La inclusión es todo un cuento

Por admin en Septiembre 16, 2017 , No hay comentarios

La inclusión es todo un cuento

Por: María Fernanda Aristizábal.

Tom Sawyer es un muchachito inquieto, hablador y aventurero. Donde uno menos se lo espera aparece de imprevisto: entre los árboles, en un picnic en el pradito, sobre sillas de madera, antes de una charla, ¡hasta en los baños! En cualquier parte del Jardín Botánico donde alguien le dé vida al Cuentico Amarillo con su voz, allí está Tom.

A las cinco de la tarde de cada día de Fiesta, Tom se las ingenia para que más gente lo conozca y ser muy popular. Gracias a intérpretes como Viviana Marín, Tom puede tomar vida para personas que, al igual de Ánderson, solo pueden acceder a la lectura  a través del lenguaje de señas.

A diferencia del recuadro plano que aparece en televisión con lenguaje de signos, la narración que hace Viviana es llena de gesticulaciones y movimientos teatrales. “En la madrugada Tom entró a la cocina al escondido. Empacó una barra de salchichón, dos tacos de Saltín y una Coca-Cola dos litros”, lee alguien en voz alta por micrófono, los visitantes de Fiesta ríen. Luego ríen niños y jóvenes que se comunican por señas cuando Viviana hace gestos con las manos que hacen imaginar la barra de salchichón.

Siguiendo los pasos de Tom, esta actividad se mantiene en movimiento. Aparece en un lugar distinto cada día. Uno de los integrantes del equipo de Fiesta se encarga de leer al público el Cuentico, mientras alguien lo traduce en señas. Las personas con problemas auditivos son las primeras en sentarse sobre el suelo, en primera fila, para disfrutar de la narración.

“Me parece algo muy impactante que desde hace varios años se trate en la Fiesta del Libro el tema de la inclusión. Por la historia nos hemos sentido denigrados, vulnerados. Solo libros para las personas oyentes. Me parece importante que la sociedad nos pueda ver y reconocer. Ojalá puedan seguir existiendo este tipo de cosas que nos apoyen”, dice Ánderson a través de señas.

Las personas oyentes, al inicio, miran intrigadas lo que sucede. Luego comprenden la dinámica y se acercan entusiasmadas. “Aunque uno no entiende este lenguaje, uno  trata de asociar lo que se están diciendo con lo que se muestra en señas. Es conmovedor ver esa parte de la inclusión. Es muy bonito”, comenta alguien del público con la voz entrecortada y la emoción reflejada en los ojos.

“Ellos, muchas veces, no pueden leer cuentos en español porque no lo manejan, es su segunda lengua. En especial los niños que apenas están aprendiendo su primer idioma: el lenguaje en señas. Interpretar el Cuentico Amarillo en lengua de señas es la oportunidad de transmitirles una historia adaptada a lo local, a nuestro territorio. Como son lugares que ya conocen se ubican, logran imaginarse las cosas y les resulta gracioso”, apunta Viviana, quien, antes de interpretar el Cuentico en público, lo practica con personas con problemas auditivos para verificar que se entiende y ellos le dan consejos de cómo llegarle a al público mucho mejor.

Tom, no quedándose contento, también aparece por ahí en forma de punticos en relieve, para que no solo le conozcan la voz y los gestos, sino que sientan, a través del braille, la textura de sus aventuras. El Cuentico Amarillo en braille existe desde hace cuatro años.

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