Pensar las librerías en tiempos inciertos

Por admin en Septiembre 13, 2015 , No hay comentarios

Pensar las librerías en tiempos inciertos

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La versión comercial de David y Goliat se puede encontrar en todas las industrias del capitalismo, incluso en la literatura, en la venta de libros y en la gestión cultural y la promoción de la lectura. La Madriguera del Conejo, una pequeña librería independiente en Bogotá que ha cautivado los corazones de lectores capitalinos y nacionales, es un espacio de venta y lectura creado por el bibliófilo David Roa, espacio al que a menudo se compara con la hazaña bíblica.

Sin embargo, Roa no es muy entusiasta a la hora de medirse con las grandes cadenas de venta de libros, y menos si se trata de Amazon. “Las cadenas cumplen una función importante y las librerías pequeñas, en muchos casos, tienen una relación diferente con el oficio”, explica Roa, quien estuvo en la 9ª Fiesta del libro y la cultura, el domingo 13 de septiembre para discutir, precisamente, el futuro de las librerías.

El mercado de los libros, así como la presencia y las estrategias de las librerías ha cambiado. La Madriguera del Conejo nació hace cuatro años, en un momento en que las grandes librerías europeas atravesaban una crisis y en el que una nueva camada de editoriales y librerías independientes resurgían. Parte del encanto de esta nueva camada es el contacto directo y personalizado con los clientes y el objetivo es ofrecer una experiencia a cada visitante. “Mucho más que la eficiencia económica, la inclinación en las librerías pequeñas es humanista, tienen una relación de vocación con el libro y la cultura”, afirma Roa.

La vocación que le da una ventaja y le permite competir a las pequeñas librerías incluye cumplir una función social, “ser un modelo de gestión cultural y mantener interesados a los que ya les gusta leer”, dice Roa, y posiblemente atraer algunos nuevos lectores en el proceso. Por eso, desde su apertura, han hecho más de 600 actividades como charlas con autores, lanzamientos de libros o la hora del cuento. Esto, sumado a lo primordial: tener permanentemente una nutrida oferta de títulos. En la Madriguera se pueden encontrar 20 mil libros en 45 metros cuadrados.

Catalina Holguín, editora y socia de la filial colombiana de Manuvo, y quien acompañó a David Roa en la charla, piensa que hablar del fin del libro impreso ya no es necesario, ni siquiera al hablar del futuro de las librerías. “A pesar del terrorismo apocalíptico que vivimos en ese tema, hoy se evidencia la convivencia del libro en papel con el digital”, dice Holguín. Pero lo que sí cree que debe discutirse es la necesidad de que los libreros “se pongan las pilas porque el mayor riesgo es Amazon en Colombia. Ahora uno puede comprar en ese portal, pero la empresa como tal aún no ha llegado aquí y es una fuerza de la que tenemos que hablar: de su impacto en la venta y distribución”. Recomienda, además, analizar la situación en el mercado estadunidense como una mirada al posible futuro de Colombia. Según Holguín, muchas de las grandes cadenas de libros cerraron allí ante la revolución de Amazon, pero curiosamente resurgieron las pequeñas librerías de barrio.

Para Roa, la situación es mucho más simple. “No tenemos nada qué competir con Amazon porque no se compara. Los verdaderos lectores, aunque tengan Kindle, no dejan de visitar una librería, porque el que sólo lee en una tableta no tiene ni idea de lo que es una librería”.

Al final del día, siempre existirán factores por fuera del control y la gestión de los comerciantes, como lo explica Roa con el precio del euro y del dólar que afectan las importaciones de libros y de materia prima para la producción nacional. O, el factor más importante, el interés natural de las personas por la lectura. “Yo, la verdad, no veo gente leyendo, ni en tabletas ni en papel”, dice con decepción. “Yo viajo mucho y en el avión, que es una muy buena oportunidad para leer, uno rara vez ve personas leyendo… en cambio veo muchas jugando en sus dispositivos”.

Por: María Camila Vásquez Jaramillo

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