Los extremos del silencio

Por admin en Septiembre 18, 2016 , No hay comentarios

Por: José Daniel Palacios

Piedad Bonnett y Julio Olaciregui, escritores colombianos, participaron de la estrategia de adopta a un autor de la Fiesta del Libro y la cultura. Esta estrategia hace posible que 84 autores visiten 80 colegios de Medellín, y permiten que los estudiantes se acerquen a los escritores después de un proceso juicioso donde los  conocen la obra del autor y su trayectoria. Esta apuesta de la Fiesta del libro ha dejado muchos buenos momentos en la memoria colectiva de la ciudad, además de un gran aporte a la promoción de la lectura. Aquí, dos de las experiencias.

La mochila de Olaciregui

Julio Olaciregui, un barranquillero de pocas palabras pero de expresiones completas y un acento como el de cualquier costeño, llegó a la Institución Educativa Mariscal Robledo junto a Adriana Rosas, su compañera. El rector del Colegio, con gran impresión al ver al autor acompañado, recordó lo que para él son las etapas del amor, y así comenzó el encuentro. Después de conocer a los profesores y a algunos estudiantes, Olaciregui entró al coliseo del Colegio en medio de un aplauso que parecía no tener fin. El ambiente se acomodó como algo parecido a una fiesta, y entre representaciones, obras de teatro, poemas y un elegante maestro de ceremonias, se fue acomodando una muestra fiel del escritor.

Desde que decidieron ilustrar algunos de los cuentos con materiales reutilizados, hasta mostrarle un poco del baile tradicional de las vueltas antioqueñas, la adopción de Julio Olaciregui parecía un ir y venir entre su obra, los estudiantes y la realidad. El silencio, en este caso, participó solo de las reflexiones de un autor que empezó a escribir en los carnavales de Barranquilla, que se identifica con el hombre caimán –uno de sus cuentos- y que asegura que lo importante siempre es es la ilusión. Al final, un hombre con una sonrisa y su mochila al hombro fue el que salió de la Mariscal Robledo,al parecer, había logrado esa última etapa del amor de la que el rector le habló al principio, esa que después de las etapas de “enamora-miento (donde los dos se mentían), el enamorados (donde se convertían en solo dos), llegaba al enamor-arte (donde se convierten en arte)”.

Las respuestas de Bonnett

Piedad Bonnett, poetisa y escritora antioqueña, fue adoptada por la Institución Educativa José Roberto Vásquez. El encuentro, al principio, parecía encontrarse con un silencio que no existía; todos los estudiantes, desde los corredores hasta el patio, recibían a la persona que había escrito los textos que ellos oían por el parlante del Colegio, y parecía que no habría un segundo para la contemplación. Después del show –como lo nombró la autora- la biblioteca del Colegio recibió a un grupo de estudiantes, de refinadas expresiones y preguntas. Un encuentro más íntimo con la Piedad Bonnett que habían soñado conocer, se empezaba a gestar desde la solución a esas dudas que se tiene cuando se lee, y quién mejor para responderlas que quien las provoca.

La hija del Capitán Bonnett -como conocían a su padre en Amalfi- resolvió cada una de las preguntas de los estudiantes desde la mesa dispuesta para ella, y de pie –porque así están los buenos maestros-, asegurando que, en la medida en que los Colegios como el José Roberto Vázquez empezaran a leer temas como los suyos –que entre otros, contemplan historias del suicidio- algo tenía que suceder. “Si hablamos, conquistamos” y motivó a generar un debate sobre los temas que todavía parecen cerrarle la puerta a muchos jóvenes.

La adopción de Bonnett fue, entre otras cosas, un reto para generar el hábito de la escritura, a vivir dispuestos a conocer leyendo y escribiendo, a no hacer de la escritura una confesión personal, y a relatar historias de lucha y de derrota como la suya. La escritora, entre la emoción de uno de los poemas recitados, que recordaba su partida del pueblo donde nació, y entre lágrimas, parecía pintarse también una sonrisa que se llevaría en su maleta de viaje a Bogotá, no sin antes recordar que la poesía “no es una tarea, es un placer”. El encuentro, después de dos horas de preguntas resueltas, terminó con una duda sobre su mayor felicidad, a la que la escritora respondió que su mayor alegría son sus hijos. Así, con la última pregunta resuelta, tres girasoles y un buen momento, terminó el encuentro de Piedad Bonnett con sus lectores, que no parecía un final, sino el inicio de algo más.

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