Los intersticios de lo real

Por admin en Septiembre 20, 2015 , No hay comentarios

Los intersticios de lo real 

 

Mario Mendoza“Quizá hemos estado aquí antes y algún día regresaremos convertidos en otros (…) No existo sin los otros, no soy nadie sin ti, sin ella, sin vosotros. Estoy dentro de ti y tú estás dentro de mí. Mañana tú estarás escribiendo estas páginas y yo estaré leyendo con la vaga sensación de que estos párrafos me pertenecen.” Mario Mendoza

“Este libro ha sido la despedida de una vieja identidad y la búsqueda de una nueva (…) un cuerpo y una psique saludables son aquellos que son capaces de ir más allá, que sobrepasan toda adversidad. Estas páginas han sido el testimonio de una muerte y el comienzo de un renacimiento. Y espero que como tales, les sean útiles a otros también.” Mario Mendoza

El que lee y escribe sobreviene en la multiplicidad que somos. Se transfigura en los muchos que nos contienen. Es un camaleón constante, por eso las ganas de vivir desde muchos seres y desde muchos espacios. La lectura y la escritura nos salvan del mundo baldío que solo mira de una manera. Nos salvan de la náusea y del aburrimiento.

En la novena Fiesta del libro y la cultura de Medellín, Mario Mendoza, escritor bogotano, lanzó su libro Paranormal Colombia. Al filo de lo real. Este nos muestra esa multiplicidad, nos incita a no quedarnos en una sola visión,  la que de un modo u otro nos han mostrado como única posibilidad y como única vía: “El que lee es muchos, muta, se subdivide, prolifera”. Desde este lado de las palabras, él nos dice y nos invita a habitar algo que a partir de otras perspectivas nos ha traído Rimbaud, Poe, Cortázar: la realidad es maleable, como una esfera llena de agujeros a través de la cual podemos viajar,  cohabitar. Varias puertas y ventanas en apertura constante.

Adentrándonos en la temática de la fiesta “Leer la vida”  pudimos vislumbrar que así como Mario  la lee a través de la multiplicidad, también lo hace desde su escritura ¿Por qué escribe? ¿Por qué lee?, precisamente parte desde la vida y va hacia la vida. Para él escribir es un proceso de resistencia. Es una disciplina que permite pasar del yo al nosotros… piensa que el proceso de transformación interna se halla en la creación y que es en la niñez y en la juventud, aquellos momentos de formación, donde se forja el carácter.

Justamente, por esto último, tiene una labor donde fomenta  la lectura y  la escritura en colegios de la ciudad de Bogotá. Aplicar en lo cotidiano, en lo sencillo aquello que escribimos, aplicar aquello que nos llama a escribir. Movernos en diversos lugares de la vida. Integrarlos. Así es, se lee la vida pero también se escribe la vida en la acción.

Los libros cuando nos atraviesan nos hablan. Construyen puentes para visitar los  mundos que ahonda el que escribe y permiten crear un diálogo entre esos muchos seres que nos permean. Incluso nos desdibujamos tanto que ya no sabemos si somos los que vivimos o los que leemos. Aquí surge la necesidad de escribir.

La lectura nos transforma y nos salva de la amnesia y de la costumbre, la escritura pone a todos mis otros a jugar con las palabras y a expresar lo que vivimos en los intersticios y pliegues de la realidad. Mario Mendoza dice que cuando somos muchos en el ejercicio de la escritura, en el arte, en la filosofía, es posible llegar a la alteridad, a la tolerancia. Una interpretación del Yo es otro de nuestro querido Rimbaud. ¡Claro! A parte de leer y escribir para sintonizar a tantos que tenemos dentro, leemos y escribimos para sintonizar tantas y diversas coordenadas con los otros.

Algo que he notado en el viaje de la lectura y la escritura es que vivimos como escribimos: atravesados por una urgencia, pero no una urgencia concebida como prisa  (la prisa que ahoga la creación porque se pasa de largo) sino como una necesidad. Necesidad de vivir a tope, de sentir, de respirar, de amar. Necesidad constante de expresar debido a nuestra caducidad, a nuestra fugacidad.

La necesidad surge en el momento en que me doy cuenta de que voy a morir y solo tengo el  presente para dar un salto, una sonrisa;  para escribir lo que pasa, lo que duele, lo que acaricia. El presente para danzar, para dar un abrazo, una mirada, ternura, un apretón de manos. Escribir me vincula desde el aquí que comparto con los otros.

Por: Viviana Gálvez Arizabaleta.

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