Poesía, vida y calle

Por admin en Septiembre 12, 2015 , No hay comentarios

Poesía, vida y calle

21335048466_c8403d4bb2_oCallejear educa. La 9ª Fiesta del libro y la cultura abre sus puertas a la vida, la misma que podemos leer como la existencia que pasa y se hace significante en su propio desarrollo.  Es una casa que festeja alrededor de la cultura, alrededor de la conversación. Un proyecto que tiene como centro su gente.

Medellín, una ciudad con verde de todos los colores, enciende las luces durante diez días y recibe como huésped la esperanza sembrada en lo profundo de una tierra, esa que antes estaba bañada en sangre y hoy está construida sobre la fuerza de su cultura.

En Las palabras y los mundos, conversación entre Alma Karla Sandoval, poeta mexicana; Robin Myers, poeta estadounidense; Fernando Herrera y Gustavo Garcés, ambos colombianos, y Hugo Jamioy, poeta indígena de la nación Kamsa, se hizo manifiesta una invitación a “levantar la cabeza” y empezar a construir en el horizonte. De esta manera, lo real y lo imaginario no están muy lejos.

“Bonito debes hablar”,  dijo Jamioy haciendo alusión a la importancia de que no muera la tradición oral indígena, porque es ahí donde la poesía y la oralidad se convierten en transformación que tiene pies y camina por un mundo más visible. Esta tradición es también una forma de entender la poesía como una celebración, una manera de deslizarse entre lo profundo y lo indeciso.

Las palabras y los mundos tal vez nos hizo constructores de una perspectiva diferente. Este tipo de insinuaciones hacen de la Fiesta una danza en el pensamiento y una palabra repleta de significado que mira al norte sin complejidades e intenta  entender cómo transcurre la cotidianidad.

Como ya han dicho, no es que las piedras sean mudas sino que más bien guardan silencio, y entre estos árboles que nos acogen, las piedras no son mudas, las piedras son libres. Según Sandoval, “la existencia tiene algo para decirnos” y por eso, leemos para escribir y escribimos para vivir es el sentido que toma a cada segundo la palabra, que es ajena y que se convierte en propia cuando se oye en otras voces.

Por estos días, la ciudad se sienta encima de la alegría y deja entrever en lo más recóndito un grito de protesta, como alguna vez diría Vargas Llosa acerca de la escritura. Mirar también debe ser una protesta y es ella la que anima los sentidos y una visión diferente de la misma realidad que nos agobia a veces, pero que hoy nos confronta con la sencillez de una alegría que habita en el conocimiento.

Gritar en voz alta lo mucho que somos, como un acto de valentía para entender lo que pasa alrededor, nos hace humanos con la capacidad de existir con el otro. Detrás de la historia de la 9° Fiesta del libro y la cultura de Medellín, suena una canción que se oye extranjera pero que se compone de sonidos que salen de nuestro centro, sonidos que se liberan desde los adentros, a veces como un susurro casi imperceptible que se escucha solo al estar muy cerca del origen. La Fiesta suena como la poesía que materializa Alma Karla al decir que “un texto no es solo de su autor” sino más bien en algo que todos escriben desde la interpretación.

Las palabras son “suelo vivo, piel que respira”. Somos una voz que no calla, una experiencia a pie. Somos la poesía que camina y se desliza en el maravilloso encanto de una realidad entre la vida y la calle.

Por: José Daniel Palacios

adminPoesía, vida y calle

Realiza un comentario