Hagamos Fiesta

Por admin en Septiembre 1, 2017 , 7 comentarios

Estamos a muy pocos días del inicio de nuestra 11ª Fiesta del Libro y la Cultura. Por eso hoy queremos invitarte a que conozcas nuestra historia. ¿Sabes cómo nació la Fiesta? ¿Sabes por qué se llama Fiesta del Libro y no Feria del Libro? Aquí las memorias de cómo fue que empezó a gestarse este gran sueño… Nuestra Fiesta, la Fiesta de todos.

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*Este capítulo hace parte del libro 10 años de Fiesta, historias de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. Un libro que puedes descargar aquí.

Que era ‘aburridora’, que iban muy pocas personas, que se cobraba la entrada y que ni a los escritores ni a los libreros ni a los editores ni al público les gustaba. Que era ‘bobada’ hacerla. Eso fue lo que le dijeron a Jorge Melguizo en la primera reunión que, en 2006, como Secretario de Cultura, convocó para hablar del tema.

“En la mesa había libreros, editores y gente de las bibliotecas, y cuando me dijeron eso, yo les respondí: ¡me parece el colmo!, ¿cómo es posible que ustedes, el sector del libro, no quieran hacer más la Feria? Pero inmediatamente les abrí en mi computador una presentación en la que decía: no hagamos la Feria del Libro. Se rieron. Estábamos todos absolutamente de acuerdo, esa Feria no le aportaba más a la ciudad”, dice Melguizo.

El 12 de marzo de 1993 se inauguró en el Palacio de Exposiciones la primera versión de la Feria del Libro de Medellín, pero en 1996, apenas en la cuarta versión, un aguacero con vendaval incluido tumbó el techo del Pabellón Amarillo. Y aunque el incidente no dejó víctimas, pues fue en horas de la noche, ocasionó pérdidas de cerca de mil millones de pesos.

En 2001 y 2003 no se realizó la Feria. Y la Corporación Lectura Viva —integrada por la Cámara Colombiana del Libro, la Biblioteca Pública Piloto, la Universidad de Antioquia, TeleMedellín y el Ateneo Porfirio Barba Jacob— fue la encargada de organizar, con el apoyo de la Alcaldía, las últimas dos versiones, las de 2004 y 2005.

A esa Feria y a quienes la gestaron hay que agradecerles lo que en su momento significó para la ciudad: la visita de grandes autores, la buena oferta editorial y, sobre todo, el haber sentado un precedente para lo que hoy son los eventos del libro.

En 2006 no hubo Feria. Se paró con la intención de diseñar algo nuevo y se convocó a un grupo de por lo menos cuarenta entidades e independientes del sector cultural. La invitación fue a soñar.

“Siento que fue una convocatoria muy democrática, que acertaron en invitar a todos los que estábamos en el barro, a todos los que estábamos empantanándonos con la promoción de la lectura y la cultura. Y cualquier idea por loca que pareciera era bien recibida y alimentada por el grupo, porque teníamos claro que había que ser muy creativos”, dice Luis Bernardo Yepes.

De alguna manera la Feria del Libro de Medellín había pecado por pretender parecerse a la Feria del Libro de Bogotá y a las de Buenos Aires y Guadalajara sin lograrlo. Así que el camino por crear tenía que ser diferente, un camino propio.

“Queríamos diseñar un evento nuevo y aunque nadie sabía muy bien qué tipo de evento, nos concentramos en lo que no gustaba de la Feria y fue facilísimo. No gustaba el sitio, hacer la Feria del Libro en el Palacio de Exposiciones era feo. Yo recuerdo que alguien dijo que ese lugar estaba bien para vender otras cosas, pero que era muy desangelado para vender libros. Tampoco estábamos de acuerdo con que se cobrara la entrada, era un absurdo, es como si te cobraran por entrar a un centro comercial. Invitas a la gente a que compre libros, pero le cobras hasta la entrada. No es lógico. La programación tampoco gustaba, había un parqueadero en la parte de atrás en el que se vendían comidas y había conciertos, y eso era lo máximo que pasaba.

“Además, no era un evento que estuviera en el imaginario de los ciudadanos. La gente en Medellín esperaba la Feria de las Flores, pero no la Feria del Libro. La gente en Medellín esperaba los alumbrados, pero no la Feria del Libro. No era algo que estuviera en los deseos de los habitantes de la ciudad.

“Entonces nos preguntamos: ¿cuál es la tarea de la Alcaldía con un evento del libro? Y la respuesta fue: la tarea de la Alcaldía es promover la lectura. ¿Y cómo se promueve la lectura?, pues hay que emocionar con la lectura, hay que encantar con la lectura, hay que entusiasmar con la lectura, hay que conmover a la gente con la lectura. ¿Y qué evento me emociona y me convoca más? ¿Una feria o una fiesta? ¡Pues una fiesta! Si a uno lo convocan a una feria es para venderle cosas, pero si lo convocan a una fiesta es para que disfrute. Y la tarea de la Alcaldía es que la gente disfrute con estos eventos”, dice Melguizo.

Poco a poco empezó a construirse la idea de lo que podría llegar a ser. Y como el nombre “Feria del Libro de Medellín” ya era marca registrada y el concepto de “Fiesta” era mucho más atractivo y poderoso para un evento de promoción de lectura, que era el centro y corazón de la propuesta, pues así se quedó.

Que no sea una feria, que sea una fiesta. Y que más que un evento comercial sea un evento educativo, formativo y de promoción de lectura. Un evento que emocione. Un evento del libro, pero también un evento de la cultura, porque Medellín no tenía un gran evento cultural. Eso era lo que se decía, a muchas voces, en esas reuniones.

Sobre el mejor lugar para realizar la Fiesta también se habló, hasta que un día Jorge Melguizo los invitó a todos al Jardín Botánico y ahí les lanzó su propuesta. “Bajo las hojas de los árboles se leen mejor las hojas de los libros”, les dijo, “hagamos la Fiesta aquí”. Una frase que aunque por lo romántica hoy le da risita y hasta un poco de pena, movió al grupo.

“Eso era un pantanero terrible, yo creo que hasta con botas nos teníamos que ir, pero cuando Jorge propuso que se hiciera la Fiesta en ese espacio, a la mayoría nos pareció una excelente idea. Nos dio miedo porque el Jardín Botánico apenas estaba en obra y no sabíamos cómo iban a ser las cosas, pero nos entusiasmamos, la mayoría nos entusiasmamos”, recuerda la editora Lucía Donadío.

La propuesta era sacar el libro del recinto cerrado, llevarlo a un lugar abierto para que respirara. Crear un evento mucho más cercano para la gente y, aunque el Jardín Botánico no era lo que es hoy, los puso a soñar.

Un Jardín para una Fiesta

En el siglo XIX había sido la Casa de Baños el Edén, un centro de recreación y restaurante familiar. En 1912 pasó a ser el Bosque Centenario de la Independencia y en 1972 comenzó su historia como Jardín Botánico. Tuvo sus períodos de esplendor y sus períodos de caída, pero en 2005, año en que se inició su recuperación, estaba en la quiebra total.

“Se debían cuatro años de parafiscales a los empleados, tenía varias demandas, no había la capacidad de producir el dinero que valía su operación y no tenía público. El Jardín Botánico era, como digo yo, un peculado moral, es decir, un bien de la comunidad al servicio de muy pocos. Había siete canchas de tenis en un espacio de todos los antioqueños. 48 socios que jugaban al tenis tenían 8 mil metros cuadrados solo para ellos. Llevaban 53 años ahí, tanto tiempo que creían que les pertenecía. El restaurante, los baños, los auditorios, parecían una cantina. Era abandono puro”, dice Pilar Velilla, quien después de haber liderado la renovación integral del Museo de Antioquia asumió la dirección y el reto de revivir el Jardín Botánico.

El primero de marzo de 2005, cuando Pilar y Jennifer Murillo, con quien también había trabajado durante ocho años en el Museo de Antioquia, llegaron al Jardín, se encontraron con 14 hectáreas de indolencia y se dedicaron a fotografiarlas. Querían dejar registro de lo que recibían. Cerros y cerros de hojarasca, cerros y cerros de cosas viejas y hasta una colección de sanitarios en desuso. Mugre y más mugre.

El Jardín estaba tomado por intereses múltiples y complejos, por eso para recuperarlo primero hubo que entrar a dialogar con ellos y luego sí iniciar con la transformación. Se intervino en su totalidad, pues existían estructuras que no habían sido tocadas desde su fundación. Edificaciones muy deterioradas, algunas a punto de caerse, y también poco funcionales, oficinas pequeñas dispersas por todo el Jardín y muy alejadas unas de otras.

Daños en redes eléctricas y problemas de humedad que afectaban todo. También al herbario, uno de los patrimonios florísticos más importantes del país, una colección de muestras botánicas que durante todos esos años estuvo en peligro.

“Nuestro herbario es uno de los más importantes del mundo y teníamos muestras botánicas desde 1912 deteriorándose en cajas. Yo digo que Álvaro Cogollo, el director científico del Jardín, fue quien lo salvó, porque el Jardín Botánico estuvo muchas veces a punto de que construyeran en él y lo convirtieran en otra cosa. Pero Álvaro, especialmente por conservar el herbario, porque sabía y sabe lo que vale desde el punto de vista de investigación científica, se quedó allá ganándose un sueldo de miseria y rechazó ofertas importantísimas en el mundo botánico por defender el Jardín. Para mí el Jardín existe por Álvaro Cogollo”, dice Pilar.

Una de las imágenes que más impactó a la ciudad fue la de la caída de los muros que rodeaban al Jardín. Cuando se tumbaron esos muros y se puso una cerca que permitió ver desde la calle lo que había ahí dentro, fue como si hubieran liberado a un animal verde e inmenso que había estado demasiado tiempo en cautiverio.

Se demolió lo que no daba para más, lo que ya no resistía, se renovó lo que se podía y se construyeron nuevas obras como el Orquideorama y el Edificio Científico. Se logró todo lo que se soñó y eso gracias a la suma de muchas voluntades. La Alcaldía se comprometió con esa recuperación y el Área Metropolitana y otros aliados se sumaron en el camino. Y por supuesto el trabajo tenaz de Pilar, Jennifer y su equipo.

“Para hacer el Orquideorama se le vendió a la Alcaldía el espacio público que hoy rodea el Jardín, que se intervino para hacerlo más agradable para los transeúntes. Recuerdo mucho que no habíamos terminado de quitar los plásticos verdes de la construcción y ese espacio ya era de la comunidad. La gente ya estaba sentada en las bancas y apropiándose del lugar. Bicicletas, triciclos, mamás con niños, algo hermosísimo. En el Jardín se hizo de todo y todo se gestionó con mucho esfuerzo. Hubo mucha voluntad política y muchísimo trabajo. Y siempre elegimos lo mejor, y elegimos lo mejor porque todo era para el pueblo”, dice Pilar.

A principios de 2006, cuando Jorge Melguizo y el grupo de entidades e independientes del sector cultural que se estaban soñando Fiesta, llegaron al Jardín Botánico, todo era pantano. Pero supieron ver más allá del barro y decidieron que ese sería el escenario y hogar de la Fiesta del Libro y la Cultura.

“El Jardín Botánico no era un espacio que estuviera en el imaginario de la gente, pues estuvo un tiempo cerrado y muy deteriorado. Y en ese momento apenas estaba construyéndose el Orquideorama y eso estaba desbaratado. La Zona Norte no era el referente que es hoy en día. Ya estaban la Casa de la Música y el Parque de los Deseos, pero todavía no estaba el Parque Explora. Ese lugar era como un límite de la ciudad, mucha gente no quería ir por allá”, dice Melguizo.

El 25 de agosto de 2006 se inauguró el Orquideorama, el primer espacio del Jardín que se le entregó a la ciudad, un símbolo de ese proceso de renovación y de los espacios públicos de calidad que Medellín estaba empezando a disfrutar. Y en septiembre de 2007, cuando la Fiesta del Libro y la Cultura nació, éste fue su centro, el lugar que la acogió.

“Hay una placa en el Orquideorama que dice: ‘aquí renace la primavera de Medellín’. Una frase que uno podría pensar que es un poquito manida desde lo literario, pero que en el fondo es una manera de expresar que eso que alguna vez hizo que Medellín se sintiera orgullosa de sí misma renacía ahí. Y fue y es muy significativo que la educación y la cultura se reunieran con la transformación urbana en un solo lugar. Yo creo que por eso Fiesta del Libro nace con un alma tan poderosa. Fiesta del Libro es el símbolo de una ciudad que renace de una manera muy especial, alrededor de unos nuevos valores. En Fiesta están todos los elementos del renacimiento de Medellín: mucha gente conviviendo, encuentro ciudadano, educación, cultura y renovación urbana”, dice David Escobar.

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adminHagamos Fiesta

7 Comentarios

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  • Héctor - Septiembre 5, 2017 Responder

    Buenas noches
    Me gustaría saber dónde descargar el siguiente libro, ya que no veo el link.
    Gracias
    “*Este capítulo hace parte del libro 10 años de Fiesta, historias de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. Un libro que puedes descargar aquí.”

    admin - Septiembre 5, 2017 Responder

    Buenas noches Héctor. Claro que sí. En el siguiente link puedes encontrar el libro completo de los 10 años de la Fiesta del Libro y la Cultura. También para su descarga. Esperamos que los disfrutes. Feliz noche. http://www.fiestadellibroylacultura.com/10-anos-de-fiesta/

  • Laura Mejía - Septiembre 5, 2017 Responder

    Buenos días, podrían decirme qué día y a qué hora estará Gioconda Belli en la feria?

    admin - Septiembre 5, 2017 Responder

    Buenos días Laura. Gioconda Belli estará conversando con Piedad Bonnett a las 5:00 p.m., en el Auditorio Parque Explora el día domingo 10 de septiembre. El nombre de esta conversación es: Cómo rimar la poesía con la prosa. El sentir de dos escritoras que van del verso a la narración. Conoce toda la programación de Charlas de la Tarde aquí: http://www.fiestadellibroylacultura.com/charlas-de-la-tarde-3/ ¡Te esperamos! Feliz día.

  • Jose - Septiembre 5, 2017 Responder

    Que bonita historia, el renacer de la primavera en Medellín.
    Gracias a quienes se la jugaron y le apostaron a este maravilloso espacio.

    10 de septiembre te espero con ansias.

  • Rosa Facio Astocondor - Septiembre 5, 2017 Responder

    Tremendo esfuerzo y emotividad al leer los procesos de formación, gestación del espacio para la Fiesta del Libro. Saludos y admiración a quienes gestaron esta iniciativa. ¡Qué sigan los éxitos!!!

  • Fiesta del Libro y la Cultura | Friends of Medellín - Septiembre 7, 2017 Responder

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