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Microrelatos ganadores:

Pa' llegar a fin de mes de Laura Victoria Castaño Acevedo

—Si ve Ma, que no había motivos pa’ estar nerviosa. Seguís siendo vos.

 

—No estoy segura de seguir siendo yo; con toda esta fuerza y velocidad.

 

—Es una chimba ¿no?

 

—Pues…

 

—Ay Ma, no me mienta, que eso le encantó. Además, con lo enfermita que estabas… pensaba que te me ibas a morir, y me ibas a dejar solita. Yo que hago sin vos ¿ah? No querías que te mejoraran pa’ irte con mi papá…

 

— ¡Qué voy yo a preferir a su papá! Tenía miedo de dejar de ser yo: dejar de sentir… hambre, y todas las cosas buenas cuando dejaba de sentirla, las ganas de bailar, de reír y de llorar… tenía miedo de dejarla de querer.

 

—Yo te dije que el cerebro lo iban a dejar intacto; ahí es donde está todo. Si recuerdas lo graciosita que soy, pues claro que me vas a seguir queriendo. Ya podés bailar toda la noche, y sin dolor. Vos toda aferradita a ese dolor… no me salgás con que era lo que te hacía sentir viva.

 

—Tantos años con dolor, del alma y del cuerpo; pensé que yo estaba hecha de dolor, y si me lo quitaban dejaba de ser yo. Era dolor, hambre y cicatrices.

 

—Ay Ma, debería hacerse las mejoras del cerebro, eso la vuelve ultra inteligente, así dejás de pensar bobadas.

 

—Déjeme mis bobadas, que yo soy bobadas, y si me las quitan ¿cómo la voy a seguir queriendo?

 

—Pero si te vuelven más inteligente: conseguís un mejor trabajo, vamos a poder llegar a fin de mes, y hasta pagar la deuda del cuerpo.

 

—Con lo que nos vamos ahorrar en mercado, y este cuerpo que puede trabajar veinticuatro siete no vamos a tener problemas.

Humanos humanos de Rodrigo Ocampo Uribe

“¿Dónde es el punto de encuentro?” Pregunta Renata en el metaverso. Está cansada de buscar trabajo, es ingeniera de tránsito aéreo urbano y la han descartado de tres oportunidades. La rechazan porque no cuenta con implantes telescópicos suboculares ni sensores telemétricos, que cuestan cinco mil Intcoins, osea cinco años de ingreso básico universal.

 

Hace algunos meses se unió a Humanos humanos, grupo que busca igualdad de condiciones entre los “aumentados” y quienes no tienen implantes. Por todo el país han exigido al gobierno que desista de la “Ley de salud e identidad biotecnológica”, con la cual los ciudadanos deben implantarse un dispositivo que, según el gobierno, permitirá la “identificación ciudadana para mejorar la seguridad y salud de todos”.

 

“Primero que eran para mejoras médicas, luego que lujos como implantes de cámaras para tomar fotos sin dispositivos”, publica furiosa, “ahora no puedo conseguir trabajo porque los aumentados son preferidos, no tengo con qué pagarme las mejoras, y tampoco quiero depender de corporaciones para ser aceptada, ahora hasta el gobierno nos impone implantes para monitorearnos y controlarnos. Se acabó, vamos a protestar por la igualdad entre los Humanos humanos y los aumentados, nos encontramos a las 10 en la plaza convergencia”.

 

Renata no lo podía creer, la masa de gente era enorme, estaban logrando lo impensable, las próximas elecciones traerán el cambio. Sonríe, comienza a cantar “Queremos ser humanos! queremos ser humanos!”, la energia del cambio se siente, escucha un silbido, luego ve negro, cae.

 

“Hola Renata”, “¿puede escucharme?”, abre los ojos, la doctora está a 79 cms, su temperatura es 37.2°C y se desplaza a 1 km/h, su propia presión arterial está baja, debe ir a consultar.

 

“Bienvenida a su nueva vida Renata, el gobierno ha decidido compensarla por la desafortunada pérdida de su ojo izquierdo en las protestas”.

Volver al trabajo de Juan José Avilez Ortiz

Sobre una de las barandas se posó un pájaro mecánico. La confección era de un acabado tan envidiable, que, de no estudiarlo con detalle, y de no brillar por el metal encerado, podría pasar como real. Se movía con ritmo, en una marea de engranajes sincronizados. Sus alas se contraían con una eficiencia técnica de primera, pero sus ojos de metal miraban el cielo sin emoción.

 

—No está bien —dijo por fin Julia. El pájaro saltó y planeó hasta una pequeña casita de madera. Nada más terminar su recorrido se quedó inmóvil y un hombre frente a la casita comenzó a tomar nota.

 

—No hacemos nada malo —respondió Yang. No tenía ganas de hablar, pero no pudo evitar responder. Fue un impulso incontrolable para dejar de pensar en todo lo que implicaba aquel… «¿Animal?» Se sorprendió un poco al saber que fue su primer pensamiento.

 

—Pero no está bien. Estos experimentos sin sentido se saldrán de control en algún momento. Y el pajarraco ese…

 

—Es un trabajo formidable.

 

—Es un trabajo que nos supera. No creamos vida, Yang. Solo mejoramos el mecanismo. Hacemos eficiente la maquinaria —Julia suspiró—. Solo quedamos tú y yo. Lo sabes, ¿no? No lo digo a mal. Por eso sigues siendo mi amigo —Julia palmeo las barandas con un doblete y se empujó hacia la puerta—. En fin, es hora de volver al trabajo —Yang observó su antebrazo donde la hora resaltaba en números brillantes. Se acomodó los lentes.

 

—¿Julia?

 

—¿Sí?

 

Yang la miró. Sus ojos llenos de pasión lo asustaron. «Por eso sigues siendo mi amigo.» Esas palabras retumbaban en su mente.

 

—Amigo, ¿eh? —murmuró Yang con amargura.

 

Julia se quedó inmóvil, su mirada sin emoción. Yang anotó los datos relevantes.

 

Tenía razón, ya era hora de volver al trabajo.

Incompleto de Daniel Collazos

La primera víctima apareció en el Parque de los Deseos la misma noche del desfile por la victoria en la Guerra. La occisa era una mujer a quien le habían arrancado su pierna protésica. Al principio, la policía habló de un posible atraco. Días después, con un segundo cuerpo sin sus brazos metálicos sobre las vías elevadas del Metro, especularon sobre una banda dedicada al tráfico de prótesis robóticas y un mercado negro al interior de las comunas.

 

Pronto, las pantallas de la ciudad dejaron de transmitir las historias de los valientes soldados que habían dado su vida en la Guerra y comenzaron a reportar los distintos casos sucesivos: otra pierna, una lengua, una garganta, varios órganos más. Y pese a la carnicería, la vida no cambió para la mayoría de los ciudadanos, pues ninguno podía comprar prótesis estéticas tan caras. Entonces se volvieron populares los videos de los más ricos despidiéndose de la ciudad, preparándose para enfrentar a los criminales o relatando sus vidas paranoides.

 

Todo acabó cuando el victimario dejó un sobreviviente. Este corrió hasta la comisaría con la cara ensangrentada y denunció que le habían arrancado un ojo. Gracias a la cámara dentro del globo ocular, las autoridades localizaron una vivienda humilde en Villa Hermosa. Allí descubrieron al militar retirado que robaba las partes necesarias para completar el cuerpo de su amigo, a quien la Guerra había reducido a una cabeza y una espina dorsal. Sin prótesis por parte del Estado, el victimario arrebató del Hospital San Vicente a su camarada y lo llevó a su casa, donde —según su testimonio— comenzó los ataques por petición del malherido.

 

No mucho después, se determinó que el atacante sufría trastorno de estrés postraumático y que su amigo estaba muerto desde antes del primer asesinato.

Nuevo modelo No. 15 de Gustavo Adolfo

Teseo sufre el mismo dilema todos los días: tiene poca energía y si se apresura a recargar su batería corre el riesgo de agotarla completamente. Por eso intenta consumir lo mínimo y se desconecta de internet.

 

Camina detrás de otros y piensa: “En el pasado bastaba con ingerir alimentos para recargarse”; sin embargo, se dice: “en aquellas épocas estábamos limitados a nuestros propios esfuerzos y habilidades”; en cambio: “ahora mismo contamos con mayor fuerza, agilidad y velocidad gracias a los dermoesqueletos”.

 

Recuerda que todo empezó cuando se hicieron populares los implantes auditivos y ópticos, meses después se pusieron de moda las mejoras de algunas extremidades y órganos internos. Eran procedimientos seguros y económicos que, además, prevenían accidentes y enfermedades y retrasaban el envejecimiento y la muerte; o eso decía la publicidad. Ahora bien: no dejaba de ser cierto que con cada nueva cirugía la gente empezaba a dejar de ser, un poco, ellos mismos.

 

¡Por suerte! aparecieron los dermoesqueletos. Teseo tiene un i-skeleton-6S. Según él: el mejor, por su diseño prolijo, moderno y estético, también por la variedad de sus colores y, sobre todo, por su compatibilidad y usabilidad. El único problema, definitivamente, es su batería: cada día dura menos.

 

A Teseo le gustaría seguir pensando, pero algo así agota más rápidamente sus reservas energéticas; así que, como lo hacen quienes van delante de él, cambia a modo “Automático”. Utilizará la energía que tiene para llegar a la tienda y comprar una nueva recarga.

 

Cuando llegue el sistema lo sacará del estado de “Reposo”. Lo primero que escuchará será la publicidad del tan esperado modelo No. 15. Su lanzamiento coincidirá con el Black-Month; sin embargo, Teseo pensará que pocos podrán darse ese lujo; además: él deberá trabajar para ganar lo suficiente, apenas, para la recarga siguiente.

Dos mentes, un dolor de Mauricio Gutiérrez Castaño

La sala de espera estaba vacía; ella se encontraba sola. Era la única paciente y esta su última esperanza. En sus manos reposaba el folleto arrugado con el que había llegado luego de haberlo intentado todo. Se decía que la limpiadora de mentes, la única en la ciudad, venida de lejos, había renunciado, sumándose en un total mutismo luego de ayudar a tantos que no sabían qué hacer con su cabeza. ¿De dónde sale tanto dolor, tanto vacío, en esta ciudad? Dijo antes de encerrarse en su apartaconsultorio y no volver a hablar con nadie.

 

La limpieza de mentes era una tecnología nueva. Sólo tres personas en el mundo tenían instalado el artificio en sus cabezas con las que hacían lo posible para ayudar a sanar el dolor de otros por medio de la conexión nanoneuronal. Descansaban tres meses luego de cada consulta para poder limpiar sus propias psiques de tantos tormentos ajenos. Sin embargo, la enviada a Suramérica ya llevaba un año desde su última limpieza y no daba señales de querer salir de su letargo. Pero los golpes en su puerta la arrancaron de su oscuridad: golpes desesperados, llenos de esa fuerza vital que hace lo último para ya morir.

 

Su ansiedad le hizo arrugar más el folleto cuando la limpiadora de mentes, con el mismo rostro cansado y esos caminos trazados por constantes lágrimas, abrió la puerta, la invitó a pasar y a sentarse en el centro neuroidílico. La limpiadora introdujo un dedo en su sien y sacó un cable nanosintético que se adhirió a la cabeza de la paciente. De repente todo se hizo blanco y silencio. Las dos se vieron en su dolor sin saber quién era la limpiadora y quien la paciente. Se abrazaron en cuerpo y mente, cerrando la puerta del consultorio.

Duelo Company de Luis A. Suescún

Eso anunciaba la fachada de un sofisticado edificio en El Poblado. Allí ingresó una mujer de lentes oscuros y bolso de cuero. Pronto la entrevistó el CEO.

 

–¿Todo en orden?

 

–Sí, ¿dónde firmo? –añadió ella impaciente.

 

–Los datos suministrados deben ser exactos. Pelo, voz, piel, ojos…

 

–Papá murió de cáncer en el 98. Nunca pudimos despedirnos. Yo les entregué su ropa y todas las fotos que encontré. ¿Qué más necesitaban?

 

Interrumpió ella y se quitó los lentes. Tenía los ojos rojos.

 

–Ok, ¿preparada?

 

–Llevo años esperando.

 

–Será como hablar con su difunto padre.

 

–Eso espero, pagué una fortuna. Salieron de la oficina, partieron en carro privado y se dirigieron hacia la zona metropolitana de Medellín. Luego parquearon frente a una casa vieja de clase media que parecía anclada en los años 90’s. En el buzón habían periódicos y publicidad de esa época.

 

–Es idéntica a mi casa…

 

El CEO le abrió la puerta del carro y le entregó la llave. Ella descendió como si regresara en el tiempo. Al entrar prendió la luz. La sala era justo como cuando era niña. Escuchó unos pasos y su corazón se aceleró. Debía ser él. Era él.

 

–¡Mi dulce princesita! –saludó un hombre canoso–. ¿Cómo te fue en el colegio?

 

Era la misma voz, la misma mirada ansiosa.

 

–Bien, papá…

 

–¿Qué aprendiste?

 

Él se sentó en la silla que ella tanto odiaba.

 

–Nada… –Entonces, ven, déjame enseñarte algo…

 

Dijo abriéndose la bragueta y acomodándose en el respaldar.

 

–Hoy no. Hoy yo te enseñaré…

 

Del bolso sacó un revolver.

 

–¿Qué haces, maldita? ¡soy tu padre! ¡me debes obediencia!

 

Aulló antes de que tres disparos le fulminaran.

 

Cuando la mujer regresó, le entregó agradecida el revolver al CEO.

 

–Necesitaba despedirme, cauterizar las heridas…

 

Al fondo, una humareda brotaba del pecho del cíborg.

Preseleccionados: Prelectura con el apoyo del Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín

¡Ruido! de Daniel Penagos
Ahora vuelo en los sueños de Tomás Echeverri Salazar
Cibercalipsis: génesis de un nuevo mundo de Luisa Fernanda Giraldo David
Cocagada de Valeria Gómez Ramírez
Comida tradicional de Edna María Giraldo Callejas
Dioses de Simón Cartagena Sevillano
El arca en 2090 de Diana Marcela Noreña Peña
Entelequia de Carolina Barragán
Epílogo de la humanidad de Samuel Restrepo Agudelo
ERROR 0x800700DF de Ana María Arguelles
Esa noche de Sebastián Ortiz
Ganado de David Cardona
Hacia el mar de Julián Valencia Barrera
Los prisioneros de Antonio José Hernández Montoya
Lujuria inhu-bot de Juan Restrepo
Máquina de matar de Sebastián Sañudo
Riesgo de manipulación de Luis Castañeda
Sin propina de Geale Peter Lawrence
Su propio verdugo de Luz María Garcés
Volver a soñar de Beatriz Elena Gómez Ochoa

¿Qué es #MicroCiFiMedellín?

#MicroCiFiMedellín es un concurso creado por Eventos del Libro, en el marco del Salón de Nuevas Lecturas. Con esta propuesta se busca promover la escritura en el género de la ciencia ficción en Colombia, y la exploración ciudadana de una Medellín con diversas po sibilidades de futuro. Desde el año 2021 realizamos el concurso en alianza con el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín.

De los cíborgs o las criaturas proteicas

En el 2022, #MicroCiFiMedellín será para los cíborgs. Las acciones han cambiado el mundo, y el mundo ha cambiado las necesidades humanas. Asistimos a lo que algunos llaman la muerte de lo real, o una superación de las relaciones ordinarias por medio de simulación de imágenes, sentidos, emociones y signos que modifican el estado habitual de las cosas, convirtiéndonos en criaturas híbridas que también son compuestas por lo artificial. Los dispositivos electrónicos se integran en los organismos para mejorar las funciones anatómicas y cognitivas, desapareciendo así las fronteras entre los humanos y las máquinas. De esta manera hay una reducción de los esfuerzos para la ejecución de actividades, logrando altos niveles de rendimiento y producción. La proclama libertad, igualdad, fraternidad se confundió con el principio citius, altius, fortius: ‘más rápido, más alto, más fuerte’.

¿Qué es un cíborg?

Para la pensadora norteamericana Donna Haraway, «un cíborg es un organismo cibernético, un híbrido de máquina y organismo, una criatura de realidad social y también de ficción». La tecnología hace posible la reparación o sustitución de partes orgánicas, al tiempo que altera las formas de comunicación, porque la biología es codificable hasta el punto que determina las interacciones con programas informáticos, artefactos mecánicos, intervenciones químicas o elementos microelectrónicos; por lo tanto, el cíborg es un ensamble biotécnico que integra mente, cuerpo y herramienta.

El escritor Isaac Asimov habla de dos clases de cíborgs: 1) los que tienen cerebro robótico en cuerpo humano, 2) y los que tienen cerebro humano en cuerpo robótico. Asimismo, se puede pensar en cuerpos que sustituyen sistemas nerviosos por circuitos de cables, la carne por metal, o las extremidades por herramientas integradas de trabajo. Las posibilidades externas e internas de estos organismos cibernéticos son diversas porque se ajustan a una necesidad o interés particular.

Cíborgs en Medellín

Vinieron de otros continentes, y se pasearon por las calles de la ciudad en el 2018. Son tres personas que potenciaron sus facultades (in)humanas con artefactos electrónicos, los cuales agregaron a sus cuerpos nuevas formas de sentir el entorno. Moon Ribas lleva en sus pies un sismógrafo que le permite sentir los movimientos de la tierra a través de vibraciones. El segundo es Manel Muñoz, quien lleva implantado en su cabeza un barómetro para sentir la presión atmosférica, a la vez que puede anticiparse a situaciones climáticas según las variaciones de la presión. Neil Harbisson es el tercero de ellos, y tiene una antena implantada en el cerebro para percibir colores a través de sonidos audibles, debido a que su condición biológica solo le permite ver en escala de grises.

Cíborgs en la literatura

Pensemos que la muerte proviene de la falla de un riñón, el corazón, el hígado, los pulmones u otros órganos. Entonces la sustitución de estas partes orgánicas por piezas inoxidables haría criaturas imperecederas gracias a la ciencia. En otras palabras, a base de cirugías se puede alcanzar la inmortalidad. De esto se trata el cuento «Los inmortales», de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, en el que se explica un método médico que logra la perfección del homo sapiens.

Lo que suponemos de un cíborg es que hay una robotización de la persona como resultado de la mediación biotécnica, entonces se piensa que solo se puede escribir en sentido unilateral: la transición humana hacia la máquina; sin embargo, en el cuento «El hombre bicentenario», Isaac Asimov muestra distintas variantes para escribir sobre el mismo tema: esta vez es un robot el que aspira a ser un humano, por lo que crea una ciencia llamada robobiología, la cual estudia el cuerpo orgánico desde la robótica. Como consecuencia, se somete a una serie de cirugías que pretenden eliminar el rastro automatizado de sus funciones.

¿Qué problemas sociales y políticos representa modificar la condición natural?, ¿el sueño de toda especie es la inmortalidad?, ¿los marcapasos, los dispositivos para el habla, los reguladores emocionales, las extremidades mecánicas, las nuevas tecnologías, nos hace criaturas proteicas?, ¿qué puede ser lo bello y lo terrible en un mundo cíborg?

En la 3.ª Edición de #MicroCiFiMedellín recibimos 115 propuestas que pasaron, en su totalidad, a un proceso de prelectura a cargo del Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín. Esta prelectura se traduce en la evaluación de un número determinado de características y atributos que dan como resultado un puntaje determinado.

Este puntaje nos permite elegir 30 microrelatos seminifinalistas que pasaron, entonces, a ser evaluados por nuestro jurado invitado: Luis Carlos Barragán, escritor e ilustrador colombiano especializado en ciencia ficción.

Así, de estos 30 preseleccionados, resultaron 7 textos ganadores.

El anuncio de estos 7 microrelatos ganadores lo celebramos, en esta ocasión, en el marco de la 16.ª Fiesta del libro y la Cultura; con una charla en la que nos acompañaron Luis Carlos y César Leguizamón (Director académico de Comic Con Colombia).

A continuación, podrás encontrar los microrelatos ganadores, así como la lista de los 30 textos preseleccionados.

Ganadores: divididos en cuatro categorías por el jurado invitado.

  • La forma positiva y negativa de ver lo cíborg:
    1. Pa’ llegar a fin de mes de Laura Victoria Castaño Acevedo
    2. Humanos humanos de Rodrigo Ocampo Uribe
  • ¿Cuál es la diferencia entre lo natural y lo aritificial?
    1. Volver al trabajo de Juan José Avilez Ortiz
    2. Incompleto de Daniel Collazos
  • Seremos parte del capitalismo hasta la instancia más íntima
    1. Nuevo modelo No. 15 de Gustavo Adolfo
  • Terapia psicológica
    1. Dos mentes, un dolor de Mauricio Gutiérrez Castaño
    2. Duelo Company de Luis A. Suescún

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