El sonido de las historias

Por admin en Septiembre 16, 2017 , No hay comentarios

El sonido de las historias

Por: Lina Castañeda.

Cinco minutos antes de las 11:00 de la mañana, la carpa de la Corporación La Rueda Flotante está sumida en el silencio laborioso de sus seis talleristas, que acomodan las sillas en medialuna y quitan los cojines de colores que están desperdigados por el piso.

Dairon Restrepo, coordinador de las actividades de la Corporación en Jardín Lectura Viva, se organiza la camisa, se para derecho y espera a que entren las personas interesadas en escucharlos, en aprender a usar sus otros sentidos para percibir las historias.

“Nuestros talleres siempre abordan el tema de la discapacidad y cómo hacer más accesible la lectura. Nosotros le apostamos al teatro para acercarnos a las personas invidentes y sordas. Hoy esperamos que lleguen muchas personas con esas condiciones porque es el día de la Jornada Accesible”, comenta Dairon, mientras ve entrar a un joven alto, delgado, con gafas oscuras y guiado por una mujer.

“Hola, bienvenidos, ¿cómo se llama el muchacho?”, pregunta Dairon. La mujer responde en voz baja: “Hola, él es Kevin Parra y es sordociego. Yo soy Ivonne Gómez, su intérprete”. Los talleristas sonríen y Dairon, ayudándolos a acercarse a una silla, les dice: “qué rico contar con la participación de Kevin, esperamos aprender mucho de ustedes”.

Un minuto después, Andrés Franco, Yesenia Montoya y Jhon Cano, estudiantes de Educación Física, entran con los brazos cruzados y observándolo todo con los ojos muy abiertos. “¿Sí es aquí?”, pregunta Yesenia. “Claro, mire que ya va a empezar”, le responde Andrés.

Mateo, el intérprete en lengua de señas de la Corporación, les dice que les narrará un cuento sin palabras, solo a través de sus manos que se moverán ágiles por el aire y a través de los gestos de su rostro, porque en el lenguaje de señas hay que poner en juego la corporalidad.

Los tres estudiantes observan alelados los movimientos de Mateo, “¿será el cuento de alguien enamorado?”, pregunta uno. “No, más bien es el cuento de un villano”, responde el otro. A su lado, Ivonne replica los gestos de Mateo en las manos de Kevin y este asiente, sumido en la curiosidad de su silencio.

“¿Qué entendieron?”, pregunta Dairon. E historias de villanos, de mujeres enamoradas, de un ladrón que descubre el amor entre arbustos surgen de la voz de los tres jóvenes, y de las otras personas que se han ido sumando con el correr de los minutos. “Ahora les vamos a vendar los ojos y les vamos a leer un capítulo de las Aventuras de Tom Sawyer”.

Todos se disponen, y se cubren los ojos con una venda negra. Antonio y Camilo, dos de los talleristas, emulan los sonidos del cuento leído en voz alta: suenan pájaros, un riachuelo corriendo a través de las piedras, Tom Sawyer corre, hay carcajadas de brujas, regaños de la tía Polly.

Las manos de Kevin e Ivonne siguen danzando. Sobre las palmas de Kevin, entre sus dedos, sobre su piel, Ivonne va trazando un camino de letras, le habla del sonido de las aves, le toma las manos y las mueve de arriba para abajo para que sienta el correr de Tom, para que sienta sus travesuras.

El taller termina y todos, quitándose la venda con los ojos entrecerrados dan sus impresiones: “me sentí muy bien, es una experiencia que pienso acoger como educador. Estos talleres nos dan herramientas para trabajar con futuros estudiantes en situación de discapacidad”, comenta Andrés Franco, sonriente.

Yesenia Montoya, dice que se conectó con el lenguaje de las señas y añade, con la voz temblorosa: “Esto me hace pensar en que debo aprovechar las capacidades que tengo, aprovechar que puedo ver y comunicarme para trasmitirle las historias a quienes no pueden”.

E Ivonne, silenciosa hasta ahora, alza una de sus manos y dice: “Kevin está feliz, acaba de recibir mucha información y eso le ayuda bastante.  Para mí es muy importante saber que él es bien recibido, que hay actividades que lo involucran directamente y que uno no siente que está en un rincón con él, como contándole un chisme”.

Dairon se despide y les da las gracias por participar. Todos se ponen de pie y siguen caminando por el Jardín Botánico. Así es Jornada Accesible, un espacio donde caben todos en torno al poder de las historias que se vuelven sonido, puntitos de Braille en una hoja de papel y movimiento en las manos de algún intérprete.

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