad, por cuestiones económicas de desarrollo social; frente a todos los obstáculos, luchan, perseveran”.

Probablemente, cree David Herrera, muchos jóvenes leen hoy los libros de Helí porque también encuentran en ellos, como otras generaciones, un tono único, un ritmo sencillo, una manera de hablar especial, una voz que sienten cercana, vecina, incluso propia. “Helí Ramírez es y está en la escritura. En el corazón, en la mente de cada lector, siempre queda el eco de las palabras leídas, series de recuerdos asociados a los relatos, una conexión viva entre la imaginación y la realidad conservada y transmitida en los textos como mundos posibles de un patrimonio compartido: el territorio y el lenguaje”.

¿Y cuál es el Helí Ramírez que se quedó en el corazón de Santiago Rodas? “Yo creo que hay un solo Helí Ramírez, uno difícil de conseguir, tosco, barrial y sin parafernalia social. Ese Helí reacio al mundillo literario, sincero, concentrado en sus textos, en los problemas de su barrio, es el que está en mi corazón. En sus poemas descubrí esa ciudad que él representa, ese dolor del barrio: la violencia, la economía de sus habitantes, el amor por el fútbol, lo que significa desayunar tristeza con sal”.

En una entrevista que concedió a Reinaldo Spitaletta, el poeta de la barriada reveló que En la parte alta abajo se descubrió a sí mismo:

“Eso del título es porque habitando arriba en las montañas que rodean la ciudad, estamos abajo, abajo, abajo… en lo social, en lo económico. Ese libro llegó después del primero, aún sin título y que conservo después de una rigurosa poda; después del segundo, La ausencia del descanso, o sea que no fue un libro gratuito; fue un libro producto de un proceso en búsqueda de mí mismo como ser individual, como ser social. En él encontré la palabra, o mejor, la palabra me encontró a mí”.

Al artista Fredy Serna se le hace difícil definir a Helí, “el poeta del silencio quizás”, asegura después de una pausa. Ellos, que después de perder el contacto por meses o años, se reencontraban en algún bar de Castilla, no siempre lo hacían para conversar. “De qué hablaba con Helí, me preguntan, desde el silencio es que hablábamos”.

Rememora que el poeta Jesús Gaviria le insistía mucho sobre la importancia de los títulos de sus obras. Siempre le aseguró que debían tener la dignidad del verso, por eso, reconoce, “todos los días le robo frases a Helí para titular mis cuadros y sigo haciéndolo”.

Y es que abrir las páginas de sus libros o ver sus letras en títulos de obras de arte traen de vuelta a Helí Ramírez. Por eso, insiste Santiago Rodas, sus libros necesitan reeditarse, estudiarse y conocerse más. “Las palabras de Helí Ramírez son un reflejo para muchos de nosotros, ahí nos vemos, ahí nos encontramos”.

Uno es algo
De Helí Ramírez

Y no me diga que uno es nada en la vida. ¿Somos nada? Somos.
Yo soy.
Es imposible no ser algo. Uno es algo.
¿Que uno es nada si no se tiene un peso en el bolsillo
ni tarjeta en un cajero?
De acuerdo. Muy estúpido sería decirle que no. No tenemos un
peso, ni tarjeta para meter en la ranura de un cajero,
pero de ahí a que somos nada, mal me huele esa idea.
Y para que se muerdan las uñas: eso tiene solución en uno de esos
pensamientos que llaman malos bien parado en la mente
por una carretera sembrada en pinos de ilusiones.
Y no me diga que así lo quiso el destino.
A la una, a las dos, o a las cuatro de la tarde o del amanecer
uno es lo que quiera ser o sea
a no ser que de pereza nos quedemos sentados…
sentados a esperar que el billete
del cielo caiga por un hueco en el techo
a la sala del rancho.
Yo sí tengo muchas cosas que ser para hacer.

Charla de la Tarde

Miércoles, 30 de octubre. Castilla

Programación
5:00 p. m. Caminata punk.
Punto de encuentro: Cancha Francisco Antonio Zea.

6:00 p. m. Una poética del punk en la parte alta abajo. Travesía musical con Helí Ramírez.
David Herrera y Fredy Serna conversan con Santiago Rodas.

7:00 p. m. Concierto. IV Tiempos (punk).
Bar El Sub. Bulevar de Castilla. Carrera 68 N.º 96 – 36.

Entrada libre.

Ilustración del poeta que hizo parte del Tren de la Cultura 2015: Entre líneas, el gran momento de la literatura en Antioquia.

Helí Ramírez en la Fiesta del Libro y la Cultura 2018. Foto cortesía Juliana Restrepo Santamaría.

read more
adminHelí Ramírez: su vida fue su mejor poema

Una expedición por Castilla, el punk y las letras de Helí Ramírez

Por admin en Octubre 25, 2019 , No hay comentarios
  • La sexta de las Charlas de la Tarde mensuales de 2019 será el próximo miércoles 30 de octubre en Castilla. Esta vez se rendirá un homenaje al poeta Helí Ramírez y a la cultura punk de la ciudad.
  • La Charla tendrá tres momentos: caminata para conocer la historia del punk en la zona noroccidental de la ciudad, conversación con artistas y escritores influenciados por la obra de Helí Ramírez y presentación musical de la banda de punk IV Tiempos.
  • La ciudadanía ha podido vivir este año una fiesta eterna alrededor del libro con seis Charlas de la Tarde, dos Fiestas del Libro y la Cultura Comunitarias, la 13.ª Feria popular Días del Libro, la 11.ª Parada Juvenil de la Lectura y la 13.ª Fiesta del Libro y la Cultura.

El próximo miércoles 30 de octubre, la Charla de la Tarde se va de expedición por el barrio Castilla para hablar de poesía y de cultura punk. La programación comenzará a las 5:00 p. m. con una caminata punk que partirá de la cancha Francisco Antonio Zea; continuará a las 6:00 p. m. en el bar El Sub, ubicado en el bulevar de la carrera 68, donde se desarrollará la Charla de la Tarde Una poética del punk en la parte alta abajo. Travesía musical con Helí Ramírez; y cerrará a las 7:00 p. m. con un concierto de punk de la banda local IV Tiempos, que incluirá lectura de poemas del escritor al que se le rendirá homenaje.

La obra de este poeta, que vivió y transitó las calles de Castilla, retrató la vida que palpitaba en las esquinas de los barrios periféricos de Medellín, esos que, como él mismo decía, estaban en la parte más alta de las montañas, pero abajo en lo social y lo económico. En los mismos lugares que inspiraron a Helí Ramírez (1948-2019) se gestó la cultura punk al noroccidente de la ciudad.

La caminata punk estará guiada por el punkero y baterista de la agrupación Desadaptados, Carlos David Bravo. El recorrido abordará el contexto sociopolítico de los años 80 y 90, los comienzos del rock, la conformación de las galladas, las mujeres roqueras, los recorridos barriales y la configuración de la estética que permeó expresiones como el arte, la literatura y el cine durante aquella época.

Una poética del punk en la parte alta abajo. Travesía musical con Helí Ramírez, será el segundo momento de la jornada. En el bar El Sub se conversará sobre el punk, la memoria barrial, los jóvenes, la educación, la violencia y la literatura, a propósito de los 40 años que se cumplen de la primera publicación del libro En la parte alta abajo, la obra más conocida y más veces editada de este poeta.

Para Fredy Serna, maestro en Artes Plásticas de la Universidad Nacional y uno de los invitados a esta Charla de la Tarde, la vida de Helí Ramírez fue una poesía en sí misma; además, el poeta fue una gran influencia en su obra, “cuando empecé a pintar y leí a Helí, pensé que se me habían adelantado. Él pintaba con la palabra y yo he tratado de hacer poesía con la pintura”.

Junto con Fredy estará el historiador David Herrera, un convencido de la vigencia de la obra de Ramírez, “probablemente muchos jóvenes leen hoy los libros de Helí porque también encuentran en ellos, como otras generaciones, un tono único, un ritmo sencillo, una manera de hablar especial, una voz que sienten cercana, vecina, incluso propia”.

El escritor y muralista Santiago Rodas moderará esta conversación, para que la Charla sea ese encuentro en el que los ciudadanos escuchen “una voz barrial, transgresora, que desmitifica la poesía como algo puro y de difícil acceso. La poesía de Helí es una invitación a habitar la ciudad con otros pliegues, con otras preguntas a las acostumbradas en la poética de la ciudad. En los textos de este poeta estamos relatados los habitantes de la parte alta abajo de esta ciudad”.

La Charla de la Tarde terminará con los sonidos de la banda IV Tiempos, que se mezclarán con la lectura en voz alta de algunos de los poemas de Helí Ramírez.

Las Charlas de la Tarde de 2019

La del próximo 30 de octubre será la sexta Charla de la Tarde mensual de 2019. En enero, se adelantó la primera con la escritora Sabrina Duque, denominada Emprender el viaje, una expedición para ver el mundo, en el marco del Hay Festival Medellín. El Hospital San Vicente Fundación fue el escenario en marzo para la segunda, Expedición botánica en Medellín, una conversación con las plantas, un recorrido guiado por el doctor en Ciencias Biológicas, Ricardo Callejas Posada.

En la Casa de la Cultura de Manrique se realizó en abril, la primera Fiesta del Libro y la Cultura Comunitaria del año. Allí se dio la tercera Charla de la Tarde, con caminata por la 45, con un nombre que motivó a muchos a asistir, Manrique y sus aires de bandoneón: refugios del tango en Medellín, en compañía del periodista Luis Alirio Calle y el integrante del grupo Memoria & Ciudad, Sebastián Pérez. También en abril, en la presentación de la Fiesta del Libro y la Cultura en FILBo, fue protagonista la Charla Diálogos del valle y la sabana. Dos historias que navegan por un mismo río, en la que los guías de la expedición fueron Juan Luis Mejía, rector de Eafit, y Germán Ferro, director académico del Museo del Río en Honda.

La más reciente Charla de la Tarde mensual fue en la Fiesta del Libro y la Cultura Comunitaria en Santa Elena, una charla que trató sobre Migrantes del cielo. Pequeños viajeros que recorren el mundo sin equipaje, que salió del auditorio de la recién inaugurada Casa de la Cultura, para que los asistentes recorrieran territorio rural con binóculos en mano para un ejercicio de avistamiento de aves con la orientación de la ingeniera ambiental Natalia Ruiz Giraldo.

Los Eventos del Libro son un proyecto de la Secretaría de Cultura Ciudadana que materializan el Plan Ciudadano de Lectura, Escritura y Oralidad, una ruta de trabajo que plantea estrategias y acciones para hacer de Medellín una ciudad donde la palabra sea protagonista. 


Información para periodistas

Paola A. Cardona Tobón

Jefe de Prensa Eventos del Libro

Celular 318 311 3147

prensa@fiestadellibroylacultura.com

Jonatan A. Cuadros Rodríguez

Coordinador Comunicaciones Eventos del Libro

Celular 312 841 3552

comunicaciones1@fiestadellibroylacultura.com

read more
adminUna expedición por Castilla, el punk y las letras de Helí Ramírez

Medellín toma vida en canciones

Por admin en Octubre 17, 2019 , No hay comentarios

Imagen1_DiegoLondoño_Adopta a un Autor (1)

Por Juliana Pérez Sepúlveda

“¡Ah, me siento como en mi casa!”, exclamó un chico de pelo largo y rubio que apenas llegaba a la biblioteca de la Institución Educativa INEM José Félix de Restrepo. De fondo ensayaba Exitium, la banda encargada del recital para recibir al invitado.

Comenzaron a llegar los estudiantes. La biblioteca estaba distinta, se había convertido en un espacio rodeado de elementos alusivos al rock, el metal y el punk. Colgaban del techo carteles hechos a mano sobre bandas de Medellín que ellos conocían muy bien porque habían leído Medellín en canciones: el rock como cronista de la ciudad, del periodista musical Diego Londoño.

“¡Se van formando que faltan cinco minutos para la una!”, dice Cecilia, la profesora de español, quien junto al bibliotecólogo Juan Fernando Preciado, logró planear un encuentro íntimo con Diego, gracias al programa Adopta a un Autor de la Fiesta del Libro y la Cultura. Los autores son asignados de forma aleatoria a las instituciones educativas, sin embargo, en esta ocasión fue una coincidencia que Diego llegara al INEM, una institución pública en la que convergen jóvenes de diferentes municipios del Área Metropolitana, lo que la hace rica en historias y narrativas de ciudad.

Los estudiantes con camisetas de bandas, pelo de colores, pirsin, expansores, lápiz y labial negro, comenzaron a sentarse a los lados de una alfombra negra que hacía parte de la escenografía. “¡Llegó!”, grita alguien como si fuera una fiesta sorpresa. Unos corrieron a formarse. La profesora, apurada de un lado para otro, buscó al violinista para musicalizar la bienvenida. Diego entró con una sonrisa de asombro mientras se cuidaba de no caer en la alfombra. Luego encontró un  retrato suyo pintado por una estudiante. “Muy pocas personas se fijan en mis pecas”, dijo y sonrió.

Dos jóvenes, ambos de lentes grandes y camisetas negras iniciaron la presentación del itinerario. Sección uno: presentación musical. Para sorpresa del autor, los estudiantes interpretaron una canción de Unos Vagabundos, banda a la que él perteneció por varios años. Mientras la canción sonaba, se paró, grabó por unos segundos, movió la cabeza y mantuvo su sonrisa intacta.

Luego leyeron su biografía. Diego, además de escritor, es columnista de El Colombiano, presentador en un programa de televisión y ha sido productor radial en Radiónica. Mientras narraba cómo fue su proceso para ser periodista y escritor, circulaba el libro Los Yetis: Una bomba atómica a go go y su última publicación: Rodolfo Aicardi. Los chicos hojeaban los libros y algunos se detenían a leer apartados del texto.

El canto gutural de un chico y el sonido del rasgueo de una guitarra, interrumpieron para avisar que comenzaba la sección tres: Exitium, la banda de metal conformada por cinco chicos, se encargó de contextualizar al autor sobre los proyectos musicales que se gestan en la Institución.

En la sección cuatro, expusieron la línea del tiempo contenida en el libro Medellín en canciones. Se prepararon para narrar una generación que les pertenecía a sus padres. Con esto quedó claro el análisis que los estudiantes le dieron al texto, además, se dio una comprensión general del por qué los músicos de la ciudad son cronistas.

Más tarde inició el conversatorio sobre el libro. Diego contó cómo se convirtió su trabajo de graduación en el libro Medellín en canciones. Habló además sobre la gestión que hizo para encontrar una editorial que quisiera publicarlo y les explicó paso a paso lo que se debe hacer cuando se quiere publicar una obra.

¿Usted cree que el rock incita a las drogas?, ¿qué responsabilidad tiene el escritor sobre el lector? Los estudiantes no paraban de preguntar.

Una chica con la camiseta de Nirvana, preguntó cuál era el género musical de preferencia de los que menciona en el libro. “Me iría por el punk, porque mi esencia es muy punkera. Yo siento que Medellín también tiene una esencia muy punk. Creo que desde este género hay un compromiso con la ciudad muy importante, y es de ser cronistas, de tener la memoria a flor de piel. Yo siento que los punkeros han hecho una labor de memoria muy importante para narrar nuestras historias problemáticas, de guerras y conflictos”, dijo Diego.

En medio de un pogo musicalizado por Exitium, con Diego tocando la guitarra, algunos grabando, otros observando, terminó la jornada de Adopta a un Autor. Concluyeron que “aquí lo importante no es calificar al ser humano por sus gustos literarios, musicales o su forma de vestir. Lo esencial es resaltar la diversidad, aquella que permite encontrar el acontecer literario en un hecho que se vuelve realidad y supera las expectativas del lector y el autor”.  

El escritor autografió y personalizó los libros con dedicatorias especiales. El Fan Fatal se llevó un motivo más para seguir escribiendo.

Imagen2_DiegoLondoño_Adopta a un Autor (1)


 

Juliana Pérez Sepúlveda: participante del XXVII Seminario de Comunicación Juvenil. Nací en Medellín un 3 de septiembre de 1996. Estudio Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Católica Luis Amigó. Estudio teatro en la Corporación Cultural Teatro Galeón. Me he enfocado en el periodismo cultural y la gestión de proyectos culturales. Soy manager de un proyecto musical llamado Martha la Mata. He escrito sobre música en el medio digital Blendex Reports.

read more
adminMedellín toma vida en canciones

La mujer que mira los guayacanes

Por admin en Octubre 17, 2019 , No hay comentarios

Esther 2 (1)

Por Luisa Fernanda Orozco Valencia

“El autor: un autor es como un dios capaz de avivar el corazón con los libros y las tierras que hacen con amor. Viajan en el tiempo entre suspiros e imaginación dándole vida a los personajes pues es su labor. Tanto se divierten escribiendo que se olvidan de su vida y del mundo en el que habitan”, consignaba un cartel rosado pegado en la entrada de la Institución Educativa República de Honduras. Esther Fleisacher, escritora y psicoanalista, era el motivo de la decoración.

Enclavada en la Comuna 2 de la zona nororiental de Medellín, la Institución Educativa República de Honduras se levanta con tan solo dos pisos de altura sobre el barrio Santa Cruz. Actualmente, la mayoría de los estudiantes viven en Sinaí, invasión de estrato bajo, donde la desnutrición, el empleo informal, la baja escolaridad y el analfabetismo son algunas de las problemáticas más comunes. Gran parte de las casas han sido construidas en madera y los miembros de la comunidad subsisten gracias a los ingresos que generan con el reciclaje, las ventas ambulantes o en pequeñas industrias.

A las once de la mañana comenzó el recorrido por la Institución que desde hace dos años participa en Adopta a un Autor, una iniciativa promovida por la Secretaría de Cultura Ciudadana, en la que libros de un determinado autor son entregados a los colegios inscritos para, al final, programar una visita. Esther ya había visitado otros dos colegios. “Cada experiencia ha sido diferente”, decía ella. Esta vez, varios ejemplares de La risa del sol, publicada en 2011, fueron entregados para la lectura de los estudiantes.

Mábel Rodríguez, bibliotecóloga del colegio, llegó poco después junto a las profesoras Maribel Ocampo, Diana Carolina Zapata y Beatriz Elena Vélez. Las cuatro mujeres invitaron a Esther a la biblioteca en el segundo piso. Las paredes de las escaleras estaban cubiertas con los retratos que algunos niños hicieron de la autora, adornados a su vez por frases de escritores célebres y proverbios orientales. Del techo del segundo piso colgaban fotografías de los estudiantes, junto a papeles coloridos y de todos los tamaños que contaban momentos de sus vidas y el agradecimiento que sentían con Esther.

“Los niños no podían creer que alguien con el apellido Fleisacher pudiera haber nacido en Colombia, ni mucho menos vivir en Medellín”, explicaba Maribel. “Cuando nosotros les dijimos que usted iba a venir, varios de ellos no creían”.

Esther Fleisacher tiene hacia el lado derecho de su rostro, un mechón morado que permanece inmóvil en medio del cabello blanco que no cae por completo sobre sus orejas, sino que se va hacia los lados en forma de rizos despreocupados. No es en exceso tímida, contrario a lo que se creería por su figura o por la amabilidad de sus facciones. Cree que en este momento de la vida se encuentra en una etapa de recogimiento. “Escribir es una necesidad para mí”, decía. “Ahora mismo estoy descansando. Como acabo de publicar mi último libro, Donde se estrellan los pájaros, quiero pausar un momento las cosas”.

La autora recorrió salones con niños y niñas de todas las edades, comenzando por décimo y once, continuando con quinto y sexto. ¿En cuántos países ha estado? Respuesta fácil para contar con los dedos. ¿Qué la motiva a escribir? Muchas cosas, no había una sola. ¿Y qué tanto de lo que usted escribió en su libro fue verdad?, Esther dudó. “Lo primero para decir es que Tania no soy yo, Tania es un invento. Varias de las situaciones del libro fueron inventadas, pero otras sí me pasaron. Mi familia sí es europea, y ellos tuvieron que venir a Colombia gracias a la Segunda Guerra Mundial. Yo no crecí en una familia de lectores. En mi casa la lectura no era importante. Era importante que estudiáramos, que ganáramos el año. Yo le cogí amor a la literatura por las historias que me contaban mis abuelas”, respondió la escritora.

Su padre nació en Rumania, hoy Ucrania, y su madre en Egipto. Ella nació en Palmira, Valle. Además de español, sabe hablar hebreo y un poco de inglés. Tiene dos hijas. Cuando le preguntan por un libro o una película favorita prefiere no responder. Su forma de expresarse cambia cuando se le pregunta por el cine, es otra Esther diferente a la que, parada frente a un grupo de niños y jóvenes, responde preguntas sobre su vida.

Antes estudiaba Psicología en la Universidad San Buenaventura, pero luego entró a la Universidad de Antioquia y completó su carrera aprovechando la autonomía económica que ganó al empezar a trabajar tras la muerte de su padre. El psicoanálisis es aquello que, desde la mañana hasta determinadas horas de la tarde, la ocupa día a día en su consultorio.

Las tres pasas, Donde se estrellan los pájaros, La risa del sol, Flor desfigurada, Cable a tierra y Gestos hurtados son el total de sus libros publicados. Fue editora de la Universidad de Antioquia y de EAFIT. Ahora solo se concentra en sus citas en el consultorio porque, según ella misma afirma, “uno también tiene que subsistir de algo”.

Tras la proyección de un video, algunos niños se organizaron en fila frente a Esther y, reuniendo fuerzas con miradas indecisas y balanceos del cuerpo, se dispusieron a recitar de memoria algunos de los poemas de la autora. Poemas de amor desfilaron en la boca de los niños quienes, con pocos tartamudeos, recibieron muchos aplausos. Incluso una niña reunió todo su valor para recitar un poema que se notaba había sido escrito por ella. “A mí la poesía me gusta, pero uno tiene que admitir sus fuertes, y el mío es la novela o, en su defecto, el cuento”, confesaba Esther momentos atrás, sin que muchos pudieran escucharla.

Concluída la actividad, la jornada también terminó para aquellos que en República de Honduras estudiaban durante la mañana. El rector, el personero estudiantil y dos de los estudiantes llegaron más tarde para ofrecer un almuerzo en el que Esther respondió tantas preguntas hasta el punto de distraerse y terminar siendo la última en acabar su comida.

“Es muy raro ponerse el disfraz de escritor. Yo no soy una figura pública, y mi objetivo no ha sido venderme como una mercancía para que mis libros le lleguen a la gente. Lo que a mí me interesa es llegarle al lector para que, aunque no sea de forma masiva, quien los lea se vea atraído e identificado con las historias. ¿Qué me gano yo con que mis libros sean publicados pero no leídos?”, confesaba Esther en la mesa del almuerzo.

Muchas experiencias de los niños y niñas de República de Honduras llegaron hasta los oídos y manos de Esther en forma de relatos narrados y cartas a pulso. Uno de los retratos de las escaleras que Maribel había escogido, junto a una cartelera con más frases, terminó convirtiéndose en el souvenir que la autora se llevó para su casa. “Fueron tiempos muy cortos para estar con cada quien, entonces uno siempre tiene que medir sus respuestas”, decía Esther, “pero lo más importante es que, de la historia que yo conté, los niños empezaron a contar muchas más y eso me parece muy bonito”.

La luz de un guayacán, que sobrevivía a una de las tantas tardes lluviosas que sobrecogen a Medellín, dio la despedida a la jornada. “Los guayacanes están florecidos en esta época del año, qué bonito”, dijo Esther. La imagen del árbol amarillo, que yacía solitario en una colina color pastel entre camiones de construcción y pedazos de concreto para carreteras, se asemejaba a la portada de La risa del sol.

He ahí la diferencia entre quien mira las hojas de un árbol y quien las pasa de largo, con miradas clavadas en edificios. Solo una mujer que se fija en el amarillo de los guayacanes puede evocar tal reacción entre personas de múltiples edades dentro de una comunidad educativa. Esa es la característica última de la literatura, e incluso su más ambicioso deseo. Al fin y al cabo, ¿no es un guayacán la risa misma del sol?

Instantes atrás, con risas, fotos y recomendaciones editoriales, los mismos que habían estado presentes durante el almuerzo, despidieron a Esther con un beso en la mejilla y un abrazo sostenido. Ahora ella se dirigía a su casa, pero el guayacán que fue sembrado en República de Honduras permanecerá sin fecha de caducidad, pues sus estudiantes ahora conocen la posibilidad de contar sus historias a través de la literatura, como también saben de la existencia de escritores de apellido Fleisacher que nacieron en Colombia y viven en Medellín.

Esther Felisacher (1)


 

Luisa Fernanda Orozco Valencia: participante del XXVII Seminario de Comunicación Juvenil. No cree en extremos sino en mitades. La eme es su letra favorita. No confía en el horóscopo. Su nombre le parece un tanto ordinario a la hora de idear una firma. Viene de una familia de profesores, ingenieros y artistas. Escogió el periodismo como carrera por el pajazo mental que tristemente representa Gabriel García Márquez, pero terminó concluyendo que si iba a tener un horario de 8 a. m a 4 p. m., el periodismo era lo único que se podía aguantar. Cayó en la cuenta de sus diecinueve años cuando, sola en la cocina, se encontró a sí misma cantando “Sortilegio” de Aterciopelados, canción que juró detestar por el resto de sus días porque era muy vieja y su letra no tenía sentido. Ergo, su banda favorita es Aterciopelados. Los círculos son su figura favorita. La escritura es su círculo: cree que está condicionada a iniciar, terminar y volver a repetirse sobre ella.

read more
adminLa mujer que mira los guayacanes

Adoptar a Mejía

Por admin en Octubre 16, 2019 , No hay comentarios

Juan Diego Mejía 1 (1)

Por Julio César Orozco Ospina

El auto que debe llevarnos a la Institución Educativa La Salle de Campoamor, en la Comuna 15, nunca llega. Debo recoger a Juan Diego Mejía en el Claustro de San Ignacio, Centro de Medellín. Tomo el primer taxi que aparece. Unos minutos antes de recogerlo, he leído un breve perfil que le hizo Esteban Duperly sobre su última novela para la Revista Arcadia. La descripción que hace coincide perfectamente con mi primera visión: “mangas de la camisa dobladas hasta los codos, jeans —la camisa dentro de los jeans— y anteojos para ver. Nada más”. Esta vez algo más: un morral de universitario, elegante y pequeño.

Vamos bien, no hay problema, dice al entrar al carro. Mejía es un hombre tranquilo que siempre conserva el tono cálido y reflexivo al hablar, al escuchar y al conversar. Apenas se acaba de enterar que voy a acompañarlo a su encuentro con el programa Adopta a un Autor, entonces comienza a entrevistarme, a preguntar por los jóvenes de Medellín, por los programas para la juventud y por la Secretaría de la Juventud. Yo intento cambiar, rápidamente, la orientación de la entrevista, le explico que esta vez yo soy quien ha pedido acompañarlo como parte de la articulación entre la Fiesta del Libro y el Seminario de Comunicación Juvenil, donde muchos jóvenes de la ciudad, gomosos o estudiantes de periodismo y comunicación, han acompañado a una veintena de escritores en sus visitas a escuelas y colegios de la ciudad.

Paradójicamente, esta es la primera vez que una institución educativa de Medellín adopta al autor Juan Diego Mejía, pues, por su cargo de director de la Fiesta, no se sentía cómodo con esa especie de autoelogio. Desde luego, me aclara Mejía, no es la primera vez que un colegio lo adopta. Ya ocurrió once años atrás, en Guadalajara, México, cuando fue invitado junto a otros escritores colombianos a la que se considera la más importante feria del libro en español. Allá conoció la estrategia en 2007, pero solo cinco años más tarde se hizo posible con Mejía como director de la Fiesta del Libro de Medellín.

Falta poco para llegar. Los muros y las calles de esta Medellín estrecha le sirven de telón para recordar sus días en Guadalajara. Dentro de la Feria yo vi que tenía, además de la presentación en el stand de Colombia, una visita a un colegio. El día de la visita me recogió en su vehículo el ingeniero Paulo, quien era el rector. Recuerdo que hablaba como si conociera lo que yo había escrito. Antes de llegar al colegio, rebajó la velocidad del auto y me dijo que mirara los muros. Leí en uno el nombre ‘Juan Diego’. Creía que se trataba del indio Juan Diego, al que se le apareció la Virgen de Guadalupe. Luego vi una pintura en otra pared, pero esta vez se trataba de mi rostro.

¿Por quién debemos preguntar? Me interroga Mejía al llegar a la entrada. Por Martha Castillo, le aclaro, debe ser la profesora de Español. Como casi todas las instituciones educativas que conozco, el edificio está rodeado de grandes muros, blancos y fríos, como lo es también la puerta de hierro que sirve de entrada y que confiere al conjunto el aspecto de una institución carcelaria. El vigilante, cual guardián supremo, se hace esperar y nos da a entender que tiene el total dominio de cuanto deba ocurrir. Estos seres me recuerdan siempre la idea de aquel otro guardián de Kafka, Ante la Ley.

Entramos. En el hall, en los corredores y por todo el piso hay huellas de papel con el nombre seccionado de Juan-Diego-Mejía. En el patio principal están sentados los estudiantes de noveno y décimo, quienes esperan con carteles de bienvenida.

La profesora Martha nos presenta a la rectora, el coordinador, los demás profesores, y a Gloria, la bibliotecaria. Advierte que los muchachos están muy emocionados, que han esperado con ilusión la visita, que casi todos han leído El cine era mejor que la vida.

La rectora toma el micrófono y saluda. Le dice al escritor que está en un colegio público de 1.400 estudiantes, y que siempre están arriba: en las pruebas, en rendimiento y en disciplina. Luego lo presenta al público. Revela que es egresado de la Universidad Nacional, que es un matemático duro y saca el pecho por los muchachos que han pasado a la Nacional y a la de Antioquia. Las públicas, las mejores, dice.

Mejía saluda y empieza a contar la misma historia que escuché en el taxi. Luego vienen dos estudiantes, Ana María e Iván, y se lo llevan a un recorrido por las instalaciones del colegio. Le cuentan sobre los hermanos de La Salle, fundadores de la Institución. Mejía les recuerda a los pelaos las épocas en que eran muchos los jóvenes sin futuro en Medellín. Los mismos que iban del salón al matadero. De pronto ve una puerta abierta y se mete a la biblioteca para hablar con Gloria y le pregunta qué leen los muchachos, si escriben, si hay talleres de lectura, y se reconforta cuando descubre que prefieren las obras fantásticas y de terror, y poco las de Paulo Coelho.

En las paredes hay frases sacadas de sus cuentos y novelas, y a la entrada de la biblioteca algunas fotos mal impresas con portadas de algunos de sus libros, en que Mejía se ve un poco achatado y regordete. Me parezco a un tío mío, ríe el escritor que algo sabe de publicidad y diseño.

Llegamos al auditorio. Un grupo de estudiantes aguarda en silencio la entrada de Mejía. Lo reciben con aplausos y una canción de Frank Sinatra que evoca una página de un libro suyo. Todo cuidadosamente calculado. Al fondo se ve la mesa decorada con bombas, carteles y pequeñas cámaras cinematográficas de cartón. En la pared hay un retrato grande con el rostro de Mejía que, como es costumbre en estos encuentros, ha dibujado el estudiante más talentoso del colegio.

Como si se tratara de un acto único e irrepetible –y quizá lo sea– una estudiante se apresura a leer los puntos del programa que han de ser desarrollados con rigor. Otros jóvenes coordinan el audio y la grabación en video, alguien más ha hecho una presentación en power point del autor, los futuros periodistas alistan sus agudas preguntas, e incluso una bella estudiante, de larga cabellera y ojos alegres, tiene el encargo de atendernos con bebidas y frutas para hacernos la conversa más grata.

Mejía invita a sus entrevistadores, Miguel y Tomás, a que tomen asiento a su lado y les pide que pregunten libremente.

Nos llama la atención –inicia Miguel– la manera con la que se habla del mundo cotidiano en la Medellín de su infancia. Es curioso cómo se han transformado tantas cosas que a la vez resultan comunes. ¿Qué ha cambiado? ¿Todo antes fue mejor o peor?

Entonces Mejía comienza a hablar de su vida. Rememora esa Medellín de finales de los cincuenta, comienzos de los sesenta, en que transcurre su infancia. Manrique, donde están la familia y los primeros amigos; Guayaquil, aquel lugar donde su padre tenía un almacén, mientras él iba de visita y se hacía amigo de ladrones y prostitutas; el colegio San José, en Villa Hermosa, donde escribió sus primeras cartas de amor y descubrió su vocación de escritor.

Ya Mejía ha dicho casi todo de su vida, casi todo de su pasión por la escritura. Pero los alumnos quieren más y más: qué lecturas han nutrido esa pasión, qué hay que leer, por dónde comenzar. El autor se acomoda una vez más las gafas, se pasa la mano derecha por su blanca cabellera y responde: Uno se enamora de los libros y quiere quedarse con ellos cada mañana. De Cien años de soledad me aprendí muchas páginas de memoria, es un libro que uno quiere llevarse consigo. Quiero mucho la Rayuela y los cuentos de Cortázar, a veces termino hablando como sus personajes. Pero también creo mucho en autores colombianos como Tomás González, el de Primero estaba el mar; Octavio Escobar, el autor de Después y antes de Dios, o Laura Restrepo con Delirio o La novia oscura.  Si me dicen que me van a meter preso 10 años, ya tengo la lista de los 100 libros que me quiero llevar.

¿Y cómo escribir? Insisten los estudiantes.

Escriban, inténtelo. Eso no es para otra gente. Aquí puede haber otra gran escritora, un gran periodista.

Antes de terminar, los estudiantes se paran en frente para hacerle preguntas de El cine era mejor que la vida. Como suele ocurrir con la presentación de todo libro, cada lector ha hecho su propia lectura, entonces han construido su propia historia. Mejía, ¿por qué el protagonista principal no tiene nombre?, ¿por qué nunca se encuentra con Evalú, su amante?, ¿por qué ese final tan abierto?

Mejía vuelve a sonreír. ¿No les ha pasado que desean mucho una cosa y piensan: “qué tal que cuando ya la tenga me decepcione”? Me preocupa también que la felicidad sea tener un algo y ese algo nunca llegue, como la rayita del horizonte en el mar. Prefiero aquello de: voy hasta un punto y me devuelvo, para así no quedarme sin ilusión. A mí me gusta el final abierto. Creo que eso es lo que uno busca, que el libro siga vivo con cada lector.

A pesar de tratarse de una conversación seria y trascendente, de esas que parecieran destinadas al mundo adulto, los jóvenes de la I.E. La Salle no se han movido de sus asientos. Entonces la rectora entra para dar las gracias y anunciar que es hora de dejar ir al escritor. Es el momento de despedir a Mejía. Le entregan “un pequeño detalle” que él pide abrir. Al interior hay un folleto de la institución, un pocillo que lleva su nombre y su imagen. Luego viene el momento para la foto, la firma de una docena de autógrafos –algunos para libros sin dueño aparente–, y enrollamos el retrato que todos esperan que Mejía enmarque y ponga en un lugar visible.

A la salida del colegio, después de un corto almuerzo, Mejía me pregunta cómo me ha parecido todo, pero dejo que él mismo conteste. Muy chévere, me sorprende que no estaban aburridos, que hacían buenas preguntas. Creo que algo les quedó. Le respondo que el encanto de Adopta a un Autor es que, contrario a lo que ocurría con las pasadas generaciones, que solo leímos a gente muerta, los jóvenes de hoy tienen el privilegio de leer a los vivos y de vez en cuando encontrarse con alguno de ellos.

Vamos casi en silencio en el viaje de regreso, creo que Mejía anda pensando en su próxima novela. La mañana ha de haberle servido para confirmar su sospecha: necesita tiempo.

Juan Diego M 2 (1)


 

Julio César Orozco Ospina: comunicador social y periodista, abogado y máster en filosofía. Se desempeña como docente de periodismo de la Universidad de Antioquia y, actualmente, es el coordinador del Observatorio de la Juventud de Medellín y del Seminario de Comunicación Juvenil.

read more
adminAdoptar a Mejía

Lucía Donadío y sus pequeños lectores

Por admin en Octubre 16, 2019 , No hay comentarios

Lucía D 2 (1)

Por Juan Carlos Cano Toro

“Estos cuentos los escribí para personas de otra edad, gente que ya pasó por su infancia, los escribí como un medio para que el lector vuelva en su memoria a esa etapa de su vida. No sé cómo los recibieron los niños que aún viven en esa época”, relató Lucía Donadío mientras recorríamos Buenos Aires en auto. Aunque ya había vivido la experiencia de Adopta a un Autor, esta era la primera vez que niños de primaria adoptaban, leían y releían sus obras.

Lucía es antropóloga de la Universidad de los Andes. Tiene un diplomado en Literatura del Siglo XX. Escribe poesía y prosa, y es la directora de Sílaba Editores.

Llegamos a la Institución Educativa Arzobispo Tulio Botero Salazar. Los encargados de su visita la llevaron hasta la biblioteca a esperar que los niños estuviesen listos para recibirla. En la entrada, justo en la mitad de una columna, había una enorme cartelera adornada con dibujos sobre sus cuentos, fotografías y una frase en el centro con las palabras “Lucía nos envuelve en sus relatos”.

Mientras esperaba en la biblioteca, filas de niños caminaban hacia el auditorio. De vez en cuando uno de los pequeños miraba hacia la biblioteca y notaba la presencia de la escritora. De inmediato rompía filas y gritaba emocionado ¡Lucía! ¡Lucía! Con dificultad, los profesores lograban contenerlos antes de que llegaran a la biblioteca, otros, con más astucia que altura, conseguían burlar a los adultos y conocer anticipadamente a la invitada. Una de ellas se llamaba Paula, una pequeña de 11 años que, según la bibliotecaria, era una devota lectora de los cuentos de Lucía. Cuando llegó el momento de saludarla, se quedó muda y miraba a la autora como quien observa a una celebridad que creyó nunca conocer.

En el auditorio, decorado por decenas de ilustraciones, Lucía fue recibida por las hadas de las palabras, un grupo de profesoras y alumnas de primaria que, disfrazadas de hadas, acompañaron a Lucía entre aplausos y gritos hasta la primera fila del auditorio. Allí se encontró con un grupo de estudiantes que le dieron la bienvenida mientras recitaban algunos poemas de su libro Los ojos que me nombran.

Después de un pequeño recital de poesía, llegó la música de manos de Gilberto Quintero, una vieja gloria de la música que tocaba en una banda ya extinta llamada Los graduados. El auditorio se convirtió en una fiesta tomada por los alumnos, quienes coreaban junto a Lucía la letra de la canción Piel Canela. “Antes de venir me llamaron y me preguntaron qué música me gustaba, pero no mencionaron que era para traer música en vivo”, dijo Lucía en medio de risas.

Una vez terminada la intervención musical del saxofonista, proyectaron el cuento Grito, llevado al teatro por los estudiantes de la institución, y un video con fragmentos de diversos estudiantes y profesores leyendo Abecedario de infancia, una colección de cuentos de la escritora de hace más de 12 años, publicado por Sílaba Editores.

Una vez terminaron los videos, Lucía se paró y se sentó en un borde de la tarima del auditorio justo frente a los estudiantes, y los invitó a que se acercaran a hacerle preguntas. Todos corrieron a hacer fila. En un principio fue una masa caótica: todos corrían y se empujaban, pero después de un rato, los profesores lograron ordenar una fila para no ahogar a Lucía. Llovieron preguntas de toda índole. Los estudiantes querían conocer sus motivaciones para escribir aquellos cuentos que ahora estaban en las estanterías de los pequeños. Qué le gustaba hacer además de escribir. Qué se sentía ser un escritor.

La última en preguntar fue Paula, la niña que minutos atrás se había acercado en la biblioteca. “¿Si usted fuese un libro, qué libro sería?”, preguntó con voz dudosa. Lucía lo pensó un poco y respondió en un tono dulce y comprensivo “Si yo fuese un libro… sería un libro que hable sobre el mar”.

Al terminar las preguntas, Lucía habló sobre sus libros, sobre cómo hace 12 años las letras llegaron de a poco, en las madrugadas, para convertirse luego en Alfabeto de infancia. Leyó varios de sus poemas, algunos pedidos directamente por los estudiantes. Habló sobre su libro Cambio de puesto y sobre la experiencia que fue superar la muerte de un ser querido a través de la escritura.

Después, un pequeño se le acercó con una hoja de papel y un lápiz, y le pidió su firma en esa hoja para tenerla de recuerdo. Segundos después se formó una fila de niños ansiosos por tener la firma de Lucía en sus cuadernos. “Fue muy bonito, nunca me había pasado que en los colegios me pidieran firmarles lo que ellos mismos escribieron. Incluso el primer niño que se me acercó me pidió dos firmas, una para él y otra para la mamá”, contó conmovida.

Al final de la jornada, entre lecturas y abrazos, todos sentimos que el tiempo no había alcanzado. “Me habría gustado acercarme más a ellos, que vieran que un escritor no es un ser que está en lo alto y que es inalcanzable. Pero no alcanzó, en estos casos siempre falta tiempo” dijo Lucía Donadío mientras dejábamos atrás la institución.

Lucía D 1 (1)


 

Juan Carlos Cano Toro: estudiante de Periodismo, Universidad de Antioquia.

read more
adminLucía Donadío y sus pequeños lectores

Selnich Vivas: el profesor, el escritor, el roraima

Por admin en Octubre 16, 2019 , No hay comentarios

Selnich 2 (1)

Por Jorge Andrés Londoño Ceballos

-¿Qué es un roraima?- tengo tiempo de preguntarle a Selnich Vivas, mientras el conductor contratado por Fiesta del Libro, confundido por una dirección errónea, da vueltas por Castilla buscando la Institución Educativa Sebastián de Belalcázar, que esta mañana adoptará al profesor y escritor antioqueño. “Se formó como roraima en comunidades minika del Igaraparaná bajo la orientación de sabedores y abuelos”, dice en las memorias del XXVIII Festival Internacional de Poesía de Medellín, al que Selnich fue invitado.

Ror: palabra interior; airama: el que aprende, enseña, comparte. También puede entenderse como cantor.
– ¿Coincide con lo que, genéricamente, llamamos “chamán”?
– No, no… la palabra de poder es rafue, quien la tiene es el rafuenama. Yo no tengo los dones de sanación.
– ¿Puede esta palabra, roraima, abarcar las actividades que realiza en sus múltiples facetas?
– Creo que sí, a fin de cuentas los escritores y profesores son personas que comparten la palabra.

“Llegó, llegó”, murmuran algunos de los estudiantes que lo esperan apostados en un balcón. Selnich los ve a través de una ventanilla en la puerta principal del colegio. “Ahí está mi nombre en unos letreros”, dice repentinamente entusiasmado, nervioso. Entre antorchas encendidas, máscaras y dibujos alusivos a sus obras, cerca de 70 niños lo esperan en el auditorio. Lo reciben efusivamente, y luego en contraste, guardan silencio. Selnich se sienta en un bloque de paja, a la diestra de su retrato enmarcado en hojas secas. Se lleva a la boca una cucharada de mambe y se une al silencio.

Como de costumbre en los actos cívicos, una colegiala lee el orden del día. El primer punto es un video llamado Recreando a Selnich Vivas. Sobre una versión new age de “El cóndor pasa”, con batería y bajo, pasan fotos de los estudiantes realizando manualidades, que se alternan con fragmentos de los textos de Selnich que leyeron y representaron.

Luego del video los estudiantes entonan el himno de la Institución Educativa con la firmeza reverencial de soldados que rinden honor a la bandera. Cicerón Perea, rector, le da la bienvenida oficial al escritor invitado y exalta la labor de Yuliana, la bibliotecaria, cuya gestión permite por segunda vez la llegada de un autor a las aulas del Belalcázar.

“Cuarto: poema”. Mateo Sánchez lee su poema Raíces, que escribió inspirado en Finales para Aluna, novela que imagina cómo hubiera sido una Europa colonizada por pueblos nativos de América. “Siento que tengo sangre indígena”, dice un verso del poema. Selnich sonríe, conmovido. Al terminar, Mateo se levanta para entregarle el manuscrito del texto, le extiende la mano, pero tal gesto no corresponde a la emoción del autor adoptado, que abraza sentidamente al joven poeta.

Por fin habla el roraima. Saluda en minika y casi de inmediato el micrófono falla afectando un tanto la solemnidad del momento; sin embargo, hay tal suspenso que puede continuar sin amplificación. Luego traduce al castellano: “En este momento mi corazón se siente muy feliz porque los hijos de la madre han regresado con sus cantos y palabras para celebrar la vida”. Canta, primero sentado, después se levanta y marca un tiempo uniforme con pasos acentuados que avanzan sobre las baldosas como palmas sobre un llamador. Invita a los presentes y se une la mayoría hilando una serpiente. Se envuelve sobre sí la danza y forman una espiral que se va cerrando en un gran abrazo. Pasos cada vez más cortos, a punto de alcanzar su masa crítica. El abrazo se rompe en medio de gritos que desembocan en risas.

“Los abuelos nos enseñan que la palabra sana cuando cantamos y danzamos juntos agradeciendo la vida. No tenemos que correr, podemos tener una pausa y danzar. Queremos volver a ser familia”, dice Selnich, volviendo al castellano. Explica que el deber que le transmitieron es compartir la palabra y la medicina que recibió de los mayores. Así, además del canto, entrega semillas de cacao y maní, envueltas todavía en su cobertura vegetal, y pide que se las pruebe con prudencia y respeto. Su sabor no es el del chocolate y el maní de paqueticos; en su forma natural, sin azúcar ni sal añadidos, son memoria del origen y esencia de lo femenino.

Cumplido el saludo, se abre paso a las preguntas. Selnich preferiría hablar sobre la amazonía, pero la primera pregunta es sobre su proceso en Alemania. El traductor contesta en alemán, lo que de nuevo suscita el silencio arrobado de los oyentes: “Me sentía indefenso porque no entendía, pero fui descubriendo la alegría de otros sonidos. He descubierto que mi cuerpo necesita muchas lenguas”.

¿Qué lo impulsó a ser escritor?

Cuenta que a los ocho años se entretuvo leyendo y olvidó su misión en un robo, alertar a una pandilla en caso de que llegara la policía, que en efecto llegó y se llevó a sus compinches. Se sintió salvado por la literatura y decidió dedicarse a ella. Luego agrega: “Yo quiero ser poeta para quedarme del lado de la vida; me inspiró su valor y la posibilidad de gozarla”.

¿Qué lo llevó a interesarte por lo indígena?

De  nuevo en su salsa, el roraima responde cantando. “¿Qué mujer quiero ser? ¿Quiénes queremos ser?”. El profesor cuestiona a los niños, los exhorta a pensar en la historia de este país, contada desde la perspectiva europea, que nos define como occidentales: “las perspectivas afro e indígenas son importantes, también somos afro e indígenas”.

¿Por qué quiere enseñar?

El profesor recuerda que leyendo a Hegel, un gran filósofo, encontró que los africanos e indígenas eran considerados bestias que debían ser evangelizados. Se incomodó mucho por estas ideas, y abandonó la ruta que aún hoy supone que en América Latina no hay grandes filósofos y artistas. “Nosotros hacemos ciencia a través de las lenguas africanas y ancestrales americanas: ¿por qué vamos a pensar que solo el inglés es ciencia? Es hora de cambiar la historia”. Por esta vía continúa su cuestionamiento de la vida occidental, y los marcos a través de los cuales se impone. Dice, por ejemplo, que la “blancura” del agua es otra mentira de la ciencia, que hay aguas verdes, rojas y amarillas que también pueden beberse.

A propósito de Carátula, cuento que leyeron en el Belalcázar y que hace parte del libro Contra editores, una profesora pide la palabra para comentar las dificultades que tuvieron con los nombres de los personajes, que están en japonés. “No estoy de acuerdo con que mis personajes se llamen Luis, Pedro, Pablo o María”, contesta el autor. Relata que el cuento surge de la convivencia con un coreano y un japonés, que le permitió conocer los conflictos entre estos pueblos y cómo se reflejan en la vida cotidiana de las personas muchas generaciones después. “Somos hijos de esta época, pero podemos habitar en otra. La literatura es un desafío fantástico que permite vivir y pensar en otras épocas.

¿Cuál es su libro favorito?

En coherencia con su apuesta como escritor, el gusto literario de Selnich tiene favoritos en muchos idiomas. Recomienda la lectura de “Nacimiento, vida y muerte de un sanandresano”, de Lolia Pomare (narración oral con versión escrita de Marcia Dittmann), en creol; de “Pétalos de sangre” de N’gugi wa Thiong’o, escrito  en kikuyu (Kenya) y la obra poética de Paul Celan, en alemán. Sobre la literatura que se escribe actualmente en Colombia dice que tiene demasiada silicona y droga, desconoce la historia y constituye un objeto de consumo. Sin embargo, la publicación de escritores como Vito Apushana y Fredy Chikangana representan un cambio en Colombia.

Vivas le explica a los niños que los viajes ayudan a entender cosas que no se entienden en un solo lugar, así como hay cosas que no se pueden decir sino con la ayuda de otras lenguas. Inquietos por el tema de los viajes, un niño le pregunta por los peligros que ha enfrentado. Les cuenta que una vez, por descuido, dio un machetazo al árbol en que vivía una tarántula, y esta reaccionó cubriéndolo de un millar de vellos imperceptibles que penetraron su piel y se convirtieron en larvas. Los niños sintieron escozor al imaginar las larvas recorriendo el cuerpo por debajo de la piel. Un abuelo de la selva lo cubrió completamente con un ungüento negro, que no pudo quitarse durante 15 días, y así lo curó.

Nuevamente lejos de la literatura, la conversación da rápidamente sus últimos pasos: la vida familiar de Selnich, su dieta, su visión de la muerte y la de los pueblos ancestrales, la forma de dormir en la selva… El tiempo apremia y uno de los estudiantes más grandes da por terminado el conversatorio. Un grupo de niños le pide al roraima que, antes de irse, dancen otra vez. Algunos huyen, cansados o avergonzados. Los que se quedan forman nuevamente la serpiente y al ritmo de sílabas minika serpentean en espiral hasta formar la masa crítica de un abrazo que se rompe entre gritos y risas que dan por terminado el encuentro.

El escritor agradece: siente que los niños le han dado vida para seguir escribiendo, y se lleva consigo el retrato y las decenas de libretas, dibujos y objetos que ellos hicieron para homenajearlo.

Selnich 1 (1)

***

“Bajo la bandera imperial, donde estaba entretejida el águila bicéfala, y al grito bélico de “¡Santiago!”, que significaba muerte para los nativos de América, avanzaron los guerreros españoles”. William Ospina, América Mestiza. El país del futuro.

Por las tierras de Pasto, Popayán y Cali, dirigió la conquista Sebastián de Belalcázar. Selnich no advirtió que el nombre del colegio que lo adoptó rinde homenaje a un conquistador. La paradoja hubiera sido buen tema de conversación.


 

Jorge Andrés Londoño Ceballos: participante del XXVII Seminario de Comunicación Juvenil. Medellín, 1990. Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente es mediador en territorio del Museo de Antioquia, en el proyecto Memorias del agua. Su libro Solombra (Hilo de plata editores) fue ganador en 2017 de la Convocatoria Pública de Cultura y Patrimonio de Antioquia, en la categoría creación poética.

read more
adminSelnich Vivas: el profesor, el escritor, el roraima

Cuando Pinocho cobró vida en las voces de sus lectores

Por admin en Octubre 14, 2019 , No hay comentarios

Por: Juliana Vásquez Posada

Cuando el sol se escondía y la tarde refrescaba, en el Centro de las Expediciones ocurría un momento literario, mágico. La obra escrita por el italiano Carlo Collodi esperaba paciente para cobrar vida en las voces de padres, abuelos, niños, adolescentes y todos esos lectores curiosos que formaron una cadena de palabras.

Allí, en el Patio de las Azaleas del Jardín Botánico, surgía ese Pinocho aventurero que hacía reír, que enternecía, que unía a tantos, sin importar la edad. Cinco de la tarde y siete de la noche. La voz se pasó y los asistentes a la 13.ª Fiesta del Libro y la Cultura acudían para leer un fragmento, para conocer la historia o redescubrirla.

Las lecturas en voz alta de Las aventuras de Pinocho, historia de un títere de madera, el primer título de la Biblioteca Fiesta del Libro y la Cultura que se presentó este año, fueron creciendo en público e hicieron parte de esa receta que alimentó las expediciones. El primer día de las lecturas, el 8 de septiembre, unas cuantas familias se acercaron y aceptaron tomar el micrófono:

– Había una vez…

– ¡Un rey! -dirán de inmediato mis pequeños lectores.

– No, niños, se equivocan. Había una vez un tronco de leña.

La historia de ese tronco de leña que se convirtió en un títere en las manos del carpintero Geppetto comenzó una y otra vez durante toda la semana. Cada uno podía leer con su propio libro, un bello ejemplar editado por Tragaluz, con ilustraciones de Alejandro García, que los asistentes recibieron como un regalo de la Fiesta del Libro y la Cultura.

Como en una danza sincronizada, los lectores iban pasando las páginas y las voces iban cambiando. En el espacio, cada vez con menos lugares libres, todos querían leer. El ejercicio demostró que

“la gente en esta ciudad sí quiere leer; que todos, de forma espontánea, amamos los libros”, resaltó Diego Aristizábal, director de los Eventos del Libro.

Cuando la Fiesta cumplió su sexto día, José Alejandro Yepes sonreía para la cámara de un celular que lo grababa para invitar a otros niños a disfrutar de las lecturas en voz alta:

“Estoy muy feliz en esta Fiesta del Libro porque ahora puedo leer sobre las aventuras de Pinocho”,

explicaba mientras sostenía el libro que ya había recibido por participar de esta iniciativa que se desarrolló por primera vez en la Fiesta del Libro y la Cultura.

El domingo 15 de septiembre, en la última lectura en voz alta de Pinocho, Beatriz Arbeláez fue una de las primeras en llegar al Patio de las Azaleas, junto con su sobrino Juan Pablo. Se enteraron por redes sociales de este espacio y, como buenos seguidores de la Fiesta, supieron que era una actividad en la que se querían aventurar.

Ella, con la entonación de una lectora experimentada, fue la primera en leer y él, un poco más temeroso pero decidido a vencer ese miedo de hablar en público, la siguió con su voz alegre de niño.

“Nos encantó poder leer en público, no es algo que hacemos a menudo porque lo normal es leer solos, en la mente, pero hacerlo aquí, delante de todos, fue muy interesante. Y lo mejor de todo es que leímos un clásico para que muchos niños se motivaran a conocerlo”, aseguró Beatriz.

Al final, ambos salieron felices, cada uno con su libro en la mano y con la satisfacción de haber participado en una construcción en equipo, la de los sueños y aventuras compartidas, la de la polifonía de voces, la de la Fiesta de todos que invita a leer y a mantener viva la curiosidad y el asombro durante todo el año.

Las aventuras de Pinocho, seguro, siguen viajando por muchos lugares, a donde quiera que hayan ido los lectores que se llevaron su edición consigo, que se llevaron la historia en su corazón.

 

RECUADRO

La edición cero de la Biblioteca Fiesta del Libro y la Cultura

La Biblioteca Fiesta del Libro y la Cultura se presentó el sábado 7 de septiembre de 2019, bajo la premisa de que un libro, aún cerrado, es una gran compañía, y con el propósito de que

“en las casas de nuestra ciudad exista al menos un libro físico, uno que tenga un lugar especial y espere curioso al compañero del próximo año”, aseguró el director de los Eventos del Libro, Diego Aristizábal.

Las aventuras de Pinocho, historia de un títere de madera es el título de la edición cero, de la que se distribuyeron, de forma gratuita, 4.000 ejemplares, durante la más reciente edición de la Fiesta del Libro y la Cultura. La idea es que cada año se edite un nuevo libro que podrá tener un valor distinto, y así, poco a poco, completar una biblioteca con el sello de los Eventos del Libro.

Con Pinocho nació también esta maravillosa aventura de las lecturas en voz alta.

read more
adminCuando Pinocho cobró vida en las voces de sus lectores